Manuel Herrera.   5 octubre
La simetría es crucial en las calificaciones que otorgan los jueces en los torneos de fisicoculturismo, de ahí que el trabajo físico de estos atletas debe ser minucioso. Fotografía: Rafael Pacheco.

Es imposible que el cuerpo de Gabriela Quirós no llame la atención: ningún centímetro de sus 1.53 metros de estatura es capaz de pasar inadvertido frente a la retina humana.

El impactante físico de esta escazuceña exhibe la entramada y compleja composición muscular del cuerpo humano. Quirós es algo así como un catálogo viviente de músculos desconocidos para la mayoría de los mortales, un impactante físico que ella se ha “construído” –con más esmero– en la última década, aunque su disciplina deportiva la cultivó desde la infancia.

En cada espacio de su cuerpo se refleja el culto que ella le ha rendido a las máquinas de gimnasio, a las rutinas de ejercicio y a una dieta balanceada; prácticas que con el paso del tiempo se convirtieron en un estilo de vida necesario para su plenitud como mujer y atleta.

En febrero del 2018, Gabriela Quirós marcó un hito en la disciplina del Culturismo y Fitness de Costa Rica al quedarse con el primer lugar del Olympia Amateur Sudamérica, prestigioso evento de la Federación Internacional de Fisicoculturismo y Fitness (IFBB, por sus siglas en inglés) que se alojó en la ciudad colombiana de Medellín. El triunfo le valió a Quirós la acreditación profesional en ese deporte.

Con esa victoria, la atleta también se convirtió en la primera mujer costarricense Woman’s Physique Profesional, una categoría deportiva dentro del Culturismo y el Fitness que visualmente implica un tono muscular grande –principalmente en hombros y piernas–, cintura pequeña y mucha feminidad.

Culturismo y fisicoculturismo son sinónimos; empero, entre esos conceptos y el fitness sí hay diferencias que se han estrechado con los años, aunque aún persisten. Los deportistas de la primera disciplina deben procurar una musculatura mucho más pronunciada, mientras que los del fitness buscan un cuerpo más funcional y estético.

El origen del fisicoculturismo está en la antigua Grecia y Roma, donde los atletas entrenaban con peso y resistencia para luchar en los Juegos Olímpicos o en el gran coliseo romano.

La edad de oro de ese deporte se ubica entre 1940 y 1970, años en los que logró gran popularidad en Europa y los Estados Unidos, propiciando nuevas investigaciones en nutrición, suplementos alimenticios y entrenamiento.

Gabriela tiene 18 años de competir en diversos torneos de Culturismo y Fitness locales y foráneos. Ella dice que el ejercicio físico y las dietas son un estilo de vida que ella adoptó. Fotografía: Instagram.

Desde finales de los años 80, la Federación Internacional de Fisicoculturismo (IFBB) está en conversaciones con el Comité Olímpico Internacional (COI) para que el deporte sea considerado olímpico, pero aún su ingreso no se ha autorizado.

“Trabajamos cumpliendo con todos los parámetros del COI, estamos en plena conformidad con la Agencia Mundial Antidoping (WADA, por sus siglas en inglés) y estamos reconocidos por el olimpismo en varias regiones, Asia, Panam Sports, Oceanía, África y vamos por el camino del reconocimiento global del Comité Olímpico Internacional que será un aliciente para poder cumplir con todos nuestros objetivos”, comentó el presidente de la IFBB a inicios de este año.

Pero ¿cómo se esculpe un cuerpo de un atleta del fisicoculturismo? Cuatro deportistas costarricenses –entre acreditados y otros que buscan la distinción internacional– relataron a Revista Dominical el devoto trabajo que hacen desde hace algún tiempo para llevar sus físicos a esos niveles, apetecidos por unos y criticados por otros.

Desde niña

Gabriela Quirós conoció el deporte a los nueve años. Entonces estaba en la escuela y su disciplina despuntaba en competencias de atletismo. Participó en categorías de 100 o 200 metros planos y 100 y 400 metros vallas, entre otras.

Desde que tiene memoria, Gabriela recuerda haber admirado el físico de los atletas que practicaban gimnasia y después de los 18 años quiso redirigir su atención hacia esos deportistas para sí misma.

“Recuerdo que estaba viendo por televisión una competencia olímpica de gimnasia y me empezó a gustar cómo lucía físicamente el cuerpo de una mujer gimnasta, y así comencé a entrenar, a indagar con profesionales y a buscar entrenadores nacionales e internacionales porque quería cada vez más y más. Ahí me involucré en esto y comencé a investigar más”, refiere Gabriela, quien a los 14 años hizo su primera dieta.

Tras alcanzar la mayoría de edad, sus entrenamientos se intensificaron y cerca de siete años después decidió participar en el torneo que marcó la pasión que le provoca hoy hablar de culturismo y fitness.

“El levantamiento de pesas, el cardio y las dietas se convirtieron rápidamente en un estilo de vida”, afirma Quirós luego de hablar de su debut como atleta fitness en el concurso de la revista Ejercicio y Salud.

En los albores de su ahora afición entrenaba dos horas de pesas, hacía dos ejercicios de cardio al día y una hora de gimnasia. Ese ritmo lo llevó por tres años, lapso que competía en las categorías “fitness” de los torneos a los que asistía.

Luego esta entrenadora física avanzó a la categoría de “figura” que requería de una apariencia muscular mucho más pronunciada, lo que implicó que sus entrenamientos variaran y abarcaran los siete días de la semana. “Cuando estaba en temporada entrenada de lunes a domingo; y si estaba libre, hacía entrenamientos seis veces por semana, en promedio dos veces al día”, dice.

En seis semanas, Gabriela disputará en Rumania un torneo de la liga profesional. Será su tercera competencia como profesional. Fotografía: Rafael Pacheco.
“Los fisicoculturistas somos personas muy solas, nosotros tenemos que rehacernos el ambiente porque muchas personas no aguantan el ritmo”, Gabriela Quirós.

De esa manera Quirós fue cincelando el cuerpo que luce en la actualidad y que le permite competir en la exigente categoría del woman’s physique.

Lejos de restarle impacto a sus entrenamientos físicos, Gabriela continúa trabajando con esmero su cuerpo con entrenamientos siete días a la semana en tres sesiones diarias: la primera es de cardio –de 5 a. m. a 6 a. m.–, la segunda es de dos horas y media de pesas –entre las 7 a. m. y las 10 a. m.– y la última es una sesión más de cardio, ya en la noche.

El ejercicio físico lo lleva de la mano con una dieta estricta: come siete veces al día, cada dos horas y media. Su dieta se readecúa según el calendario de los torneos en los que participa y la acompaña de una suplementación especial y no anabólica, entre ellas las vitaminas y el omega.

Tan rigurosa es la alimentación de Gabriela Quirós que nadie más que ella puede cocinarle. “No me gusta que me toquen la comida. Soy superestricta en eso”, recalca antes de señalar que a cualquier lado que vaya –sin excepción– carga en su bolso los recipientes con las comidas que debe hacer en los lapsos correspondientes.

“Al cine voy con los tuppers en la cartera; si me invitan a tomar un café, donde sea, voy con lo mío. Al principio eso me daba vergüenza, pero rápidamente poco me importó porque tengo objetivos por cumplir. Por esa mentalidad he llegado donde estoy”, manifiesta. “En los restaurantes o cafeterías, yo solo pido un tenedor y agua o refresco”.

Quirós habla de ello con naturalidad, el mismo tono que impregna a su siguiente revelación. “Los fisicoculturistas somos personas muy solas, nosotros tenemos que rehacernos el ambiente porque muchas personas no aguantan el ritmo. Es difícil rodearse de personas porque la gente no entiende el estilo de vida que llevamos nosotros”, asegura Quirós, madre de Isabella, una preadolescente de 11 años que ya da algunas señales de querer seguir sus pasos.

Gabriela Quirós también retrata la dificultad que ha significado su disciplina deportiva para realizarse en el plano sentimental. Cuenta que hace seis meses se divorció de quien fue su esposo por siete años, precisamente porque nunca encontró en él un apoyo en ese sentido.

Gabriela Quirós es preparadora física. Gaby Flex es el nombre del negocio de esta vecina de Escazú, de 36 años. Fotografía: Rafael Pacheco.

“La persona que esté conmigo tiene que saber respetar y ninguna de las parejas que he tenido ha sabido entenderme”, señala Quirós, de 36 años. “Ni siquiera mi embarazo de Isabella me hizo detenerme porque entrené hasta el último día y no hice la cuarentena. A los 15 días de nacida mi hija, me fui para el gimnasio a pedirle permiso a los dueños para llevar a mi hija a entrenar conmigo. Me dieron el permiso con la condición de que no le diera de mamar aquí y así seguí. Mi hija Isabella ha estado conmigo en todo este trayecto”, revela.

En cuanto a los estereotipos que envuelven a las mujeres que practican este deporte, Gabriela opina que simplemente son mitos tejidos en una sociedad tradicionalista y poco tolerante.

“Soy una mujer superdulce, el hecho de que tenga el cuerpo así no significa de que soy dura o tosca. Soy musculosa pero superfemenina: uso vestidos, tacones, me encanta maquillarme… Salgo de mi casa maquillada, entaconada”, detalla Quirós, quien no ocultó que los procesos de un fisicoculturista significan inversiones económicas importantes.

Gabriela dice que la gente lo que ve en el escenario es el show; sin embargo, ella destaca el gran trabajo que hay de previo. "Uno sufre en el entrenamiento", dice. Fotografía: Rafael Pacheco.
De la cancha

Katherine Molina comparte algunos tramos de su trayectoria deportiva con Gabriela Quirós. El de haber forjado su disciplina atlética desde muy joven es un punto en común entre ambas.

Molina es de Cartago, tiene 29 años y desde la escuela alimentó su espíritu deportivo integrando equipos de fútbol y fútbol sala hasta la edad universitaria, cuando su carrera en Administración de Empresas y Aduanas le demandó mayor tiempo.

“En la universidad hay más responsabilidades que complican dedicarle tiempo a un equipo, entonces decidí buscar otra alternativa. Empecé a ir al gimnasio hace unos ocho años, en principio para mantener la condición física que había logrado durante mis años en equipos de fútbol y fútbol sala. Pesaba 47 kilos y el cuerpo comenzó a responder bien a las rutinas de gimnasio: empecé a ganar masa muscular y a ver cambios”, resume Molina.

El entrenamiento físico lo llevó de la mano con profesionales en Nutrición quienes fueron, precisamente, los que le sugirieron competir en las lides del fitness debido a la positiva respuesta que se manifestaba en su cuerpo a causa del gimnasio y la dieta.

“Pasaron dos años antes de que decidiera subirme a una tarima a competir y después de eso no me he podido bajar”, declara Molina en referencia a la actividad deportiva que ha gestado en las esferas nacional e internacional y con las que persigue los puntos para lograr obtener la certificación profesional de la IFBB.

“Competí tres años seguidos aquí en Costa Rica, pausé mi participación en competencias por año y medio para mejorar la composición y calidad muscular y luego me reincorporé para competir en el Latin American Amateur Championships y me fue bien porque gané el segundo lugar de mi primer competencia internacional. Recientemente participé en el Míster Olympia, en Las Vegas y quedé en el top 4 de entre 17 competidoras”, sostiene la brumosa.

“Cuando entro al gimnasio saco el espartano que hay en mí, pero cuando salgo, salgo como una señorita”, Katherine Molina.
Katherine Molina mide 1.53 metros, pesa entre 52 y 53 kilos y su porcentaje de grasa oscila entre 5 y 7. Fotografía: Instagram.

Molina aclaró que sus participaciones se dan en la categoría “amateur”, instancia donde compiten los atletas que buscan la acreditación internacional, la que le visa a ellos la posibilidad de participar en los torneos estelares de Culturismo y Fitness de la IFBB.

“Las cosas se han ido dando poco a poco y han salido bien, pero sí es en respuesta al esfuerzo, al hecho de levantarse temprano todos los días y al poder que tiene la mente, aunque sí hay cosas que se salen de control como el tiempo o la economía”, aclara.

Katherine explica que ser deportista de esta disciplina implica inversiones considerables, más comúnmente en temporadas de competencias, en las que debe asignar de su bolsa presupuestos para inscripciones, vuelos internacionales a las sedes de los torneos, la alimentación estricta y cuidados estéticas.

Por ejemplo, las inscripciones a los torneos suelen costar $150, el bronceado especial que exige la competencia también significa $150 más, y el estilismo una cifra similar. A ello hay que sumarle la alimentación diaria, que no discrimina temporada.

Generalmente, Molina realiza entre siete u ocho comidas al día, a partir de las 5 a. m., hora en la que acostumbra tomar el desayuno. Posterior a esa comida, Katherine merienda cada dos horas y media hasta llegar a la cena.

“Es curioso porque en el trabajo siempre me dicen que qué hago almorzando a las 10 a. m. o a las 3 p. m. y en realidad son mis meriendas que todas están compuestas por vegetales, proteínas, aguacate, semillas y carbohidratos que los elijo entre papas, arroz o camote”, dice.

Su dieta la lleva conjunta con una suplementación, de preferencia basada en aminoácidos, creatina y proteína de absorción rápida.

Por supuesto que el proceso lo acompaña de una rigurosa actividad física que inicia a las 3 a. m. con una primera sesión de cardio en ayunas; luego trabaja entre las 7 a. m. y las 4 p. m. (en el área contable de una cadena de supermercados por membresía), y posterior a ello entrena en el gimnasio una sesión de pesas de dos horas –entre 5:30 p. m. a 7:30 p. m.–.

Molina compitió a mediados de setiembre anterior en el Olympia Amateur Las Vegas. Se instaló entre las cuatro mejores de 19 competidoras y sumó puntos para su acreditación profesional. Fotografía: Instagram.

“Dos veces a la semana entreno la espalda, otras dos veces entreno hombros y de dos a tres veces entreno piernas. Por lo general trato de tener un día de descanso para la recuperación”, especifica.

Katherine comparte el criterio de que la disciplina deportiva que practica no tiene porqué impactar su apariencia femenina, por ello es enfática: “cuando entro al gimnasio saco el espartano que hay en mí, pero cuando salgo, salgo como una señorita. Yo soy de esas mujeres que todos los fines de semana se arregla el cabello, las uñas, los pies...”.

Recalca que en su caso, la práctica de este deporte, ha significado sacrificios económicos, sociales y familiares. “En esta etapa se sacrifican muchas cosas, más en temporadas de competencia, que uno sacrifica hasta el tiempo en familia”, asevera.

Evaristo Cortés lleva casi 30 años de entrenar asiduamente para representar a Costa Rica en distintos torneos de fisicoculturismo. Fotografía: Rafael Pacheco.
Coraje de niño

En el bando de los hombres las cosas no distan mucho. Evaristo Cortés es una de las figuras de referencia del país en lo que al culturismo se refiere. Él comenzó a competir en 1992, su primer campeonato nacional lo ganó en 1994 y desde entonces suma más de una veintena de títulos nacionales e internacionales, en cuenta mundiales de fisicoculturismo donde se ha instalado en el top 6 en su categoría: la de 65 kilogramos, y en ocasiones –principalmente en competencias nacionales– en 70 kilogramos.

Cortés no presume de sus logros, pero tampoco los mira de reojo, y a sus 47 años lanza una advertencia: sus mejores épocas están por llegar porque, según él, después de los 50 su metabolismo será más lento y eso le posibilitará verse mejor.

“Creo que mis mejores años van a estar después de los 50”, remata Cortés, oriundo de Cachí de Paraíso de Cartago, de donde se entiende el porqué en la escena del deporte nacional lo llaman “Cachí”.

Evaristo encuentra una relación entre sus logros deportivos de hoy con su infancia, época que lo dotó del carácter y la disciplina tan necesarias para desenvolverse en cualquier deporte, pero con mucha más razón en el fisicoculturismo.

“Provengo de una familia de 17 hermanos con padre alcohólico y con una niñez muy dura y eso ha sido, en parte, lo que me ha hecho salir adelante. A pesar de todo, mi padre siempre nos hizo competitivos en cuanto a quien era el mejor trabajador. El que llevaba más a la casa. Fue una guerra sana entre nosotros por sobresalir y me marcó en cuanto al coraje para el trabajo, la lucha y el cumplimiento de las metas. Mis hermanos y yo aprendimos a ser luchadores y guerreros y a no darnos por vencidos”, resume Cachí.

Las rutinas actuales de gimnasio de Evaristo Cortés están enfocadas en perfeccionar algunos detalles de su musculatura. Fotografía: Rafael Pacheco.

A los seis años él ya cogía café, a los 12 comenzó a trabajar en una empacadora de chayotes y cinco años más tarde se hizo peón. En los albores de los años 90 dejó el campo y ahí “empecé a ver la luz”, comenta en referencia a sus inicios en el deporte.

“La comida siempre será mejor que cualquier suplemento. Soy de los que piensan que hay comer de lo que la tierra produce”, Evaristo Cortés.

En la primera competencia que libró en el 92 quedó de tercer lugar; el resultado para un junior no era nada despreciable y lo impulsó a permanecer ahí.

“También me ayudó la genética. Gracias a Dios el cuerpo me ha respondido bien siempre y me mantengo definido los 365 días del año. Nunca he tenido que usar sustancias prohibidas y tengo 10 pruebas de dopaje limpias”, asegura este legendario entrenador físico.

Cachí explica que actualmente el ejercicio físico que practica lo enfoca en detallar algunos aspectos de su musculatura, que data de hace más de dos décadas, de ahí que entrena durante hora y media de cuatro a cinco veces por semana.

“Yo voy cambiando ideas en mi entrenamiento según detalles de mi cuerpo que quiera trabajar. Siempre trato de buscar la simetría”, aduce.

Recalca que su deporte es un estilo de vida que él adoptó y que no le ha significado mayores sacrificios ni en cuanto al tema de la dieta, ni de las madrugadas, ni de los cansancios extremos.

Evaristo Cortés cuenta con un posgrado en entrenamiento físico. Él se capacita de forma constante con entrenadores de Estados Unidos. Trabaja desde 22 años con la cadena de gimnasios Multispa. Fotografía: Rafael Pacheco.

“Lo más difícil de este deporte es la dieta. Normalmente como cinco veces al día, siguiendo una dieta muy balanceada, pero yo no me privo de nada, me como lo que me quiero comer pero ya uno sabe en qué momento del día lo puede hacer y cuándo es prudente y cuándo no. Nunca he tenido nutricionista, siempre he sido mi propio entrenador y siempre me he preparado yo solo para las competencias”, destaca.

Para él, los suplementos son solo “salvatandas” y aunque no los sataniza, no los prefiere. “Siempre y cuando pueda comer, como; sino tengo tiempo para comer, ahí entra el suplemento como salvatandas, pero la comida siempre será mejor que cualquier suplemento. Soy de los que piensan que hay comer de lo que la tierra produce”, opina.

En este proceso dice que ha tenido momentos de excesiva clientela que urge de sus servicios de entrenador personal, que lo obligan a readecuar sus horas de entrenamiento para lograr salir con lo propio y lo ajeno. “Trabajo de 5 a. m. a 8 p. m. y hay días que me quedo tallado. Pero gracias a Dios tengo mucho trabajo”, señala este esposo y padre de tres hijos de 27, 14 y 11 años (los dos últimos ya empiezan a manifestar su afición deportiva).

Sus años en el culturismo, Cachí los engloba así: “La gente ha recibido muy bien esto porque vengo de abajo para arriba y por los resultados que he alcanzado. Soy una imagen y esa imagen me ha catapultado como entrenador no solo por el físico, sino por la disciplina y el trabajo constante y responsable que me impulsa a competir de cuatro a seis veces por año”.

Carlos Villanueva entrena diariamente en un gimnasio de Orotina, en Alajuela, donde vive desde hace algún tiempo porque sus negocios se mueven por ese sector. Fotografía: Rafael Pacheco.
Modelo corpulento

Otro que viene de menos a más y que comparte los valores de la disciplina y el trabajo constante que implica el mundo del Culturismo y el Fitness es Carlos Villanueva, un puntarenense que siempre tuvo afinidad con el ejercicio físico, luego se incorporó a las competencias y ahora busca la acreditación internacional de la IFBB.

En el espectáculo y la farándula nacional, Villanueva es un viejo conocido. Inició como modelo y precisamente eso lo que dio pie a que hoy esculpa su cuerpo con esmero, aunque en procura de otros objetivos.

De cómo se involucró en ello comenta de que fue desde muy joven cuando jugaba baloncesto y parte de los entrenamiento consistían en hacer pesas para fortalecer los brazos.

Ese primer acercamiento decantó en una pasión: a los 17 años se trasladó a vivir a San José y mientras encontraba trabajo su hermana le pagaba las mensualidades del gimnasio.

De esa manera fue moldeando su cuerpo, sin ninguna intención en el principio más que por salud; pero a los 23 años, otro hermano suyo, Eric, quien ya estaba envuelto en la fiebre del fitness le manifestó una idea que fue la que marcó un antes y un después en lo que Carlos pretendía con el ejercicio.

Villanueva tiene como objetivo a corto plazo acreditarse internacionalmente en el deporte. Su próxima competencia, en la que aspira a lograr ese carné, será en una semana aquí en Costa Rica. Fotografía: Rafael Pacheco.
“Hay gente que dice que uno se ve bien, que físicamente luce espectacular, pero hay gente que está haciendo lo mismo que uno o incluso mejor; entonces uno no puede subestimar a nadie, mucho menos a un contrincante”, Carlos Villanueva.

“Mi hermano me dijo que quería participar en un concurso de fitness y le dije que contaba con mi apoyo. Era un concurso de la revista Ejercicio y Salud (ES), yo lo acompañé al casting y mientras lo esperaba, uno de los jurados me dijo que porqué no participaba, que tenía todas las características y me animé, quedé entre los 15 mejores y al final terminé ganando”, refiere Villanueva, de 34 años.

Ese triunfo fue en el 2008 y le permitió competir en el Universe Weekend, en Miami, de la casa Musclemania logrando el quinto puesto en la categoría de sport model.

A pesar del éxito que había tenido en esos dos concursos a los que llegó sin planearlo, decidió dejar de lado el tema de competir, se concentró en sus negocios de bienes raíces, en su formación profesional como entrenador físico y en su trabajo como modelo.

Sin embargo, en el 2016, regresó y participó con éxito en varias competencias nacionales e internacionales que lo pusieron a aspirar por más desde la perspectiva física y profesional, entre ellas la codiciada IFBB Pro Card que, también, le permitirá librar competencias internacionales con atletas de alto nivel.

“Lo más complicado de este proceso es mantenerse enfocado porque la gente a veces ve un físico y cree que uno es de piedra, pero también en medio de todo esto hay lapsos de tristeza, de agobio, pero uno se autogrita y se automotiva. Yo empecé como modelo pero de ser eso a un modelo men physique es bastante duro porque los parámetros musculares tienen que ser más mayores. Para mis competiciones en esa categoría yo he tenido que subir hasta 20 kilos de masa muscular para quedar en unos 93 kilos totalmente tonificado y gracias a Dios por mi estatura (mide 1.83 metros) no veo tan mal para también desarrollarme como modelo comercial”, declara Villanueva.

Villanueva dice que en las temporadas de competencia, este deporte implica muchos sacrificios, como ponerle freno a la vida social, familiar y sentimental. Él está próximo a competir en un torneo foráneo que se alojará en Costa Rica y donde aspira a lograr su acreditación profesional. Fotografía: Rafael Pacheco.

Ese cambio físico le significa un trabajo diario en el gimnasio y un compromiso en la dieta. Él cuenta que en temporadas de competencia entrena de lunes a sábado en dos sesiones: una de cardio que usualmente la inicia entre las 4:30 a. m. y 5 a. m. y una rutina en máquinas donde hace un trabajo muscular integral o para afinar o hallar la simetría.

“Lo más importante de esto es que el ser competitivo lleva varios puntos: la parte de la nutrición, la suplementación y el trabajo en gimnasio. Mi dieta, por lo general, es de 10 huevos sin yema en el desayuno con cuatro tortillas de maíz, si se me antoja un café y sino un té de manzanilla con miel. Luego me tomo tres pastillas: una que es la omega y dos que son las vitaminas C y D”, precisa.

Antes de entrenar, Carlos consume una taza de avena con dos scoops de proteína, 30 minutos después del entreno él come 60 gramos de cereal con otros dos scoops de proteína y para el almuerzo come carne molida con 160 gramos de arroz y verduras y repite dos comidas más con pollo o carne hasta la cena.

“Un cuerpo físicamente saludable para mí no tiene que tener cuadritos, sino es de una persona que va todos los días al gimnasio, come saludable y físicamente su piel, su cara, y sus ojos se ven bien y transmiten vida. Esta experiencia sí ha sido un poco dura en el sentido de que puede haber mucha envidia, pero hay que ponerle oídos sordos a las críticas porque este deporte es de objetivos”, especifica Villanueva.

El cuarteto de atletas se avocó a revelar el compromiso que hay de por medio antes de subirse a un escenario nacional o internacional, y medir sus corpulentas anatomías frente a de otros atletas con la misma dedicación que ellos han procurado para una disciplina deportiva que, la mayoría, ven solapadamente.

De nada sirve el entrenamiento físico si la alimentación no es balanceada y saludable, comenta Villanueva. Fotografía: Rafael Pacheco.