Fiorella Masís. 16 noviembre, 2020

En el fútbol unas veces se cuestiona el estilo; en otras, los números. Costa Rica ha vivido épocas de selecciones que ganan sin gustar, las que juegan mejor pero les cuesta triunfar y también las de crisis profundas, como en este momento.

Óscar Duarte disputa una pelota con el futbolista Asier Villalibre. La defensa falló en un momento clave y dejó ir el empate. Foto: Cortesía Fedefútbol
Óscar Duarte disputa una pelota con el futbolista Asier Villalibre. La defensa falló en un momento clave y dejó ir el empate. Foto: Cortesía Fedefútbol

A esta Selección Nacional no la respaldan ni los números ni el desempeño en el campo, ambas mediciones le dan la espalda a Rónald González.

La transición está renca y eso se terminó de confirmar en la doble fecha FIFA de noviembre, con empate ante Catar (1-1) y derrota ante el País Vasco (2-1).

Esta vez el estratega sí contó con la mayoría de legionarios pero la mejoría fue mínima, casi imperceptible. Más allá de si hay o no figuras, si los jugadores están o no en las condiciones óptimas, esta Tricolor carece de una idea definida.

Los últimos cuatro partidos han dejado chispazos individuales, jugadores que lo intentan, pero sin llegar a demostrar una consistencia como conjunto.

Si hubiera que señalar el principal problema, los ojos van directo a la poca o nula capacidad ofensiva. Ni siquiera digamos que hacer un gol es difícil, porque los inconvenientes aparecen desde la creación.

Costa Rica tiene contadas ocasiones de peligro y muchas de ellas nacen de esfuerzos aislados.

El técnico costarricense Johnny Chaves señala la falta de un “plan de juego claro” como el meollo del asunto, pues sin esto la Sele queda en individualidades.

Desde su punto de vista, hace falta maximizar las capacidades de los jugadores con más movimientos colectivos.

Y ojo, que esto no se trata solo del delantero al que se mide por goles...

“En ataque es un problema desde la salida, desde atrás con la creación para después generar del medio campo hacia adelante”, analiza. Es decir, una debilidad que necesita tiempo de trabajo y un concepto definido.

“Por ejemplo, hoy (ante el País Vasco) se perdieron varios balones. Hubo momentos en que presionaron mucho y sentía que los costarricenses eran muy planos para ir al frente y tratar de llevar el balón más limpio a la mitad”.

Pese a que ante Catar y el País Vasco la Sele cambió sus alineaciones por completo, el funcionamiento tuvo problemas similares.

“Los volantes quedan aislados en la banda, sin encontrar el momento y la forma de meterse entre líneas y generar. Creo que faltan detalles colectivos, no importa con los jugadores con los que se juegue. El trabajo consistente solo lo dará un plan bien definido que todavía el equipo no lo tiene”.

Y si nos vamos a la estadística, esta es todavía más clara y “cruel”. Desde que Rónald González asumió el banquillo de la Nacional en setiembre de 2019, acumula ocho partidos dirigidos, con solo una victoria, cuatro derrotas (la última este lunes ante el País Vasco 2-1) y misma cantidad de empates. Eso se traduce en un pobre 25% de rendimiento.

También se evidencia lo difícil que ha sido llegar al gol. En esa misma cantidad de compromisos apenas se concretaron siete tantos, mientras el equipo recibió diez.

La defensa hoy no es el punto más señalado, pero tampoco colabora para ver una Selección mejor. Para muestra el segundo gol del País Vasco, en el último minuto de juego entre una zaga experimentada, por una endeble marca en un tiro de esquina.

Aunque el empate no iba a borrar las deficiencias de la Tricolor siempre dejará mejores sensaciones que la derrota.

Los seleccionados y González fallaron en su cometido de cerrar bien un 2020 lamentable. Perdió sus cinco partidos y de acuerdo al estadígrafo y periodista Cristian Sandoval, es la primera vez en los últimos 36 años que la Sele Mayor culmina un año calendario sin ganar un solo partido clase A.

La lista de tareas para el estratega es larga y el tiempo para resolverlas corto.