José David Guevara. 10 octubre

Lo admito: no he seguido de cerca la carrera deportiva del nuevo director técnico de la Selección Nacional, el uruguayo Gustavo Matosas; sin embargo, me entusiasma el hecho de que la Federación Costarricense de Fútbol (Fedefútbol) haya optado por abrir la ventana del cambio para que una corriente de aire fresco ventile el balompié de nuestro país.

Confieso que en algún momento temí que el cargo de entrenador le fuera asignado a uno de los tantos y requetereconocidos “profes” que se la pasan brincando de banquillo en banquillo en nuestro medio y que han demostrado, hasta la saciedad, de lo que son capaces...

Haber nombrado a uno de los de siempre hubiera significado cerrarle la puerta a la posibilidad de una renovación y la verdad es que el fútbol costarricense está necesitado de vientos que ayuden a eliminar viejas capas de polvo y ceniza, sacudan telarañas, remuevan capas de moho, hagan girar goznes oxidados y trabados, y erradiquen el olor a cuarto cerrado.

Sí, basta ya de los estrategas de siempre, los asistentes perpetuos, los eternos entrenadores de porteros, los jugadores inamovibles, los divos intocables, las argollas que suman años y restan transformaciones.

Es hora de ver figuras nuevas en toda la estructura de la tricolor; otros rostros, otras voces, otros estilos, otras ideas, otras lecturas, otras perspectivas, otros aportes, otros nombres.

No lo digo yo. Lo dicen los pobres resultados obtenidos en la reciente Copa Mundial Rusia 2018. Por cierto, me dio pena ajena el pobre informe presentado el jueves pasado por la Fedefútbol, en el que —al mejor estilo de Poncio Pilatos— los federativos se lavaron las manos y culparon a otros de la triste actuación de la Sele en la tierra del vodka... cinismo, poca elegancia y cero sentido de la responsabilidad que le compete a los dirigentes (el reporte me recordó la reciente comparecencia del expresidente Luis Guillermo Solís ante la Comisión legislativa de Ingreso y Gasto).

Tengo la esperanza de que el timonel charrúa contribuya de manera positiva, seria, decidida y profunda en la requerida metamorfosis del balompié tico (que pasa por poner en su lugar a algunas estrellitas y pavos reales).

Ojalá no nos encontremos ante uno de los habituales alegrones de burro o los mal llamados “procesos” de nuestro fútbol, sino que Matosas logre imprimir, ¡y lo dejen!, una huella valiosa.