Fanny Tayver Marín. 14 noviembre, 2020
Andrey Amador sonreía en la décima etapa de la Vuelta España, una carrera en la que fue un peón de lujo para el ecuatoriano Richard Carapaz. Fotografía: Ineos
Andrey Amador sonreía en la décima etapa de la Vuelta España, una carrera en la que fue un peón de lujo para el ecuatoriano Richard Carapaz. Fotografía: Ineos

Fue un año raro que comenzó en medio de la incertidumbre, pero que al final, sembró optimismo, esperanza e ilusión en el ciclista costarricense Andrey Amador.

Mientras que los demás integrantes del pelotón profesional sumaban algunos kilómetros de preparación en enero, el tico estaba varado.

La situación obedecía a que en ese entonces su futuro no estaba claro. Es más, ni siquiera su presente.

Él no sabía si debía continuar con Movistar Team o si podía marcharse a las filas del Ineos. Todo se iba a resolver mediante un arbitraje con la Unión Ciclista Internacional, pero hubo un acuerdo.

El tico se marchó a la escuadra británica y casi de inmediato apareció en competencia. Su estreno con el Ineos fue en el Tour de Emiratos Árabes Unidos, a finales de febrero.

Sin embargo, el nuevo coronavirus apareció en la caravana y la competencia se canceló, a falta de dos etapas. La organización ordenó un confinamiento total y los ciclistas pudieron emprender su retorno a casa hasta que se obtuvieran los resultados de los exámenes de rigor.

Los integrantes de la caravana que contrajeron la covid-19 permanecieron ahí en cuarentena.

Así fue el estreno de Amador con el Ineos, sin sospechar que sería lo único que correría en el primer semestre del año. La pandemia desbarató el calendario, con un receso de meses.

De vuelta. Cuando se reanudaron las competencias, se corrió mucho en poco tiempo, sin existir ese fondo que los ciclistas siempre le meten al cuerpo antes de que comiencen las grandes vueltas.

Del 1° al 4 de agosto pedaleó en La Ruta de Occitania, en Francia, y tres días después tomó la partida en el Tour de L’Ain, una carrera de tres etapas.

Así, con apenas siete días de competencia, Amador acudió al Tour de Francia, que se disputó del 29 de agosto al 20 de setiembre y donde finalizó en el puesto 77 de la clasificación general.

“Ha sido un año muy extraño, venía de tres meses con lo del cambio de equipo, luego fue el tema de pandemia. Volví a correr en Occitania y L’Ain. Fui al Tour de Francia, con falta de ritmo. Creo que conforme pasan los años cada vez se necesita competir más; más kilómetros, más fogueo, un poco a diferencia de la Vuelta a España, que tenía más ritmo, me sentía mejor y al final de cuentas quedo contento”, apuntó Amador a La Nación.

Después del Tour, su próximo y último evento de esta temporada flash fue precisamente la Vuelta a España, del 20 de octubre al 8 de noviembre.

Crecimiento. Ahí se vio mucho mejor, siempre como el gregario más fuerte del ecuatoriano Richard Carapaz que terminó subcampeón, a 24 segundos del esloveno Primoz Roglic (Jumbo).

“Quedamos contentos con la Vuelta. Terminar segundos con Richard, de la manera que fue, tan cerca de ganarla, es para estar contentos. Teníamos desventaja numérica con otros corredores y se sobrecarga el trabajo; así que estamos contentos”, expresó el tico.

Lo suyo no era pensar en una posición específica de la general, sino acuerpar a su jefe de filas.

“Se hizo bien, hubo momentos en los que se pudo haber hecho mejor, con más apoyo a Richard, pero era lo que había, dimos el 100% y cuando no se puede, no se puede”, destacó.

Mientras que juega con su hija Gretta, hoy quiere pensar que el 2021 será mejor. En cualquier momento nacerá su segunda bebé, Abril, y eso lo tiene muy entusiasmado.

“El próximo año lo afrontaré con muchísimas ganas, obviamente después de descansar (ríe...), porque quedé demasiado cansado con la Vuelta. Ha sido un año raro, porque a pesar de que casi no he corrido nada, casi termino con 50 días de competición en dos meses y medio y se hace duro”, mencionó.

Y agregó: “Necesito descansar y deseando que ojalá todo pueda volver a la normalidad con lo de la covid-19, no solo para el ciclismo, sino para la vida, como poder en algún momento volver a andar en la calle sin mascarillas, poder entrenar con más normalidad. A nosotros como ciclistas nos ha afectado demasiado y ojalá en el 2021 pueda venir un calendario normal”.

Su plan es darse un descanso de tres o cuatro semanas y volver a empezar en diciembre, con la pretemporada.

El récord. Desde 2010, Amador ha estado presente en siete ediciones del Giro de Italia, en seis Tour de Francia y en cuatro Vueltas a España, todas concluidas, con lo cual impuso un récord en el ciclismo latinoamericano, como el hombre con más carreras de tres semanas finalizadas.

“Lo de las vueltas grandes parecen muchas, pero uno como que no se da cuenta. A veces pienso que vine en el 2006 por un mes, luego en el 2007 todo el año y han pasado casi 15 años de eso, que es casi la mitad de mi vida en el ciclismo”, apuntó.

Lo piensa y por momentos cree que todo pasó ayer.

“Me recuerdo el primer día cuando vine aquí, lo que hice, se me ha ido tan rápido todo, pero luego me pongo a ver y llevo casi 12 años en profesionales, 14 años de competir en Europa y ya es bastante. Tengo 34 años y recuerdo que cuando comencé aquí veía a ciclistas de esta edad y yo decía cómo están ahí aún, qué pereza, pero aquí estamos. A veces cuesta más entrenar y el cuidarse lo toma uno con más tranquilidad”.

Su forma de correr sigue siendo la misma, pero sí hay cambios que solo los da la madurez, como no ser tan impulsivo ni arriesgar tanto. Y quizás, eso sea una de las claves para que nunca se haya retirado en una de las grandes.

“Es un poco de suerte, salud, toco madera, una caída grave que obligue a abandonar. La mayoría de veces he tenido solo raspones y eso es suerte. Quizás en el primer Tour de Francia que lo tomé como una cosa personal el terminar, con unas condiciones muy jodidas, pero contento por haber terminado siempre y aportarle al equipo, más que una cosa individual”, concluyó Amador.