Manuel Baltodano. 2 julio

Sentado en el banquillo del equipo de voleibol, se encuentra un hombre mayor con chaqueta y jeans que gira instrucciones. Su nombre es Jorge Castro Corella, es el entrenador del equipo femenino ateniense, en los Juegos Deportivos Nacionales, un hombre que tiene más de cuatro décadas dedicado a esta profesión.

El equipo de Atenas, dirigido por el experimentado Jorge Castro, se impuso 2-1 en un reñido partido ante San José en el Gimnasio Nacional. Fotografía José Cordero
El equipo de Atenas, dirigido por el experimentado Jorge Castro, se impuso 2-1 en un reñido partido ante San José en el Gimnasio Nacional. Fotografía José Cordero

Castro dice nunca haber pensado dedicarse por tanto tiempo al voleibol, pues su preparación fue primero para ser entrenador de fútbol.

“No tengo idea de cuántos títulos he ganado, nunca me he dado a la tarea de averiguar el número, porque nunca me imaginé que llegaría hasta aquí. Yo me preparé en la universidad más para ser entrenador de fútbol, pero por situaciones especiales pasé a ser entrenador de voleibol, pero jamás me imaginé que iba a estar más de 40 años aquí”, menciona.

En un principio, Castro se desempeñó como técnico de fútbol, e incluso algunos de sus jugadores llegaron a la máxima categoría del fútbol.

“Alejandro González, Mario Murillo, Felipe (Chucuyo) Rodríguez y José Carlos Chaves Innecken fueron algunos de mis jugadores que llegaron a Primera División”, menciona a modo de ejemplo.

Este estratega, con su larga trayectoria, ha dirigido jugadoras desde los 8 años que han llegado a Primera División (como Gabriela Araya y Fabiola Ortiz) y a la Selección Nacional. Incluso, hoy un hijo suyo es su asistente y sus nietos practican este deporte, además de haber dirigido a los actuales entrenadores del equipo masculino de Atenas.

En su currículo acumula 14 años dedicado a la formación de jugadores de voleibol y cuenta con experiencia en clubes y selección.

“He dirigido en clubes en todas las categorías, con hombres, con mujeres, en Primera División, en Juegos Nacionales, y ahora trabajo mucho con niños y niñas”, menciona Castro.

Entre los equipos que ha comandado se encuentran Atenas, Miramar y Sarchí, además de la Selección, con la que ha competido en distintas partes del mundo.

Luego de tanto tiempo en el voleibol, el timonel de Atenas se ha mantenido actualizado sobre las nuevas tendencias que se manejan, gracias a las personas que lo rodean y a cursos de capacitación.

“Yo estoy rodeado de mucha gente que se entera mucho del voleibol y voy aprendiendo de ellos. Años atrás sí hice varios cursos internacionales tanto en Costa Rica como en México, donde estuvimos un mes. Con Miramar fuimos a jugar unos partidos a Taiwán y con la Selección fui a Colombia, entonces con el transcurso de los años uno va aprendiendo y alcanzando cierta madurez”, respondió el jefe del banquillo del cantón alajuelense.

Castro confiesa que en sus entrenamientos es especialmente detallista con la defensa y trata de imprimirle dinamismo a sus prácticas, que son de dos horas tres veces por semana.

“Son entrenamientos dinámicos y le prestamos mucha atención a la defensa, porque nuestro equipo no tiene mucha estatura, entonces tenemos que ser muy buenos en defensa y muy inteligentes en la red. Trabajamos eso”, explica.

Él se describe como un técnico exigente, que requiere jugadores disciplinados, algo que le ha dado resultados. Esta descripción la confirma Gabriela Araya, capitana del equipo ateniense que practica este deporte desde hace siete años y ha estado siempre dirigida por Jorge Castro.

“Él fue quien me enseñó a jugar. Aparte de la parte técnica y táctica, siempre he dicho que es un excelente formador de personas y esa parte integral es la que nos ha hecho tener mucho coraje y levantar partidos que estaban perdidos. Esa ha sido su mejor enseñanza: formarnos como personas, enseñarnos a ser valientes, fuertes e inteligentes dentro y fuera de la cancha”, describe Araya.

Y agrega: “Él es súper exigente, con él la disciplina es fundamental. Siempre está ahí corrigiéndonos. Si hacemos un mal pase, él nos dice por qué hicimos ese mal pase y que lo corrijamos de tal manera. Nos explica cómo hacerlo mejor”.

Esta es la historia del formador por excelencia que dirige uno de los equipos de mayor tradición en el voleibol nacional.