Amado Hidalgo. 4 junio

Cada día es más incoherente el futbol local. Los veteranos están de moda. A unos los despiden por viejos, a otros los contratan por “experimentados” y a la Selección los convocan porque no hay mejores, aunque resuenan los ecos del técnico Gustavo Matosas, anunciando haber encontrado la veta de los jóvenes prodigios.

La Liga puso a disposición del mejor postor a uno de sus últimos ídolos. Si no aparecía un comprador, igual Patrick Pemberton tendría que irse al finalizar la temporada. ¿Por rendimiento? No. Imagino que por viejo, para darle campo a los güilas que Agustín Lleida y Andrés Carevic quieren poner en el escaparate de la primera división.

Pero, ¡oh sorpresa! Llega Junior Díaz, con sus 35 años a cuesta, para “aportar experiencia” y ayudar a la inserción de los cachorros en el corazón del área manuda. Está claro que puede rendir. Tan claro como que Pemberton tiene condiciones para seguir siendo el mejor portero liguista por un buen rato… Por lo menos hasta una despedida digna.

Llega Díaz al equipo que quiere revolucionar sus pequeñas ligas, pero al mismo tiempo ha dejado partir -o prestado - a los Juan Pablo Vargas, Arturo Campos, Francisco Rodríguez, Jean Carlo Agüero, Orlando Galo, Esteban Marín, Alonso Martínez, Diego Mesen, Alfredo Córdoba, Yordi Matarrita, Bryan Jiménez, Harry Rojas, Jean Carlos Innecken, etc, etc.

Mientras la Liga cae en esas contradicciones, la Selección no se queda atrás. Las cornetas que recibieron a los héroes del 2014 anunciaban también la necesidad de un cambio. Se tornaron en alarmas cuando el avión llegó de Rusia, convocando a una nueva generación.

Con bombos, la Fededfutbol trajo a Matosas, arropado en la bandera de ese traslape generacional. Su carta de presentación era el conocimiento de los jóvenes “que deslumbraban en el torneo local”. A su llegada, terminó por endulzarnos los oídos: Por todos lados veía chicos dinámicos, con vértigo y desequilibrio.

Hoy, una Sub 20 ve el Mundial por tele, mientras su verdugo, Honduras, recibe 12 goles en un partido. En tanto, los veteranos Álvaro Saborío, Bryan Ruiz y Christian Bolaños se alistan para ponerse de nuevo la Tricolor, porque – me imagino- no hay quien pueda sustituirlos.

Entonces, ya no se sabe si ser viejo es un pecado, una virtud, un pasaporte de ida o uno para el destierro. En el fútbol artesanal tico, los años pueden ser una excusa para darle una patada en el trasero a un ídolo o para negarle la oportunidad a un chico por falta de almanaques.