Juan Diego Villarreal. 22 febrero
 Faustino Villarevia (izquierda) revivió con su hermano Elías y su sobrino Ángel, el triunfo en la primera Carrera del Chirripó. Ambos son propietarios del Truchero San Juan, en Herradura de Pérez Zeledón. Fotografía: Alonso Tenorio
Faustino Villarevia (izquierda) revivió con su hermano Elías y su sobrino Ángel, el triunfo en la primera Carrera del Chirripó. Ambos son propietarios del Truchero San Juan, en Herradura de Pérez Zeledón. Fotografía: Alonso Tenorio

San Gerardo de Rivas de Pérez Zeledón. Aunque era un amante del atletismo que entrenaba con sus compañeros del equipo denominado Alta Montaña, casi todos los días, Faustino Villarevia jamás se imaginó ser el primer ganador de la Carrera al Cerro Chirripó.

Faustino, oriundo del poblado de Herradura de Rivas de Pérez Zeledón, tomó la partida aquella mañana de febrero de 1989 con la firme intención de terminar la carrera. En sus cuentas no estaba quedarse con el primero lugar de la competencia y menos quedar en la historia de aquella dura carrera.

Sin embargo, a sus 22 años estaba destinado a ser el mejor de la competencia de aquel lejano 1989, cuando en un vertiginoso descenso superó a seis adversarios en 17 kilómetros, para alzar los brazos como triunfador en una polvorienta calle escoltado por su hermano Elías Villarevia y su amigo Jimmy Madrigal.

No obstante, la alegría le duró apenas tres meses, ya que tenía todo listo para migrar a los Estados Unidos, por lo cual únicamente corrió aquella primera edición, antes de viajar a Nueva Jersey, donde radicó por 16 años.

El vecino de Herradura recordó, junto a La Nación, cómo fue aquella victoria, en al víspera de la prueba número 31 que se celebra este sábado 23 de febrero, saliendo de San Gerardo de Rivas, a las 7 a. m., y la cual debe cumplir 34 kilómetros. Los primeros 17 km son de un fuerte ascenso hasta Base Crestones y posteriormente deben regresar al punto de partida.

El triunfo de Faustino Villarevia en 1989 quedó plasmado en la gráfica junto a su hermano Elías Villarevia (derecha) y su amigo Jimmy Madrigal (Izquierda). Cortesía: Carrera del Chirripó
El triunfo de Faustino Villarevia en 1989 quedó plasmado en la gráfica junto a su hermano Elías Villarevia (derecha) y su amigo Jimmy Madrigal (Izquierda). Cortesía: Carrera del Chirripó

“En aquel tiempo yo entrenaba con el equipo de Alta Montaña. Hacíamos 10 km por calle de lastre hasta el pueblo de Chimirol, que ida y vuelta eran unos 10 km. Sinceramente no era de los más buenos, por eso me inscribí con la idea de terminarla, nunca pensé que iba a ganarla”, confesó Villarevia.

Faustino no esconde que sufrió mucho en el ascenso, las piernas le dolían bastante y sus rivales empezaron a superarlo, por lo que se concentró en hacer su mejor esfuerzo para no perder mucho tiempo y quedar, al menos, entre los 10 primeros de la carrera.

“Aquella primera vez el retorno fue en la casa de madera de los guardaparques, junto al río Talari, no existía la Base Crestones. Recuerdo que llegué de sétimo con un tiempo de 2 horas y 42 minutos. Firmé el libro de llegadas, me tomé una aguadulce y me dieron unos confites para el descenso”, dijo Villarevia.

“Bajando me sentí muy bien. Le di duro y empecé a alcanzar a los compañeros y cuando pasé a ser segundo me puse muy contento. Faltando unos dos kilómetros para salir a El Termómetro (ingreso al parque) alcancé a Francisco (Elizondo) y en el puente sobre el río Chirripó Pacífico, faltando como un kilómetro a meta lo dejé atrás y entré a la meta junto a mi hermano Elías y a mi amigo Jimmy Madrigal”, comentó Villarevia.

“Bajando me sentí muy bien. Le di duro y empecé a alcanzar a los compañeros y cuando pasé a ser segundo me puse muy contento. Faltando unos dos kilómetros para salir a El Termómetro (ingreso al parque) alcancé a Francisco (Elizondo) y en el puente sobre el río Chirripó Pacífico, faltando como un kilómetro a meta, lo dejé atrás y entré a la meta junto a mi hermano Elías y a mi amigo Jimmy Madrigal”, comentó Villarevia.

 Faustino Villarevia aún vive en Herradura de Pérez Zeledón junto a su familia. El excorredor es empresario y dueño de una pequeña finca de café. Fotografía: Alonso Tenorio
Faustino Villarevia aún vive en Herradura de Pérez Zeledón junto a su familia. El excorredor es empresario y dueño de una pequeña finca de café. Fotografía: Alonso Tenorio

Faustino, por algunos segundos, guardó silencio y una sonrisa delató la satisfacción de aquel momento memorable.

“Me alzaron en hombros. La gente estaba orgullosa que un vecino de Herradura ganara la carrera. El premio fue de ¢5.000, los cuales se quedaron en la fiesta, porque la celebración estuvo muy buena. Solo recuerdo que bajé muy bien en 2 horas y 20 minutos y fracción y fue una gran alegría para todos mis amigos y vecinos”, aseguró Villarevia.

Pese a la gran felicidad, el corredor nunca más volvió a competir, pues tenía su futuro planeado; en mayo de 1989 viajó a Nueva Jersey, Estados Unidos, donde laboró en un restaurante por 16 años. Guardó el dinero que ganó y regresó al país para invertir en unas propiedades.

“Cuando podía preguntaba por los resultados de la carrera. Me daba un poco de nostalgia. Me di cuenta que muy rápido rompieron mi récord y la verdad nunca esperé que la carrera se hiciera tan grande, pero al mismo tiempo me llena de orgulloso ser el primer ganador y quedar en la historia”, afirmó Villarevia en un tono humilde.

Para Faustino fue su primera y única carrera oficial en el país, pues perdió su condición física al no volver a correr en los Estados Unidos. Fue hasta el año pasado que volvió a ponerse las tenis en una carrera en Herradura, aunque solo fue por volver a sentir la adrenalina de competir.

“Volví a subir el Chirripó 24 años después de ganar la carrera. Esa vez sentí ganas de salir corriendo, pero las fuerzas ya no me dan. Quizás alguna vez vuelva a participar en el evento, pero sería para quitarme esas ganas de hacerlo de nuevo, porque a mis 53 años es claro que no puedo pelear el primer lugar”, agregó Villarevia.

Hoy en día Faustino tiene un restaurante en Herradura, una pequeña finca de café unas pocas cabezas de ganado, con el dinero que ahorro cuando vivió en los Estados Unidos.

“Ver la forma en que creció la carrera es increíble, ver atletas como Andrea Sanabria y Juan Ramón Fallas, que son tan buenos, es muy motivamente, así como el crecimiento de San Gerardo. Aunque en lo personal me gustaría que la organización tomara en cuenta a las demás comunidades, le dieran un puesto para que vendieran y así ganáramos todos”, puntualizó Villarevia.