Roberto García H.. 25 agosto

A veces uno ve y no mira; oye y no escucha. Mientras descanso frente al televisor, presentan en Telenoticias las imágenes de un niño en una piscina, al tiempo que una voz en off describe la información respectiva. Me reincorporo y me entero que se trata de Facundo Céspedes, un chico con parálisis cerebral. Alentado por su mamá, Melania Castillo; por Diego Fajardo, su entrenador, y por el público, el niño del agua nada hasta el borde de la piscina con un estilo particular, en el polideportivo de Belén.

Terminó esa nota del lunes y siguió otro tema. Dos días después, busqué en la computadora la información que, distraídamente, había presenciado. Esa es, por cierto, una de las ventajas de la tecnología actual, que uno puede rescatar cosas que pasaron por la tele y revivirlas en internet.

El asunto es que me volví a emocionar al mirar al chiquillo nadando. El entrenador Fajardo explica que, en principio, se buscó el contacto de Facundo con el agua, como un recurso terapéutico. Sin embargo, progresó de tal modo que superó la expectativa médica y se convirtió en un nuevo integrante del equipo de la Asociación de Natación de Nicoya.

Con el candor de su mirada, Facundo dice ante la cámara que prefiere el estilo libre, porque así puede nadar… de cualquier manera. Otras tomas lo captan al caminar, lentamente, con su andadera. Sin duda, el desafío de Facundo es gigantesco, pero no imposible. Su reto es tan enorme y difícil como los que se imponen los deportistas de alto rendimiento. Si no me creen, pregúntenle a Keylor Navas, por citar uno solo, cuánto ha invertido en concentración, transpiración y sacrificio, con tal de mantener y alargar su jerarquía de centinela de las redes blancas en el Real Madrid, por ejemplo.

Pues bien, tanto Facundo, como Navas y cientos de deportistas que sería imposible enumerar, intentan superarse, ¡de cualquier manera! En ello radica la grandeza en el deporte y en la vida, en darlo todo, con lo mejor de cada quien. Por esa razón, al repasar la información periodística sobre Facundo Céspedes Castillo, reflexiono y comprendo cuántos sueños, cuántas ilusiones y cuánta esperanza viajan en ese barquito de papel con alma que navega, liviano y sereno, hacia el borde de la alberca olímpica.