Revista Dominical

João de Deus, de curandero de ricos y famosos a acusado de más de 400 violaciones

La increíble historia del “sanador emocional” brasileño, quien llegó a deslumbrar a famosos como Oprah Winfrey, Xuxa, Bill Clinton y Alberto Fujimori. Su “reinado” de 50 años terminó en la cárcel, tras ser acusado de cometer cientos de abusos sexuales. Hoy tiene 80 años

Por más advertencias de “imágenes sensibles” que realice Netflix, es abrumador -por decir lo menos- asimilar muchas de las escenas de la serie documental João de Deus: de curandero a criminal, que desarrolla la historia del “sanador espiritual” más famoso de Brasil y uno de los más seguidos en el mundo, quien tras casi 50 años de haberse autoerigido como mensajero de Dios fue condenado a cárcel por abuso sexual y violación.

El laureado documental, estrenado hace dos semanas, se apuntala en una fenomenal investigación de O’Globo, el diario más respetado de Brasil y uno de los más reconocidos en el mundo.

Se trata de cuatro capítulos de una hora de duración que sumen al espectador en el estupor, no por nada son las advertencias de “véalo bajo su propia responsabilidad”.

Por ejemplo, una vez que se presenta al protagonista, el otrora poderoso curandero João de Deus -hoy tras las rejas y acechado por la vejez y las enfermedades-, se empiezan a descorrer los hechos y hay momentos totalmente surrealistas.

Como cuando el gurú, quien acaso terminó la primaria y muchos aseguran que no sabe leer ni escribir, recorre el salón repleto de seguidores, la mayoría millonarios venidos de Europa y Estados Unidos, quienes vestidos de blanco, como lo dictaba el protocolo de las sesiones de sanación, cierran los ojos por orden de João, quienes les espeta que no los abran, a lo que la audiencia obedece con pasividad de corderos.

Entre tanto, el líder espiritual recorre el salón y aprovecha para realizar tocamientos a mujeres jóvenes y hasta a niñas que están acompañando a sus papás en aquella especie de “limpia espiritual”.

Pero bueno, acá no se trata de narrar el documental (misión imposible y además sin sentido, pues a veces las imágenes valen más que una andanada de palabras) pero sí de tratar de explicar quién es João de Deus, considerado el curandero más seguido de Brasil y de buena parte de extranjeros de todo el mundo, casi todos adinerados, quien demoró casi 50 años cometiendo delitos sexuales que fueron revelados hasta el 2018, justo por parte de prestigiosos periodistas de O’Globo.

Por estos días, medios de todo el planeta han puesto su mirada en la historia, puesta en la palestra gracias al estreno del documental de Netflix, aunque ya desde la caída del gurú, en el 2018, se habían empezado a liberar los trozos de esta historia que no solo es difícil de digerir, sino también de creer.

Máxime cuando, por estos días, más y más acusaciones se ciernen sobre João de Deus, las cuales lo vinculan con la mafia, robos, secuestros y hasta asesinatos. Muchos de estos casos ya están en manos de la justicia brasileña, pero los que no dejan de acumularse son los de violencia sexual, que a estas alturas ya va por las 400 denuncias, de las cuales apenas han sido juzgadas acaso una docena que, por ahora, le confirieron al hoy anciano de 80 años, 28 años de cárcel... y contando.

Tiempos de celebridad

“Por un lado tenemos curas milagrosas, operaciones espirituales y la amistad y admiración de celebridades y mandatarios de la talla de Bill Clinton, Oprah Winfrey, Lula da Silva o Xuxa. Por el otro, cientos de acusaciones de abuso sexual, una organización mafiosa, un pasado de homicidios.

“Esa es (parte de) la historia de João de Deus, un médium, curandero y sanador espiritual brasileño que pasó del cielo al infierno tras haber cautivado durante cinco décadas a miles de personas por todo el mundo con su fama de persona milagrosa, mientras abusaba de mujeres y niñas allá dónde iba”, explica el diario El País de España, en una detallada recopilación.

Las primeras denuncias se hicieron públicas el 7 de diciembre de 2018, en el talk show Conversa con Bial, conducido por el periodista Pedro Bial, uno de los reporteros y presentadores de más credibilidad en Brasil, que presentó los relatos de cinco víctimas.

Es decir, no fue sino hasta casi medio siglo después, que se destapó el infierno.

Una semana después del reportaje de Bial, más de 300 mujeres habían acusado formalmente a João de Deus, quien a pesar de tratar de desaparecer, pronto quedó en manos de la justicia y enfrentó sus primeros juicios.

La serie presenta, además, otras facetas de la actividad criminal de João de Deus, como su presunta relación con el narcotráfico y casos de homicidio en su pasado, así como estafas, robos, amenazas, retenciones de su personal y de algunos de los fieles, secuestros...

Pero son sus aberraciones sexuales lo más contundente de toda la investigación, mostradas en la reunión inédita de las primeras mujeres que revelaron los abusos en la televisión. De diferentes partes de Brasil -y también de Holanda, como la coreógrafa Zahira Mous-, las víctimas confraternizan y cuentan detalles de la violencia que sufrieron y que algunas guardaron por más de 20 años.

Em nome de Deus (En nombre de Dios) es la historia de las mujeres y del coraje que tienen para reaccionar. Es un reportaje especial sobre la voz de las mujeres”, afirma Pedro Bial al El País.

El periodista cree que las denuncias en contra de un hombre tan poderoso e influyente en Brasil no hubieran sido posibles sin algo como el Movimiento #MeToo. “Desde el coraje de las mujeres para denunciar, hasta la conciencia social, en un sentido más amplio, que influye en la decisión de un delegado, un juez, un fiscal”, dice. Ejemplo de ello es el hecho de que por lo menos dos mujeres ya habían denunciado al médium por acoso sexual: una en los Estados Unidos -donde João de Deus daba charlas y pasaba consultas espirituales-, y otra en Abadiânia (Brasil), donde estaba el centro religioso creado por él. Las investigaciones no prosperaron.

Hoy, expertos afirman que sin el movimiento mundial #MeToo, cientos de abusos y violaciones cometidas por el “gurú del mal”, como se le llama ahora, habrían quedado en el silencio y en la impunidad.

En el caso de la joven brasileña, que hizo la denuncia en 2014, la fiscal consideró que hubo un “acto inmoral”, pero que eso no era suficiente para incriminarlo. “Todo lo que nos llegaba y que investigábamos tenía, de hecho, algún tipo de queja formalizada ante la Justicia. Pero João de Deus tenía un sólido sistema de protección y de influencias que lo blindaban cuando esos casos llegaban al territorio judicial”, cuenta Pedro Bial.

El periodista añade, siempre en entrevista con El País que, tras el estreno de la serie en Brasil se han decantado decenas de denuncias en contra del médium. “También es verdad que, tratándose de un tipo tan excéntrico y místico, nos llegaron relatos de cosas sobrenaturales, hasta historias de tráfico de bebés, cosas que se iban un poco de las manos y en las que no encontramos un trasfondo de verdad”, agrega.

Tal como lo muestra el documental, basado en videos e imágenes que reconstruyen la historia, João de Deus convirtió Abadiânia, una ciudad con poco más de 17.000 habitantes, ubicada en el céntrico Estado de Goiás, en la sede de su imperio espiritual y financiero.

En aquel trozo de Brasil, que tiene mucho de cualquiera de las miles de ciudades olvidadas en el interior del país, construyó la Casa Dom Inácio (Don Ignacio) de Loyola, donde atendía a miles de personas por día para realizar cirugías espirituales -muchas veces con cortes sin anestesia- y presumía de restituir el habla al que no podía hablar y los movimientos al que no podía caminar.

De hecho, a lo largo del documental se muestran casos de “milagros” que parecen no tener explicación. Como el de la joven que llevó a su padre, ya desahuciado por la medicina tradicional, al que se le diagnosticó un tumor cerebral inoperable e incurable.

Llegado el momento, el sanador con movimientos rápidos y casi con ligereza, sienta al paciente y le introduce en un orificio nasal una especie de tenazas. Las mueve con fuerza mientras espeta unas palabras y pocos minutos después, las retira y le dice al paciente a secas: “Ya no tienes cáncer”. La hija, en el mismo documental, narraría que de regreso al hospital, en su ciudad, los médicos le habían asegurado que no entendían lo ocurrido, que había ocurrido un milagro y que ya su padre estaba sano.

Así se muestran varios casos, pero las hijas de varios de los pacientes sanados también cuentan, más adelante, cómo a raíz del vínculo con el curandero sus padres siguieron yendo a Casa Ignacio y ahí empezaron a darse los abusos sexuales contra ellas.

Los decires de la supuesta energía que transmitía el médium le dieron la vuelta al mundo.

Oprah Winfrey, la sensación de la televisión estadounidense fue una de las celebridades que se rindió ante João en el 2012, cuando visitó la Casa con el fin de entrevistar al sanador. “Empezaron a brotarme lágrimas de gratitud. Tuve una increíble sensación de paz”, comentó en esa ocasión.

Obviamente ni ella ni los políticos y artistas famosos que se hicieron amigos del médium desconfiaban que era precisamente en una habitación de ese centro espiritual donde João de Deus cometía gran parte de sus abusos, siguiendo, de acuerdo con el relato de sus víctimas, todo un modus operandi.

A las mujeres se les pedía buscarlo para una cura espiritual en su despacho, dónde él las encerraba, las ponía de espaldas hacía él o las sentaba en una silla con los ojos cerrados y practicaba los abusos.

Pero estaba dicho que la matonería, estafas y abusos de todo tipo por parte de João habían entrado en una cuenta regresiva. Todo empezó cuando el propio Pedro Bial solicitó una entrevista con el médium, quien aceptó concedérsela con una condición: el periodista debería visitar su centro en Abadiânia.

Es muy interesante cómo la reflexión del sagaz periodista lo cambiaría todo. Durante la preparación para el encuentro, Bial cambió de idea. “Vi un documental en el que él decía que no pedía nada a quien fuese a Abadiânia, nada más que fe. Y la verdad es que yo, a nivel personal, no trabajo con esa moneda”, cuenta el periodista. A nivel profesional, le parecía que su simple presencia como invitado, “en la infame categoría de celebridad”, representaría un respaldo a lo que fuera que sucediera allí.

“No sería lo mismo que ir como reportero, cuando podría hablar con la gente sin recelos y buscar relatos disonantes del oficial”, explica. Así que la entrevista nunca ocurrió. Y las denuncias empezaron a llegar a la reportera (y guionista de En nombre de Dios (Em nome de Deus) Camila Appel, parte del equipo de Bial que produjo este especial periodístico en el 2018. Ese que, por fin, descorrería la increíble verdad tras décadas de engaños.

Tal como se observa en la miniserie de Netflix, cuánto más investigaban más se percataban de que habían contado solo una parte de una historia muy larga, que avanza por diferentes regiones de Brasil, Holanda, Australia y Estados Unidos. Así surgió la idea de convertir la investigación periodística en una serie documental, con el éxito de lograr construir buenos arcos cortos -que se resuelven dentro de cada episodio- y un arco largo, que recorre toda la serie.

“Ese formato da nuevas posibilidades para el oficio periodístico. Por su intimidad con la cinematografía, el documental permite al espectador no solo informarse, sino también vivir una experiencia. Le permite ponerse en el sitio de otra persona, algo tan en falta en el mundo contemporáneo”, comenta Bial.

De Netflix para el mundo

Tras observar por horas todas las escenas de grandilocuencia total a la que estaba acostumbrado João, ya avanzado el documental es surreal mirar al hoy envejecido y encorvado personaje, sujetado de un grillete electrónico que emite luces de tres colores, ya en prisión.

Aún así, João Teixeira de Faria ostenta las fuerzas necesarias para repetir su inocencia, tal como lo dice el diario peruano El Comercio en una crónica que recuerda la enajenación que sintieron altas figuras de ese país con respecto al médium, para empezar, el expresidente Alberto Fujimori.

El especial también muestra fotografías de visitas de João a Lima, en las que llenaba auditorios gigantes, como se observa en las tomas de cientos de personas haciendo fila desde muchas horas antes, con tal de recibir sanidad física o espiritual del entonces famoso curandero.

“(El documental) trata auge y caída de un personaje que generó devoción en varios continentes. Tal vez la fuerza de ese sentimiento popular es solo comparable con el dolor que causó en sus víctimas, muchas de las cuales tienen la oportunidad de declarar para la citada producción”, afirma el mencionado diario peruano.

“Lo primero que habría que destacar de esta propuesta audiovisual es, sin lugar a dudas, su buena labor de investigación documental y audiovisual. En Curandero y criminal veremos, por ejemplo, el barrio dónde se formó João de niño, y escucharemos también algunos recuerdos y memorias de sus primeras amistades. También los creadores de esta docuserie muestran cómo es que el fenómeno del misticismo ganó peso en gran parte de Brasil.

“La falta de médicos para un territorio sumamente extenso y poblado hizo que los curanderos se popularicen y multipliquen como un virus. Pero como dice una de las primeras entrevistadas en la docuserie, así como había algunos que tenían bien ganada su popularidad, otros eran vistos como simples charlatanes”, analiza, con muy buen tino, El Comercio.

Hay que acotar también las razones por las que el caso pasó prácticamente inadvertido en otros países de Latinoamérica, como Costa Rica, cuando el escándalo implosionó en el 2018: Brasil es prácticamente un continente dentro de otro continente y, empezando por la barrera del idioma, que lo divide del resto de Latinoamérica, algunos de sus temas país pueden sentirse lejanos para el resto de la región.

El punto es que ya en los años emerge en Brasil João de Deus, un médium que ofrecía ser el nexo entre Dios y cualquier persona enferma. En una “casa” a la que poco a poco fueron llegando más personas, este ‘ente del creador’ construyó un verdadero imperio de la sanación.

“El ‘boca a boca’, los intermediarios y una población muy necesitada de ‘milagros’ hizo que João de Deus hiciera de su casa una especie de ‘complejo de la fe’ en el cual controlaba todo al milímetro. A este punto habría que mencionar que la docuserie toca de forma notable el nivel de mercantilismo que caracterizaba al médium brasileño. Aquel que llegaba a su ‘casa’ debía no solo vestir de blanco, sino además comprar la medicina que allí se vendía, o los rosarios, o demás productos que generaban millones de reales de ganancias para el anfitrión”, describe el diario peruano.

Pero ¿quién era João antes de João?

Juan Teixeira de Faria (su nombre real) nació en el pueblo de Cachoeira da Fumaça, en el estado de Goiás, el 24 de junio de 1942, siendo el más joven de seis hijos, según reseña una minibiografía publicada por el portal argentino Infobae.

Según una biografía publicada años atrás en el sitio web del gurú, debido a su pobreza no pudo seguir estudios secundarios y prácticamente lo describe como un analfabeto. En ese momento ya João empezaba a cosechar su legión de seguidores, apenas pasando los 20 años. Sus fans tomaban su origen humilde y hasta el que no supiera leer y escribir, como una muestra de que sus fortalezas espirituales no requerían de destrezas terrenales.

“La primera manifestación mediúmnica de que se recuerda ocurrió cuando tenía nueve años, mientras visitaba a familiares en la ciudad de Nova Ponte con su madre. En un día soleado, João tuvo una premonición de que una gran tempestad se acercaba (…). A pesar de no estar convencida, su madre se refugió con él en la casa de unos amigos. Exactamente como había previsto, la tormenta destruyó cerca de 40 casas de la pequeña ciudad”, narra su perfil.

También cuenta que fue “perseguido y acusado” de práctica ilegal de la medicina. En el período de la dictadura militar fue a Brasilia a trabajar como sastre para el ejército. Allí ejerció trabajos de sanación y ganó la protección de los militares, recopila Infobae.

“Soy solo un hombre. Hace más de 35 años instalé la Casa de Don Ignacio, donde Dios me puso para cumplir mi misión. Yo no curo a nadie. Quien cura es Dios que, en su infinita bondad, permite a los buenos espíritus que me ayuden a proporcionar cura y consuelo a mis hermanos, mientras que soy solo un instrumento en sus divinas manos”, expresaba el propio João en su semblanza en redes sociales, años atrás.

João de Deus atendió en su pueblo de acogida a miles, durante más de 35 años. Llegó a tener más de 40 posadas y decenas de taxis en un permanente ir y venir con pacientes desde el aeropuerto de Brasilia.

Teixeira de Faria, que visitó al expresidente Luiz Inacio Lula da Silva mientras se trataba un cáncer de laringe, era lo que se llamaría “un médium al por mayor”, quien tres veces por semana llegó a recibir a 1.000 enfermos por día llegados de todo el mundo.

A pesar de todo, sobran quienes aseguran haber sido sanados por el médium cuando ya estaban asidos a su sentencia de muerte. “Sin asepsia y sin anestesia, con la misma mano con la que había recibido a cientos, João de Deus abre el ojo de un paciente y con un cuchillo ha comenzado a raspar, como si rascara el suelo, podía oírse el ruido. El paciente ni se ha movido y entonces él le ha dicho: ‘Estás curado, puedes irte’”, describió a la AFP una sesión que acababa de presenciar Reinaldo Daher, un médico ortopedista que ha visitado al médium convencido de su poder. “Tengo que creerlo porque lo he visto”, afirma.

Casi todas las mujeres prefirieron mantenerse en el anonimato, pero una de ellas, la coreógrafa holandesa Zahira Lieneke Mous, aceptó ser identificada y aseguró que el curandero la manipuló para realizar actos sexuales y posteriormente la violó. Se animó a denunciarlo, como tantas otras, tras la investigación de O’Globo.

Desde el otro lado, la docuserie muestra también un pequeño universo formado al interior de la ‘casa’. ¿Cómo era posible que dentro de la oficina del ‘jefe’ ocurran atrocidades y todos aseguren desconocerlo? Aquí podemos dividir los testimonios en dos. El primer grupo conformado por gente que desde su admiración o agradecimiento a João de Deus aseguran simplemente “no haber visto nada”. Aquí se destaca el testimonio de uno de sus choferes, quien desde la honestidad rompe en llanto al ver cómo el ‘imperio’ alrededor suyo se desmoronó. Luego hay una asistente que también dice sentir pena por cómo ha terminado la ‘casa’ (de tres mil personas pasaron a recibir 50 o 100 por día).

En segundo lugar, habría que hablar de aquellas personas que fueron cercanas a la ‘casa’, pero que por distintos motivos abandonaron a su otrora líder. Aquí resalta un estadounidense que supo acompañar al médium varios años, aunque para la docuserie no duda en explicar, una a una, sus sospechas sobre la calidad moral del personaje.

Entretanto, y ya tras las rejas, João no deja de sorprender: “Todos los que predican la palabra de Dios terminan clavados en la cruz. ¿Por qué tenía que ser la excepción yo?”, asegura João de Deus en una sorpresiva aparición correspondiente al final de la docuserie. Ninguna pizca de admisión de los delitos, menos de arrepentimiento ni de disculpas hacia las hasta ese momento 330 mujeres que se atrevieron a denunciarlo.

Medios de comunicación de todo el mundo ensalzan la seriedad bajo la que es tratado un tema como la violencia sexual contra las mujeres en un país como Brasil, y en una región como Latinoamérica, así como la notable capacidad de los directores del reportaje Em nome de Deus (En nombre de Dios).

Entretanto, los fiscales a cargo del caso aseguran que este es uno de los mayores escándalos de abuso sexual jamás registrado en Brasil. Como dijo Lucio Miranda, coordinador del grupo especial investigador: “Estoy seguro de que es uno de los mayores casos de abuso sexual del país, quizás del planeta”.

Yuri Lorena Jiménez

Yuri Lorena Jiménez

Periodista de la Revista Dominical desde 1992. En setiembre del 2010 asumió como editora de Teleguía. Premio a la Mejor Crónica a nivel latinoamericano otorgado en el 2001 por la Sociedad Interamericana de Prensa.