Danilo Jiménez. 11 octubre

Así como Sabina sueña con que todas las noches “sean noches de boda” y “todas las lunas, lunas de miel”, también tengo mi lista de deseos ahora que Matosas tomó las riendas de la Sele.

A riesgo de pasar por ingenuo, la venida de Gustavo debería marcar el necesario cambio generacional en un equipo que jugó una eliminatoria irregular y un mundial peor.

No hubo balance, no se señalaron responsables, la cabeza administrativa de nuestra Federación negó el fracaso y hasta se apuró la designación del técnico para distraer a la prensa y gambetear el análisis.

El cambio que se impone ahora no pasa, necesariamente, por jubilar a aquellos a quienes el calendario les juega en contra sino, más bien, en revisar el rendimiento de jugadores que hace rato vienen mal y siguen inamovibles en las convocatorias.

Porque no es un tema de edad, es un asunto de actitud y rendimiento, en el que no contarán los galones ganados en campañas pasadas, sino en el compromiso para asumir con calidad lo que se viene.

Llegó la hora de los jóvenes con condiciones, pero sin rodaje internacional, de aquellos que añoran citarse con la historia para llenar el Estadio Nacional de glorias nuevas.

Se requiere de un hombre que combine una trilogía compleja: carácter, conocimiento y decisión, para mandar a casa a quienes no están para papeles protagónicos y dar cabida a quienes sí están dispuestos a tomar la posta y labrarse su propio destino.

Hay señales promisorias que alimentan la ilusión, ejemplos de entrenadores y equipos que más allá de sus limitaciones, pregonan y ejecutan sobre la grama valores futboleros que merecen reconocimiento.

Grecia es un equipo sin tradición, pero está dirigido por un entrenador que gusta de los buenos modales con la pelota, el respeto por el juego y que sale a proponer en cualquier cancha.

Carmelita es un laboratorio viviente de figuras nuevas, proyectos de grandes futbolistas hermanados por una idea que apunta siempre a buscar el arco de enfrente, pelota al pie.

Los tres grandes, Alajuelense, Herediano y Saprissa, alternan estilos emparentados con el buen juego, que a veces se traiciona por el imperativo de sumar porque en el régimen del cortoplacismo semestral no salir campeón equivale al fracaso.

Deberíamos suscribir un pacto: equipos, futbolistas y prensa, para exigir más, para mejorar la intensidad y dinámica, para disputar partidos de ida y vuelta, para aportarle a la Sele futbolistas a la carta.

Matosas viene precedido por una bien ganada fama de armador de equipos que gustan, que juegan bien, que se renuevan a partir de objetivos comunes con el crecimiento y la osadía.

Joaquín Sabina tiene razón cuando le pide a las verdades que no tengan complejos.