Revista Dominical

Escúchelos, y cambiará sus vidas

Tan sencillo, tan obvio, tan evidente

Pero no es lo mismo que lo diga yo, o que lo diga usted, a que lo diga Benjamin Paul Ballance-Drew, mejor conocido como Plan B, artista británico de hip hop cuyo último disco (The Defamation of Strickland Banks, 2010) debutó en el #1 de las listas de popularidad en Inglaterra tras experimentar con el soul y el R & B.

Aquel cambio de sonido fue visto por muchos como la típica movida del músico “vendido”. Vaya que lo fue: un sonido con mayor atractivo comercial le ayudó a saltar de 60.000 copias a más de un millón. Entonces, Inglaterra escuchaba. Un chico de 26 años los tenía donde los quería y regresaría por ellos.

Fastforward, febrero del 2012. El diario británico The Guardian habla de la “primera gran canción de protesta en años”: Plan B presenta en sociedad el tema Ill Manors y todo el país presta atención. El video, joya visual dirigida por Yann Demange, termina de redondear la faena. Ahora lo cuentan las radios, lo cuenta la TV, el YouTube, el iTunes, el Facebook...

De vuelta al hip hop mordaz y punzante, Ben Drew dispara línea tras línea apuntando a la yugular del sistema todas las veces, abordando el tema de los disturbios de Inglaterra del 2011 desde una perspectiva integral: causas, consecuencias, reacciones... No se trata de “justificar”, sino de “entender”. ¡Es la única forma de evitar que se repita!

Pero Ben no solo quiere hacer un “berrinche” para pegar una canción (fórmula que empieza a agotársele a Calle 13). Ill Manors es parte de una película del mismo nombre que el artista presentará este año con lo que será su tercer disco. ¿La idea? Revalorar la forma en que se percibe a la “juventud problemática”.

La idea de Plan B es recordarnos dos lecciones fundamentales que pareciera hemos olvidado. Primero, si nos limitamos a inventar palabras para referirnos de forma despectiva a la “juventud perdida” (léase chata) no haremos más que reforzar aquella condición. Nos convertimos en parte del problema: reforzamos en sus cabezas que no queremos que sean parte de la sociedad. Su reacción, por supuesto, no será la mejor. ¿Qué otra cosa podríamos esperar?

Segundo, si tan solo nos permitimos escuchar (padres y profesores especialmente) a los chicos, podremos hacer toda la diferencia del mundo en su destino. Dice el rapero: “Todos conocen a alguien menos afortunado a quien podrían ayudar. No hablo de dinero, sino de conocimiento... Siembre la semilla, averigue en qué es buena esta persona, qué le gusta, qué le importa, qué le apasiona y trate de ayudarle a proyectarlo' cambiará su vida para siempre”.

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