Carlos Soto Campos.   27 julio
Francisco Delgado Rojas, conocido como "Chico", mantuvo la tienda de música Discos Nápoli, por 42 años. El incierto futuro lo llevó a cerrar su local en mayo pasado. Foto: Jeffrey Zamora

Hay lugares que recorremos sin saber cuándo será la última vez que los veremos de determinada manera, del modo que se dibujan en nuestros recuerdos. Pasa con la casa de la infancia y también con las tiendas del vecindario: un día llegamos y todo se ve más pequeño, todo huele diferente y quien atiende se ve más viejo. Es el ciclo de las cosas.

Algo así ocurrió el 31 de mayo pasado con Discos Nápoli, una legendaria tienda de música en el centro de San José. La boutique de la música –como se autodenominaron con mucho tino–, cerró las puertas de su local que por más de 42 años estuvo a 50 metros del Mercado Borbón.

La noticia conmocionó a los fanáticos de la música que por años pudieron contar con Nápoli para encontrar lo que fuera que necesitaran. Y esto hay que subrayarlo: lo que fuera.

“Me encantaba no tener que decirle que no a la gente, que preguntaran por cualquier canción y uno pudiera tenerla en acetato, disco compacto, casete, pero que la tuviera”, explicó Francisco “Chico” Delgado, el dueño de la tienda. “Esa fue la sencilla razón por la que duró tanto la tienda”.

A Chico lo entrevistamos en su casa, en La Garita de Alajuela, en un día muy soleado y muy húmedo, semanas después de que la tienda cerrara. En los cuartos y bodegas de la vivienda, yacen cientos de discos que hasta hace poco estaban exhibidos en el otrora frecuentado local josefino.

En casa de Chico aún quedan cientos de discos que esperan encontrar dueño. Él empezó a coleccionar hace medio siglo. Foto: Jeffrey Zamora

En Nápoli se podía encontrar los éxitos de Los Alegrísimos o de Pink Floyd. Los boleros de Javier Solís o los temas más populares de Tapón. Se podía encontrar discos de vinilo con la cara de Gene Simmons de KISS o una colección con lo mejor de Lucero, una de las cantantes favoritas de Chico. A él solo había que pedirle y él lo tenía.

Explicar la cantidad de discos que hay en las distintas habitaciones de la casa de Chico –de 62 años– es imposible. Hay cajas, muebles, estantes y más muebles y más cajas apiladas en distintas habitaciones.

La tienda también tenía un inventario amplio, pero ordenado.

“Yo no descarto nada, no sé si esto es definitivo... Podemos vender discos en ferias o por Internet, pero ya no es la misma cosa”, comentó el dueño.

De rocolas y romances

La historia de Discos Nápoli va más allá de los discos. La apertura de la tienda ocurrió en 1977, cuando en Costa Rica ni había llegado La guerra de las galaxias (eso sucedería hasta 1978). Por aquel entonces la única forma de ver una película fuera de un cine era con un Betamax, cuenta Chico.

Para escuchar música, solo los conciertos, la radio y el dichoso que tuviera un tocadiscos.

Chico, siempre amante de la música, poasó por todas esas posibilidades. En su infancia se colaba en los bailes para escuchar canciones y anotaba los nombres de los temas que más le gustaban. “A veces me sacaban los policías, por ser menor de edad”, cuenta entre risas.

Chico tocando la batería con el grupo Los Aztecas, en 1972. Reproducción: Jeffrey Zamora

Los títulos de las canciones anotadas luego eran buscados en rocolas, para repetir la experiencia de escuchar y apreciar. Eventualmente, Chico decidió ser músico y su formó como baterista, para luego ser parte del conjunto Los Aztecas.

Cuando terminó el colegio se metió de lleno en la música y se puso a trabajar fuerte con el conjunto, que animaba fiestas y otras reuniones.

“Lo bonito de la música siempre fueron las amistades que uno fue haciendo con el tiempo, de gente que llegaba de todo lado”, Chico, dueño de Discos Nápoli

Si había plata, Chico compraba algún sencillo de 45 rpm y a veces instrumentos musicales para revender. A los 20 años decidió formalizar este trabajo y fundó una tienda con un amigo, llamada Discos Universal.

“Por supuesto que se podía confundir con la tienda La Universal, entonces decidimos cambiarle el nombre a Nápoli, y así se quedó”, dijo. Su amigo socio se salió rápido del negocio, pero Chico lo mantuvo por unos 40 años.

Reggaeron, hip-hop, salsa, música clásica... No había nada que no conociera Discos Nápoli.. Foto Jeffrey Zamora

Con el conjunto Los Aztecas, Chico viajó durante los años 80 por México, Colombia, Venezuela y Estados Unidos. En cada país recogía discos para llevar a la tienda y asombrar a la clientela.

La vida era buena y en algún punto Chico decidió formar su propio conjunto, bautizándolo Nápoli.

“Resultó ser mala idea, porque no atendía bien el conjunto ni tampoco la tienda, pero de todo se aprende...”, contó tranquilo.

La tienda fértil

Las cosas nunca vuelven a ser lo que eran, ya sabemos, pero Chico tiene pruebas.

“Antes la gente hacía filas largas para comprarse un 45, salía la canción y cuando volvía de almorzar me encontraba una fila de la mitad de la acera. Yo me daba ese lujo, de ir a comer al Mercado Borbón y cerrar una hora, ya ahora no se puede hacer eso”, señala.

Él recuerda cuando empezaron a aparecer los discos compactos. El LP y los 45 fueron quedaron fuera de los catálogos poco a poco y el negocio cambió.

“Ahora el LP volvió, a la gente le gustan mucho los discos de época, así viejitos, pensar que hace poco nadie quería esto...”, comentó Chico.

La vida de Discos Nápoli fue tan fértil que dio para alimentar a tres hijos varones y para que nacieran otras tiendas. La josefina Legacy Music, especializada en rock y metal, nació de Fofo, que fuera uno de los compañeros de batallas de Chico, y otros vendedores como “El Flaco” John Aguilar también trabajó con Chico.

Uno de los tesoros de Chico: un disco autografiado por Lucero, de cuando viajó a México. Foto: Jeffrey Zamora

Discos Nápoli se mantuvo como la boutique de la música por unas cuatro décadas, en sus últimos años con don Chico al frente y junto a su hijo James. El negocio duró hasta que la histeria por el plan fiscal les puso en jaque.

El contrato de alquiler llegaba hasta el 31 de mayo, es decir, a solo un mes de la entrada del Impuesto al Valor sobre el Agregado al país y el asunto no pintaba bien.

Las nuevas obligaciones y trámites de los negocios amenazaban con complicarle el panorama a una tienda en la que hay compras hechas con efectivo, adquisiciones callejeras en México o a algún entusiasta que se desprendía de las joyas de la colección.

Las confusiones sobre la aplicación del IVA terminaron de dejar a Discos Nápoli sin una casa fija.

“Todo eso son puras trabas. Creo que la tienda funcionaría mejor en un local más céntrico pero ese alquiler puede costar unos 5 millones, más el IVA, así que está difícil. Luego nos dijeron que las PYMES no pagaban ese IVA y nosotros somos PYMES, pero es que no hubo tiempo de pensar, el contrato vencía y había que tomar una decisión”, detalló Chico.

En los años 90, Nápoli tuvo una sede en el centro de San José, a solo unos pasos de la Plaza de la Cultura. Esta foto es de Chico en 1993. Reproducción: Jeffrey Zamora.

El veterano vendedor no se considera tampoco capaz de mudar su operación a una tienda digital, y más consideraría extraño ver metido en eso a alguien que vio pasar el Betamax, el VHs y el DVD en una misma tienda.

“Yo siempre iba adelante con la tecnología: si salía el compacto, yo lo tenía; si existía el laser disc, yo también lo tenía. Pero llegó un punto en que la tecnología me ganó. Ahora en su celular usted tiene más computadora que las de hace 50 años cuando se llegó a la luna”, comentó Chico.

Historias

Sentado en el patio de su casa Chico está convencido de que la aventura de vender discos puede ser retomada. Si trabaja un tiempo más puede optar por una pensión y en ese camino podría reencontrarse con las amistades que dejó de ver cuando cerró la tienda.

“Hay algo que es complicado pero en 42 años no he tenido vacaciones, esa es la cosa, entonces esto también le sirve a uno”, explicó.

Así lució la fachada de la tienda por muchos años. La imagen corresponde a inicios del 2000. Reproducción: Jeffrey Zamora.

Aunque aún no está claro del siguiente paso, Discos Nápoli se ha empezado a sumar a ferias de discos que organizan distintas tiendas y vendedores para convocar a los fanáticos de los vinilos.

La última feria fue el domingo 30 de junio en el Edificio Steinvorth en donde se le hizo un pequeño homenaje a Nápoli por su trayectoria. Chico nunca había participado de estos mercados pero ahora quiere sumarse a más.

En las ferias se intercambian discos pero también se saludan amigos y se oyen historias de los que tienen más rato coleccionando.

Quizá las historias de un vendedor de discos ya veterano no inspire a muchos, pero a los que quieran parar el oído a conocer, Chico siempre les tiene algún dato. Al oírlo queda claro que más que unas bodegas colmadas de discos, de Nápoli sobrevivirán habitaciones llenas de recuerdos, abarrotadas completamente, y la sabiduría de un hombre de música.

“Hay gente que pasa por la vida sin conocer las cosas que en realidad le gustan”, dijo Chico hacia el final de la entrevista. “Tal vez andan por ahí sin conocer los laser discs o los discos gigantes de Canadá que tengo por ahí. Por eso digo que es mejor hacer de la vida algo que a uno le guste, al final es eso”.