José Pablo Alfaro Rojas.   21 marzo

Gustavo Matosas ofrece el discurso que todos quieren escuchar. Promete fútbol ofensivo cuando todo un país lo pide a gritos; resalta la “enorme” calidad individual del fútbol tico cuando más dudas existen del relevo generacional (con contados legionarios de peso en Europa).

Asiste a los estadios, cuando todos se preguntaban por qué Óscar Ramírez no lo hacía. Sonríe, viste bien, habla maravillas del vestuario. Básicamente proyecta la imagen que todos esperan de él.

Si solo se le presta atención al discurso de Matosas, habrá que pensar que Costa Rica saldrá a la eliminatoria a proponer y ganar; a jugar ese fútbol romántico que algunos piden con un equipo renovado y fresco, capaz de sorprender a propios y extraños con su talento.

Gustavo Matosas, durante la práctica de la 'Tricolor'. Fotografía: José Cordero.

No lo veo tan fácil.

Dos fogueos poco exigentes (Guatemala y Jamaica) parecen ser la fórmula idónea para “amarrar” esa confianza que ya de por sí genera, y que provoca que muchos pasen por alto que en sus últimos cinco clubes no consiguió redondear un proyecto exitoso ni por lejos.

En medio de su calculador discurso, me sorprendió escuchar una inconsistencia. La primera incongruencia real desde que asumió el banquillo patrio.

Me recuerda los días en que Óscar Ramírez trataba de explicar la ausencia de Jonathan McDonald, o la presencia de Johan Venegas en sus convocatorias. En ocasiones ofrecía argumentos llamativos, pero en otras oportunidades no sabía qué decir.

Muchas veces se criticó a Machillo; no sucede lo mismo con Matosas, que todavía parece estar abrazado por la “capa de superhéroe”, de técnico revolucionario que llegó a “salvar” la “esencia” del fútbol tico que se había perdido (léase con sarcasmo).

Esta vez, la inconsistencia pasa por la falta de ritmo.

Matosas no incluyó en la nómina de convocados a Cristian Gamboa y Bryan Oviedo, irregulares y con pocos minutos en sus equipos. Curiosamente, sí aparece en la nómina Bryan Ruiz, que no cuenta para el Santos de Brasil desde hace rato.

En lo futbolístico, la decisión no tiene sentido alguno.

Ruiz siempre fue importante, como lo ha sido Gamboa en los últimos dos procesos. Ambos fueron indispensables en el pasado. La diferencia es que el carrilero derecho todavía tiene edad (29 años) para llegar al siguiente Mundial, mientras que lo de Bryan (33 años) es una incógnita.

Gamboa puede ser suplente en el Celtic de Escocia, pero a la fecha no hay otro lateral que lo supere; Ian Smith es la carta llamada a renovar. Cualquier jugador del medio local está lejos de ofrecer la calidad de Gamboa, aún sin ritmo de competencia (ya lo demostró antes).

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Soy de los que creo que a Ruiz todavía se le puede exprimir la última gota de talento, como también sostengo que Gamboa y Oviedo están en edad para mantenerse en la nómina, hasta que no aparezcan dos jugadores por puesto que los superen.

(Keysher Fuller no es mejor que Gamboa, ni Waylon Francis superior a Oviedo).

Matosas castigó a unos, pero cuidó al otro. Podría considerarse una posición inteligente si se toma en cuenta el enorme peso que reviste el capitán para el vestuario de la Mayor, o poco astuto si se analiza el mensaje que se le envía al vestuario: ¿hay favoritos?

Es una inconsistencia, nada grave dirán algunos. Así son los entrenadores, toman las decisiones y punto.

Llegará el momento en que convoque a un futbolista con pocos atestados simplemente porque confía en él. Algunos le llaman argolla, yo prefiero decirle confianza.

Machillo, Guima, La Volpe y pronto será Matosas. Todos tienen sus hombres de confianza y a todos les tocará recibir los 'balazos' del aficionado cuando los resultados no lleguen.

Por ahora, a Matosas lo cubre su capa de superhéroe.