El golpe que dio Estados Unidos en el último minuto del encuentro contra Argelia para clasificar puede ser un aluvión de motivación para esta nueva instancia.
Los norteamericanos, siempre caracterizados por la forma en cómo uniformemente mueven su bloque, fueron uno de los equipos que jugó mejor a lo largo de la fase inicial, más allá de que sus resultados no lo indican de esa manera.
Tuvo que sufrir para clasificar (errores arbitrales lo complicaron), pero aún así, el ascenso del futbol norteamericano a nivel internacional es notable.
Ya pasó a ser más que un participante. Ahora un competidor.
En cambio, Ghana se desinfló conforme avanzó la Copa.
Triunfó en su primer partido contra Serbia, empató ante Australia y perdió frente a Alemania.
No es tan fuerte como se esperaba, aunque tiene el típico perfil de un equipo africano: fuertes y rápidos, pero le falta un controlador de los ritmos del partido. Lo perdieron cuando se lesionó Michael Essien.
Además, Ghana tiene sobre sus espaldas todo el peso de África.
Estados Unidos cuenta con Landon Donovan, Clint Dempsey y Michael Bradley en el medio, jugadores que continúan haciendo que las miradas giren hacia ellos.
