Por: Antonio Alfaro.   27 junio
Giancarlo González (3), Christian Bolaños (7) y Celso Borges (5) luego de la derrota ante Brasil. En ella se confirmaron la capacidad defensiva de la Sele y sus carencias en ataque. Fotografía: AFP / Paul Ellis.

Un gol. Cambio mi lindo país por un gol, con sus dos costas, sus volcanes, su cálido Valle Central ¡No! ¡El Valle Central, no! Está bien, el Valle Central también. ¡El Caribe no! Bueno, bueno, desde Tortuguero hasta Talamanca.

Mi país por un gol (quedaría así superado el "Mi reino por un caballo", de Ricardo III, frase inmortalizada por William Shakespeare, la escena en la que el rey, tumbado en batalla por un caballo mal herrado que él mismo obligó a alistar a toda prisa, pedía desesperadamente un corcel que le permitiera conmandar de nuevo un enfrentamiento destinado a la derrota).

Doy lo que sea por un gol. Mis mejores mejengas, el autógrafo del lateral brasileño Roberto Carlos sobre la entrada a la final de Corea-Japón 2002, los recuerdos de Italia 90, la entrevista a Raúl, el partido de Federer en la cancha de Wimbledon a dos metros del césped sagrado, la carrera seguida en vivo de Usain Bolt...

Lo cambio por alguno de los 17 goles anotados ticos en sus anteriores Copas del Mundo. Excepto el de Cayasso, claro está. El de Medford ante Suecia tampoco es negociable. No sé qué tiene, pero aún me detengo cuando el cabezazo de Guima impulsa la cabalgata de Hernán hasta los línderos del área, ahí donde, una vez sí y la siguiente también, temo que no supere el achique del guardameta Thomas Ravelli o que el remate se desvíe y lo sigo con la mirada y lo enderezco con el alma y dejo de respirar por milésimas de segundo que parecen una eternidad hasta verlo ingresar en la esquina. Entonces, exhalo.

No sé si el de Wanchope en el juego inaugural de Alemania 2006, el primero, en el que arranca desde el medio. Creo que ese tampoco lo cambio. ¡Ni pensar el de Bryan Ruiz contra Italia!

Valga aclarar que aunque el penal de Michael Umaña no cuenta oficialmente como gol, tampoco está sobre la mesa, así se cierre en Rusia con uno de chilena convertido por Bryan Ruiz a lo Hugo Sánchez o a lo Cristiano Ronaldo. Tampoco uno olímpico de Joel Campbell que le permita volver a festejar con la pelota entre su camisa en honor a su retoño.

Los recuerdos de Brasil 2014 no los doy ni por una goleada.

Todo es culpa de Perú, infame, mal coterráneo, que así porque así, deslealmente, anotó dos tantos en su partido de despedida. ¿No podía devolverse a casa sin festejos por mera solidaridad? Si ya sumaba 36 años sin un gol en mundiales, qué costaban cuatro más.

Por su culpa, ahora no hay nada en este mundo, ni en este Mundial que importe más que ese gol tico ante Suiza en la última jornada. Ni la aparición de Messi (¿dónde andaba?), ni la "subida" o "bajada" de presión de Maradona, ni el peinado de Neymar, ni el tiro libre de Cristiano, ni el VAR, mucho menos el bar...

¿Exagero? ¿Acaso no salvaría ese gol la reputación tica? ¿Acaso no diríamos ¡qué bien jugó la Sele!, tan solo le faltó suerte, entró en calor un poco tarde o el cuarto partido de fijo se ganaba? ¡¿Ah, no?!

¿Entonces por qué escucho a fanáticos y conocedores preferir una derrota 3 a 1 ante Suiza sobre un empate 0 a 0? ¿Si ese gol no fuera todo en la vida, a quién se le ocurriría canjear un punto por una anotación?

¿Será que nos da pena solo imaginar el momento en que David Failtenson menciona el dato en ESPN: Costa Rica, la única selección que no anotó?

O peor aún: ¿será que no queremos decirnos a nosotros mismos: hasta el goleado Panamá festejó?

¿Saben una cosa? Entrando en razón, ese gol no cambia mucho las cosas. ¿Acaso cambiará la historia de una selección muy bien parada atrás pero deficiente en ataque? Costa Rica estuvo a punto de un 0 a 0 histórico y heroico contra Brasil con lo mejor que tenía: su defensa. Su ataque no alcanzó, en parte por los planteamientos, en parte por el momento de los jugadores que obligaba a resguardarse, en parte por la ausencia de atacantes capaces de marcar de diferencia. Unos dieron lo que tienen, otros llegaron cuatro años más viejos y algunos simplemente no lograron ponerse en su punto, por culpa de lesiones, temporadas irregulares y otros males.

Pensándolo bien, prefiero un buen juego, por qué no una victoria, un digno cierre, en vez de mandar a todo el mundo al ataque a perder 6 a 1. Así para qué. Al carajo ese gol si no sirve para puntuar o al menos dar la pelea.

Quiero más atrevimiento, quiero un gol o dos, por supuesto, uno que ponga a sudar a Suiza, pero no bajo la tonta meta de conquistar a toda costa el tanto de la "honrilla" (el de la honra chiquitilla). Ese se queda como anécdota estadística. Se lo regalo. Pidamos una victoria; al menos un empate bien ganado.

Además, despúes de la disputa entre México, Alemania y Suecia por pase a octavos de final, justo el mismo día, las cadenas internacionales de televisión ni se acordarán del resto del mundo. Guardemos el rubor.

Retiro la oferta: me quedo con mi país, con sus dos costas, sus volcanes, su pintoresco Valle Central, su exótico Caribe, su cálida costa en el Pacífico. No lo cambio. Menos por un gol, no el de la honra. Para buscar uno más valioso, hay dignidad de sobra.

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