José Pablo Alfaro Rojas. 7 septiembre
Rónald González alineó un equipo con caras nuevas en el fogueo ante Corea del Sur. Fotografía cortesía Fedefútbol.
Rónald González alineó un equipo con caras nuevas en el fogueo ante Corea del Sur. Fotografía cortesía Fedefútbol.

La coyuntura actual amenaza con poner a tambalear a la Sele en la próxima eliminatoria. No se trata de ser alarmista y anunciar una crisis que todavía no existe. El asunto es que hay factores que exponen un futuro poco alentador si no se elige pronto al entrenador correcto.

Quisiera enumerar cinco argumentos que obligan a Costa Rica a contratar un técnico clase A, dispuesto a arrollarse las mangas. No es una simple frase, así lo exige el contexto actual.

Y cuando digo clase A no me refiero a un inglés u holandés con pasado en la Premier League y que nunca haya visto un partido de la liga tica. El país necesita un entrenador con éxitos, un cartel respetable, pero que conozca como nadie lo que se va a encontrar en nuestro país.

1. Renovación. El nuevo entrenador está obligado a renovar. Es sencillo. Costa Rica apostó por la misma base de jugadores en los últimos ocho años, con muy poca renovación en ataque, y el equipo luce desgastado. Los mejores hombres ya no tienen el peso de antes y es normal. La edad y los años fútbol pesan.

El problema es que no se trabajó con tiempo para encontrar a los relevos de Bryan Ruiz, Celso Borges y Christian Bolaños. Básicamente se apostó a lo mismo en el engranaje ofensivo, con la excepción de Joel Campbell, parte de esta camada, pero con edad para seguir en el proceso venidero.

Como el equipo envejeció en ofensiva y se le dio poco rodaje a otros futbolistas, los nuevos jugadores tendrán que aprender a la fuerza, con muchos fogueos, equivocaciones y críticas de por medio. Le sucedió a Elías Aguilar y Mayron George en el primer partido de la nueva era. Se les exige como si tuvieran 30 partidos internacionales. No es tan fácil.

2. Idea de ataque. El problema no es la línea de cuatro o la línea de cinco, o si jugamos con dos o tres delanteros. El sistema es lo menos importante. El problema es la idea de juego. Costa Rica se ajustó a una propuesta en la que prevaleció el funcionamiento defensivo (y por supuesto que seguirá siendo clave), pero se volvió muy predecible en ataque.

Ya simplemente no funciona la premisa de retroceder la línea y llegar con un juego pausado al ataque. El mundo muestra otra dinámica, con transiciones rápidas y futbolistas que se moldean a un estilo exigente, de ida y vuelta y obligaciones defensivas para los volantes.

En las selecciones el tiempo de trabajo es limitado, pero el nuevo técnico de Costa Rica tendrá que buscarlo para desarrollar una idea muy distinta, que le permita a la Tricolor jugar de otra forma, con un librillo menos predecible y más ajustado a las referencias actuales. No hay tiempo para que este entrenador “se adapte” y conozca el medio. Necesita trabajar desde el primer día para consolidar una propuesta.

A estas alturas, Bryan Ruiz todavía es necesario para la Sele. No se trabajó en conseguir un relevo natural para su puesto. Fotografía Santos.
A estas alturas, Bryan Ruiz todavía es necesario para la Sele. No se trabajó en conseguir un relevo natural para su puesto. Fotografía Santos.

3. Generación limitada. Los estudios de FIFA demuestran que la mejor edad para disputar una eliminatoria es entre los 26 y los 28 años, cuando el jugador llega a su tope de madurez física, mental, técnica y táctica. Todos estos argumentos influyen en lo colectivo. Por ejemplo, en Brasil 2014 Costa Rica afrontó la cita con un equipo que tenía este promedio de edad.

¿Qué pasa? La camada que llegaría con esta edad a la eliminatoria y al siguiente mundial es muy limitada. Tiene algunos buenos jugadores (como Elías, David Ramírez o George), pero en general es poco destacada en comparación a otras más prolíferas.

Este proceso, que no asistió a ningún mundial menor ni a los Juegos Olímpicos, es el llamado a asumir el peso de la siguiente eliminatoria. ¿Está lista? No. Con excepción de Rónald Matarrita, no hay otro futbolista consolidado en la Mayor que pertenezca a este generación. Habrá que trabajar casi desde cero.

4. Muy jóvenes. La camada que viene atrás (los futbolistas entre 19 y 21 años), parece tener más argumentos individuales que su predecesora, lo que se refleja en jugadores un poco más influyentes para los clubes de Primera; disputó dos mundiales menores y se alista para buscar el boleto a los Olímpicos.

Lo que pasa es que todavía son muy jóvenes, por lo que no es una garantía que puedan consolidarse rápido y asumir un peso mayor en la eliminatoria. Lo normal sería que complementen las listas de los procesos y jueguen un rol secundario. Es bueno recordar que en todo el mundo solo hay un Kylian Mbappé, y por desgracia no es tico.

Jimmy Marín, mundialista Sub-20, es uno de los prospectos más destacados de su generación. Todavía no se afianza en Herediano. Fotografía: John Durán.
Jimmy Marín, mundialista Sub-20, es uno de los prospectos más destacados de su generación. Todavía no se afianza en Herediano. Fotografía: John Durán.

5. Cuidado con los rivales. El trabajo es intenso y más si se estudian los proyectos deportivos de México, Estados Unidos y Honduras, tres selecciones del área que en la pasada eliminatoria construyeron un proceso con futbolistas jóvenes a los que todavía les sobra cuerda.

A los catrachos les tocó renovar a la fuerza en la pasada ruta mundialista, ante el desgaste de sus hombres experimentados, pero para este proceso se mantendrá la base del equipo que logró el cuarto lugar en los últimos Juegos Olímpicos.

EE. UU. acumula tres generaciones de buen rendimiento en los mundiales menores, con el joven Cristian Pulisic como la joya llamada a liderar la ruta que se avecina. Los aztecas, en cambio, están un peldaño arriba del resto de equipos con una generación privilegiada. Panamá, al igual que Costa Rica, tendrá que renovar.