Fiorella Masís. 20 junio

La mayoría de corredoras costarricenses de fondo están en riesgo de sufrir padecimientos a corto, mediano o largo plazo por algo al parecer sencillo pero descuidado: la baja cantidad de energía disponible para realizar sus actividades.

Una tesis realizada por la atleta Andrea Calvo para su proyecto de graduación como nutricionista, demuestra que el 94% de mujeres élite participantes de la investigación tienen alta o moderada posibilidad de sufrir el Síndrome de Deficiencia Energética Relativa en el Deporte (RED-S, por sus siglas en inglés), antes conocido como Triada del Atleta.

Andrea Calvo es atleta nacional, especialista en 10 y 5 kilómetros. Foto: Cortesía
Andrea Calvo es atleta nacional, especialista en 10 y 5 kilómetros. Foto: Cortesía

Parte de esos problemas incluyen trastornos menstruales, reducción de la tasa metabólica basal, riesgos inmunológicos, disfunciones hormonales y pérdida de densidad de la masa ósea (posible osteoporosis), según explica el Comité Olímpico Internacional.

Esto sucede al existir una baja disponibilidad de energía, es decir, la cantidad de energía que requiere el organismo es menor a la que tiene, de acuerdo a las necesidades para las funciones fisiológicas.

El COI señala que anteriormente se creía como la causa principal de las deficiencias energéticas los trastornos y comportamientos alimentarios, pero ahora se sabe que muchos deportistas (mujeres y hombres) pueden padecerlo por otras razones, por ejemplo, restricción alimentaria para perder peso o grasa, pérdida de apetito o simplemente dejan pasar el consumo.

Apoyada en la literatura ya vigente y el estudio de 31 atletas costarricenses, Calvo emprendió este estudio de graduación en la Universidad Hispanoamericana.

Las mujeres participantes tienen una marca personal promedio de 40:24.48 en los 10 kilómetros, es decir, están dentro del alto nivel nacional. De acuerdo a Andrea, su muestra es prácticamente del 80% de la élite.

“El síndrome se da más si participan en deportes “estéticos”, como el atletismo, gimnasia, ballet. Hay una presión por normas sociales para cumplir con un estereotipo”, comentó.

Pero una mala compensación en la energía no es el único factor de riesgo, aunque sí piedra angular. En la investigación se encontraron otros detonantes: ciclos menstruales interrumpidos (42%), uso de píldoras anticonceptivas (29%), técnicas no saludables para bajar de peso (22%), antecedentes de trastornos alimentarios (16%) y fracturas por estrés (22%).

“La importancia es hacer conciencia porque tanto mujeres recreativas como competitivas, así como hombres, lo pueden padecer”, apunta Andrea.

En la tesis también participaron Catalina Capitán (tutora) y Paula Delgado (lectora), quienes guiaron el proyecto y formaron parte de la investigación.

El resumen fue aceptado por el Colegio Americano de Medicina Deportiva (ACSM) para su congreso anual y fue publicado en Medicina y Ciencia en Deportes y Ejercicio.

“El Colegio Americano es el ente más grande que existe a nivel internacional en deporte. Ahí se reúne toda literatura científica para emitir consensos a nivel internacional”, explicó Capitán.

Los instrumentos utilizados se basaron en un cuestionario de datos socio demográficos y antecedentes personales. Después se hizo el cálculo de calorías gastadas en entrenamiento o ejercicio físico mediante el reloj de monitor de frecuencia cardíaca durante siete días.

También se incluyó un registro dietético de tres días; mediante una aplicación debían registrar lo que consumían y las calorías. Finalmente, se les hizo una evaluación antroprométrica para obtener el peso y porcentaje de grasa.

Dentro de la información recabada también se encontró que el 71% de las atletas sí está bajo una guía nutricional. Calvo tiene varias teorías sobre esto, lo que también explica que “alimentarse mal” es algo demasiado general para referirse a este problema.

“Puede que la nutricionista no esté haciendo ajuste necesario, pero también puede que los entrenamientos de alta intensidad suprimen el apetito, o sienten que están comiendo mucho. Todo puede influir, incluso el hecho de que no se estén dando cuenta de la presencia de factores de riesgo”.