Amado Hidalgo. 12 febrero

Quizás somos todos unos daltónicos futboleros. O tal vez Gustavo Matosas tiene poderes extrasensoriales, que le permiten ver más allá de lo que percibimos los simples mortales.

A lo mejor nuestro técnico esté recibiendo batiseñales o tenga visión de rayos X aplicada a descifrar el ADN de los buenos futbolistas. Tal vez no nació en Argentina ni tiene la nacionalidad uruguaya, sino que vino de Krypton.

Lo cierto es que parece ver más allá de donde la mayoría vemos. ¿O no es que antes de su llegada estábamos preocupados por el recambio generacional de nuestra Selección y la escasez de candidatos a debutar con la camisa tricolor?

¡Recorcholis! ¡Santas batiseñales! Ahora resulta que había una legión de prospectos que nadie vio y que todos hemos ignorado, incluso los representantes, incapaces de abrirles expediente en el fútbol internacional.

Don Gustavo está sorprendido por tanto talento descubierto. Yo estoy sorprendido por sus descubrimientos. Ojalá que al final de este viaje, que nos debe llevar a Catar, terminemos todos estupefactos por el ojo clínico del seleccionador y el aporte de una nueva generación de mundialistas exitosos.

Por ahora, le doy el beneficio de la duda. Y espero que él haga lo mismo conmigo. Lo vital es que, no importa si estoy equivocado, al final me cierre la boca a mí y a cualquiera que tenga interrogantes y nos regale una alegría tan grande como la de aquellas tardes de Brasil 2014.

Dudas tengo. Normales. Espero, sean pasajeras. ¿Cómo su ojo clínico no detectó un buen prospecto entre los griegos y generaleños –líderes y sublíderes del torneo- cuando elaboró su primera lista como seleccionador? O, ¿si Grecia es el equipo del buen fútbol y mas dinámico, hasta hoy, no aportó un solo jugador a esa convocatoria?

Lo que más me preocupa es su idea de juego plasmada frente a Estados Unidos. Presión alta, en la salida misma del rival. La idea: recuperar la pelota lo más cerca del marco rival y, por ende, del gol. Además, impedir la salida limpia del adversario y evitar el agobio sobre la defensa.

Todo muy lindo en el papel. Pero un fútbol de poca dinámica, como así lo describió Matosas –sin faltar a la verdad- no tiene la capacidad para ahogar a un rival de jerarquía, sin pagar el costo físico. La prueba: el segundo tiempo ante los gringos.

Cuando tengamos Europa inundada de legionarios, titulares y en clubes de peso, reconsideraría esta posición. Pero no mientras el alimento de la Sele sean jugadores de este campeonato, a ritmo de tortuga, o unos “europeos” en baja forma por su pasantía en la banca, o los que militan en una MLS de luces y sombras. O mejor aún, cuando Matosas me demuestre lo contrario.