La elección de Francisco al frente de la Iglesia católica despierta esperanzas de cambio y renovación, y él ha hecho de estos un norte en su gestión.

Por: Víctor Hugo Murillo S. 22 diciembre, 2013

La primavera europea trajo nuevos aires a la Iglesia católica: un hecho inédito, la elección de un Papa latinoamericano, sucedió a otro sin parangón en casi 700 años, la renuncia de un Sumo Pontífice –Benedicto XVI–.

El papa Francisco departe con la gente en la plaza de San Pedro, el 17 de abril. | FOTO: AP /ALESSANDRA TARANTINO
El papa Francisco departe con la gente en la plaza de San Pedro, el 17 de abril. | FOTO: AP /ALESSANDRA TARANTINO

Se hizo llamar Francisco, inspirado en la figura del santo de Asís y de los pobres, y ha hecho de la opción de la Iglesia por estos uno de sus principales objetivos.

Carisma y sencillez caracterizan a quien dejó de ser el cardenal Jorge Mario Bergoglio –arzobispo de Buenos Aires, Argentina– para ocupar el sillón, y tal calidez ha despertado esperanzas de cambio en la milenaria institución con sede en el Vaticano.

Así como, con franqueza, ha descartado cualquier cambio de la Iglesia en asuntos como el rechazo al aborto, el Papa salido de las filas de los jesuitas plantea la necesidad de refrescar el catolicismo y por ello aboga por una Iglesia más cercana a la feligresía, misionera, alegre, abierta a los laicos y los jóvenes.

Hora de cambios

Francisco apunta a la necesidad de una renovación de la Iglesia, que pasa por cambios en el gobierno central (curia romana), desacreditada por escándalos de corrupción y por lo cual nombró una comisión de ocho cardenales que deberá entregarle recomendaciones.

Además está en la mira el Instituto para las Obras de Religión (IOR, banco del Vaticano), cuestionado también por corrupción, lavado de dinero y otros manejos irregulares que han movido al Pontífice a impulsar cambios administrativos y ajustarlo a las normas europeas que regulan las transacciones financieras.

Carisma y sencillez caracterizan a quien dejó de ser el cardenal Jorge Mario Bergoglio

Los vientos de reforma, puntualizó Francisco en su primera exhortación apostólica – Evangelii gaudium (La alegría del evangelio) – , no admiten excepciones y ni siquiera el papado debe librarse pues este tiene que ser lo “más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización”.

En esta línea, su mensaje ha sido recurrente en preconizar “una saludable descentralización” eclesiástica.

Iglesia misionera

En sus nueve meses de pontificado, Bergoglio ha apuntado también a otro aspecto que considera urgente: el impulso a la misión evangelizadora, tarea que ha encomendado tanto a los laicos como los clérigos. “Vayan y hagan discípulos a todas las naciones”, les dijo a los jóvenes con motivo de su visita a Brasil, en julio, la primera tras su elección.

En esa misma ocasión, se dirigió a la jerarquía y demandó a los obipos no ser “mandones” ni comportarse como “príncipes”.

Frente a realidades como el divorcio, los gais y quienes se han alejado de los templos, el Papa aboga por la misericordia, el diálogo, el respeto y la inclusión, en vez de la censura.

Una Iglesia que cure heridas y se acerque a las ovejas demanda un mensaje llano y directo, ha enfatizado Bergoglio; que esté “al servicio de las personas”, pero sin injerencia espiritual en la vida de las personas”.