Roberto García H.. 6 julio

Ya sabemos que el camino que sigue Óscar Ramírez después del fracaso de la Selección Nacional en Rusia 2018, es el ostracismo. Como profesional responsable que ha sido en su trayectoria, serán el aislamiento, la reflexión y el silencio sus principales insumos para reinventarse en el fútbol, toda vez que porta un envidiable caudal de experiencia que, necesariamente, más tarde o más temprano, Ramírez tendrá que devolverle al deporte que tanto ama.

Administrativamente, deberá rendir un detallado informe de lo acontecido antes, durante y después del Mundial. Dependerá de la consistencia de dicha rendición de cuentas para que esta se convierta en un documento guía, en una carta de navegación, en una referencia valiosa para quien tome el timón de la Tricolor en el inicio de un nuevo itinerario con destino a Catar 2022.

Ahora bien, cuidado con convertir a Ramírez en un chivo expiatorio, tal y como se estila en nuestro fútbol. Por lo general, los dirigentes decapitan al entrenador y borrón y cuenta nueva, como si la causa del mal resultado recayera exclusivamente en el profe y aquí paz y después gloria. Lo que sigue es un minucioso análisis de lo acontecido y deslindar responsabilidades, según haya sido el rendimiento de los encargados en cada una las diferentes áreas: gerencial, administrativa, médica, el factor nutricional, la preparación física, la comunicación, la logística y un largo etcétera, cuyos elementos deben ser revisados con lupa.

En buena lid, vale suponer que la numerosa delegación que acompañó al seleccionado a Rusia, estuvo compuesta por funcionarios (as) que tenían una misión que cumplir, por lo que corresponde a cada quien rendir su respectivo informe y elaborar colectivamente un grueso y sustancioso legajo que habrá de servir de referencia fundamental para reforzar lo que se hizo bien –porque hubo cosas que se hicieron bien y, con base en las fallas detectadas, pedir explicaciones, corregir entuertos, alentar un buen inicio y, sobre todo, buscar una exitosa culminación de la Selección de Costa Rica en el próximo campeonato mundial, dentro de cuatro años. Estamos a tiempo, pero el reloj corre inexorablemente.