Amado Hidalgo. 17 junio
Christian Bolanos ingresó de cambio con mucho ímpetud, pero no pudo marcar diferencia. / AFP PHOTO / Fabrice COFFRINI
Christian Bolanos ingresó de cambio con mucho ímpetud, pero no pudo marcar diferencia. / AFP PHOTO / Fabrice COFFRINI

Como yo no estoy ni voy para Rusia, me imagino que Cristian Bolaños no se molestará conmigo. Y si no, me da igual. Lo tengo que criticar. No por su rendimiento, que no ha sido destacable, sino por su arrogancia tras el último fogueo de la Sele.

Arrogancia tonta. Porque primero justificó la derrota humillante al comparar el nivel de los jugadores rivales con el de los ticos, así como la diferencia entre las dos Selecciones, y luego tuvo la osadía de reprochar a su interlocutor periodista con un “gracias a mis goles usted está aquí”.

Se reconoció inferior a Hazard y compañeros, proclamó menos a su selección frente a la de Bélgica, lo cual parece disonante con quien tenía por delante el reto de enfrentar a Serbia, Brasil y Suiza. ¿O es que acaso los brasileños no son más que los belgas, los suizos andan en un nivel similar y Serbia está lejos de jugar a los chumicos?

Por un lado nos envió un mensaje de desesperanza. “Ubiquémonos”. “A Bélgica no le podíamos ganar”. “Somos Costa Rica.” Y por otro, resta autoridad moral a los periodistas para cuestionar su convocatoria porque “gracias a mis goles ustedes están aquí”.

Algo así como cuando Ibrahimovich se dejó decir que un Mundial sin él no valdría la pena. ¡Ahh pecadito! Solo le faltó declarar, como Ronaldo, que seguro le tienen envidia por guapo, rico y buen futbolista.

Keylor Navas juega como titular del Real Madrid y ganó tres Champions consecutivas. ¡Es un monstruo! Y hasta donde yo sé, no ha asumido poses de divo ni se cree la mamá de Tarzán, a la hora de rendir cuentas ante la prensa local e internacional.

Porque eso es lo que le toca a Bolaños, a Navas y a todos los jugadores de la Selección: rendir cuenta por sus actuaciones. No ante el periodista, que apenas resulta un intermediario. Sino ante el aficionado que con su dinero de las entradas, su papel de televidente, su consumo de ese producto que llaman futbol, pone la plata para que ellos y todos los futbolistas puedan ser profesionales, ganar millones y vestir la camiseta de la Selección.

Es a ellos y no a Gustavo López o a Fabián Zumbado a quienes debe respeto y explicaciones. Seguramente ambos reporteros irían al Mundial con o sin Costa Rica clasificada, con o sin Bolaños y sus goles de eliminatoria. O al revés, la Sele podría estar en Rusia sin él y de seguro el Mundial no se suspendía.

Como no se suspendió por el hecho de que no fuese convocado el hombre que nos clasificó a Italia 90 con un golazo de cabeza. Nunca escuché a Pastor Fernández restregándole ese gol en la cara a alguien. Ni tampoco a Evaristo reprochando que pese a sus anotaciones no se haya montado en el avión de aquellos humildes jugadores que regresaron bañados de gloria.

Bolaños está más que pago por sus goles. Más que el premio jugoso que va a recibir, tuvo el aplauso y reconocimiento de una afición incondicional. Tuvo la dicha de hacer su sueño realidad gracias a las portadas, a los titulares, a las entrevistas y a ese escaparate en el que lo pusieron los periodistas y los fanáticos. Ahora que nos devuelva algo, jugando futbol y no jugando de vivo.