José Pablo Alfaro Rojas. 26 diciembre, 2018

La tenacidad fraguó el camino de Bryan Salas. El ganador de la Vuelta a Costa Rica fue el mismo joven que vendió su consola de play station para armar, por partes, una modesta bicicleta, necesaria para ingresar al Comité de Deportes de San José y empezar a competir.

También convenció a su familia de apoyarlo, cuando existía un justificado recelo hacia la disciplina; años atrás, su tío José Luis falleció en bicicleta luego de chocar contra un bus, cuando bajaba por la ruta a Cañas.

Nadie pudo obligar a Salas a bajar de la bici. Lo criaron en Concepción de Alajuelita y nunca ganó una medalla de oro en Juegos Nacionales.

Bryan Salas atacó y a su rueda se pegó el colombiano Jonathan Cañaveral. Fotografía: Luis Barbosa / CRCiclismo

El reciente triunfo de este profesional en imagenología diagnóstica y terapéutica nace de la resistencia para seguir peleando, aún cuando el foco de atención no se colocaba sobre él.

Unas semanas antes del inicio de la Vuelta, leyó un artículo sobre los favoritos a ganar el evento. Su nombre, ni por lejos, aparecía allí.

Es quizás la persistencia la que provocó que este ciclista de 26 años transformara cada ‘no’ en un ‘sí’, una psicología inversa que alimentó sus ganas.

“En los días previos a la Vuelta siempre hay mucha expectativa. Empieza a salir entrevistas que uno siempre lee. Mencionaban a todos, pero yo estaba en la sombra, pero entre más no, era como que me dijeran que sí. Yo me decía a mí mismo, ¿por qué no puedo ganar la Vuelta?”, afirmó.

Sin hijos y con novia, Salas se mudó de Alajuelita a Barva hace 10 años.

Aunque su formación empezó en el cantón josefino, cuando se escapaba cada sábado y domingo para correr siete horas diarias, Salas confiesa que fue en Heredia donde se empezaron a abrir las puertas.

El ciclista del del Nestlé 7C CBZ Giant Bryan Salas (adelante) lanzó su ataque en un momento clave y sacó el tiempo necesario para ser líder, en la etapa nueve de la Vuelta a Costa Rica. Fotografía: Luis Barbosa / CRCiclismo.

Se inauguró en la Vuelta con el equipo del ciclo Olman Ramírez hace cinco años y desde ese momento supo que quería más.

Nunca imaginó que podría vivir del ciclismo, hasta que el equipo Nestlé 7C Giant lo reclutó y empezó un proceso de crecimiento continuo.

Su entrenador, Yurandir Leandro, lo define como un ciclista con buenos atributos para la contrarreloj y la escalada.

Aunque pocos lo veían ganando el evento más importante del ciclismo tico, Leandro afirma que Salas era una de las tres cartas que mejor se proyectaban, junto a Joseph Chavarría y Daniel Bonilla.

“Aparte de lo físico, tenía una gran actitud mental. Cuando lo llegué a conocer supe que era un gran campeón”, apuntó Leandro.

Después de ganar y quedar en la historia, a Salas aún le cuesta asimilarlo.

Se levantó este miércoles y se dijo a si mismo: ‘Créalo, es cierto’.

Hoy recuerda cuando fue al ciclo a armar aquella primera bicicleta.

“Iba escogiendo para ver si me alcanzaba. Empecé por un marco, luego los aros, todos los accesorios, la suspensión, la manivela y la transmisión. El dinero tenía que alcanzar para todo”, cuenta Salas. Hoy es una anécdota.