Roberto García H.. 29 junio

Apenas pasemos la prueba de fuego de Costa Rica contra México, hoy en la Copa Oro, veremos si, en caso de ganar, nos creemos los papás de los tomates, o si nos toca perder, nos da por pregonar que somos lo peor de lo peor.

Ni una cosa ni la otra. Si logramos la proeza de vencer a la escuadra del Tata Martino, experimentaremos, temporalmente, la sensación del almíbar en el paladar de la afición. Pero si salimos por la puerta de atrás, en lo esencial, el país no sufrirá ningún descalabro. Porque nuestras vidas, ni la suya ni la mía, sufrirán el menor rasguño en lo referente a los valores fundamentales de vivir y de luchar, de reír y de llorar (por lo que valga la pena).

Si triunfamos, o si perdemos, que la exaltación, por una u otra razón, no genere el desmadre en sitios públicos ni en la intimidad de cada hogar. Que no haya agresión contra mujeres, niños o ancianos, los sectores en mayor desventaja de la sociedad. Que el macho futbolero no transmute en el energúmeno, pasado de tragos, que ofende y despotrica. Si superamos el difícil escollo ante el poder azteca, la Selección Nacional habrá sellado la visa para seguir en competencia y aspirar al cetro. Mas, si no pasamos, es de esperar que la prensa deportiva no enfile sus baterías, exclusivamente, contra la cabeza visible de la Tricolor. Antes, corresponderá examinar otras causas y consecuencias, como el pésimo manejo de las selecciones menores, por ejemplo. Así las cosas, que el timonel no se convierta en chivo expiatorio de la frustración en un país que arrastra más y mayores males que sus fracasos futbolísticos. Somos una nación que sufre el gradual deterioro de las conquistas sociales, de la institucionalidad, de la democracia, del desmoronamiento de la clase media, otrora, principal soporte de la paz social.

Fiebre de sábado por la noche. Fin de semana en fin de mes. Jolgorio, pantalla, hielera y parrillada. En las casas, en las calles, en los barrios, en los centros de diversión. No perdamos la perspectiva. Si esta noche “nos jugamos la vida”, será únicamente en fútbol, la diversión multitudinaria más importante de las cosas sin importancia; de modo que, en la victoria o en la derrota, que prevalezca la sensatez. Demostremos de qué estamos hechos.