Por: Osvaldo Calderón.   Hace 5 días

Más allá de un artículo deportivo de opinión, es una crítica constructiva del ser costarricense, de nuestras expectativas y la realidad, haciendo siempre lo mismo para esperar resultados diferentes.

La analogía del título de este artículo la justifico bajo el pensar de muchos en mi entorno —quizá miles si echo un vistazo en redes sociales— quienes nunca vislumbran a la Tricolor como campeona mundial. Algo casi imposible bajo los procesos actuales donde me incluyo. Hasta nos reímos cuando sabemos que otra vez nos toca contra la pentacampeona.

De forma similar y manteniendo la relación, sucede con el Club Sport Cartaginés, equipo de media tabla para abajo en las últimas dos décadas salvo en unos momentos de posible victoria eufórica donde casi toda Costa Rica veía atenta cómo el año 2013 sería el que diera fin a su casi octogenaria sequía de títulos nacionales.

Aficionados saprissistas, alajuelenses y heredianos inician el torneo tico con mente campeona, con el objetivo claro en que son favoritos para alzarse con el título. ¡Y muy a menudo lo logran! Algo así como brasileños, alemanes e italianos lo hacen en dimensiones planetarias.

Para los seguidores blanquiazules, sobran las ganas y amor por su respetable institución, ya que lo demuestran al acudir a las graderías, al vestir camisetas o llorar en casas y bares cada vez que los abraza la extensa pérdida.

¿Que hayan celebrado en las calles de Cartago después del 3-1 (partido de ida de la final contra Herediano en el ‘Fello’ Meza en 2013) sin ser aún campeones? ¿A tan solo un partido!

¡Permitido! Porque, respondiendo al título, la Sele es al Mundial como Cartaginés lo es al torneo local.

Que lo diga la fuente de la Hispanidad en San Pedro, donde ha sobrado el festejo y el éxtasis por la amada Sele ante importantes victorias que, luego, su resultado final fue el fracaso. ¿Acaso nos alzamos con el trofeo? Ese que acostumbran dejarse selecciones como Brasil, Alemania, Italia, Argentina o Uruguay por mencionar a las mejores.

Antecedente

Tanto en Costa Rica como en el mundo, existen torneos de fútbol donde se convocan a los mejores clubes y selecciones para que demuestren de qué están hechos.

El común denominador es descubrir al mejor. A ese que llaman “la envidia”, la cual genera en todos los perdedores la incertidumbre de saber cómo fue que ese privilegiado logró la hazaña para ellos emularla en su siguiente participación.

¿Siguiente? A lo interno, manteniendo su estatus o no descendiendo; a lo externo, clasificando en sus respectivas confederaciones. La diferencia la marca la periodicidad: en el primer caso es cada seis meses; en el segundo, cada cuatro años. Sin embargo, el objetivo se mantiene. Querer ser el número uno.

Contexto

Keylor Navas lo dijo en conferencia de prensa días antes de partir con la Tricolor hacia Europa. Ha ganado todo… con el Real Madrid. Sin embargo, no ha ganado un Mundial. ¡Tiene mente campeona! Quiere asistir a Rusia pensando en sobreponerse en siete encuentros.

Después de perder ante Inglaterra y Bélgica, la Sele no preocupa: ya se sabía.

Fui un fiel seguidor del Cartaginés (1986 – 2013) porque pasaba pendiente del equipo, de los resultados, de sus políticas internas y porque acostumbraba acudir al estadio desde niño.

Actualmente, no me preocupa que torneo tras torneo el equipo no clasifique a la siguiente ronda: es lo normal aunque me encantaría que algún día logre el cuarto título local. Y que llegue el quinto y así sucesivamente hasta que se le haga costumbre.

¿La Sele? También me satisfaría que sea campeona en Rusia 2018, Qatar 2022 o los que vengan, pero, bajo el panorama actual, es un hecho que probablemente nunca ocurra. Un espejismo.

Necesitamos más mentes ganadoras en el equipo de todos, al igual que urgen en los ciudadanos para que exijan más en todos los aspectos que nos envuelve la cotidianidad.

Quizá, después de ese sentir colectivo de exigencia en todo lo que hagamos, el combinado patrio refleje lo que tanto añoramos: un campeonato mundial porque atrás hay un país organizado donde “no tenemos palabras”, como lo dijo Zidane luego de coronarse tricampeón de Europa.

“Esto es pura vida”, añadió el francés, en clara referencia a un proceso exitoso desde su gestación.

¿Qué tan “pura vida” somos en lo que hacemos?