Fiorella Masís. 18 febrero

El talento del atleta Juan Diego Castro encontró en un papá y su hijo el lugar perfecto para pulirse y seguir dando frutos hoy.

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19/02/2020 Juan Diego Castro (rojo) junto a Marvin Ramírez hijo y Marvin Ramírez padre en La Sabana. Foto: Cortesía
19/02/2020 Juan Diego Castro (rojo) junto a Marvin Ramírez hijo y Marvin Ramírez padre en La Sabana. Foto: Cortesía

ace aproximadamente seis años, Marvin Ramírez conoció a Castro, quien llegó a uno de los cursos de atletismo impartidos para niños jóvenes que estaban en las vacaciones de fin y principio de año.

Desde entonces mucho ha pasado en la carrera del joven atleta, sobre todo nuevas marcas impuestas, como pasó este sábado, cuando rompió su propio récord centroamericano en la milla (1,6 km) bajo techo, en una competencia realizada en Seattle, Estados Unidos.

En esa clínica en La Sabana su talento no pasó desapercibido para Ramírez, entrenador con más de 30 años de experiencia y actualmente encargado de esta disciplina en el Comité Cantonal de Deportes de San José.

El tico Juan Diego Castro (6) en la carrera de este sábado en Seattle, Estados Unidos, donde finalizó en el segundo puesto e impuso récord centroamericano en la milla bajo techo. Fotografía: Cortesía
El tico Juan Diego Castro (6) en la carrera de este sábado en Seattle, Estados Unidos, donde finalizó en el segundo puesto e impuso récord centroamericano en la milla bajo techo. Fotografía: Cortesía

Él lo llama el “ojo de la experiencia” para contar cómo se dio cuenta del diamante que tenía enfrente. Incluso, comenta, rápidamente se percató de cuáles pruebas podía correr el josefino.

Le vio buen tamaño y zancada, después su capacidad técnica y táctica, además de la inteligencia.

El hijo de don Marvin, del mismo nombre, se unió tiempo más tarde al trabajo con Castro. Recuerda que apenas pasó un año y el joven ya era campeón nacional sub-16.

Por sus características como entrenador de atletismo y también entrenador personal, Marvin hijo se enfocó en aspectos de técnica y fuerza.

“Por un lado le hacía supervisiones, entrenamientos en técnica y pesas. Mi papá con lo demás, la carrera en sí, tanto pista como fondo. Poco a poco, por cuestiones de tiempo, Juan Diego se fue metiendo más de lleno conmigo”, recuerda Ramírez hijo.

Eso ya se había tornado en una tradición entre ambos. Si había un talento, el mayor de los Ramírez le daba las bases y de los siguientes pasos se encargaba su hijo.

"Me gusta formar niños y mi hijo tenía atletas regulares, él también es un gran formador y se ha especializado en técnica. Entonces le voy pasando los atletas que sobresalen, con Diego hicimos eso", agregó.

Eso sí, don Marvin podía meter la cuchara, como se dice popularmente, en cualquier momento. Incluso sigue teniendo comunicación directa con Castro.

Sus principales consejos son que aproveche la oportunidad, se porte bien y tenga buenas notas en la universidad, en Oklahoma State, donde está desde el año anterior.

En el aspecto deportivo, las expectativas se cumplen. Ambos tenían seguridad de que su pupilo iba a responder.

El año anterior sufrió una lesión que le impidió hacer la temporada al aire libre. En ese momento el atleta tuvo paciencia y supo reponerse.

Todas esas características, junto al talento, convirtieron también a Castro en el mejor talento de los Ramírez.

“He tenido muchos atletas durante 30 años, atletas buenos, campeones nacionales, centroamericanos, pero Juan Diego es el mejor talento que hemos tenido, he tenido suerte que llegara a mis manos”, finalizó Marvin padre.