Amado Hidalgo.   14 agosto

Keylor Navas está loco si cree que competirá con Thibaut Courtois. No por falta de capacidad. Sencillamente, no lo dejarán.

Así que están equivocados quienes creen, él entre ellos, que irse a otro club sería un acto de cobardía o una muestra de debilidad. La lectura que Navas hace de su situación está distorsionada. Cree que con su capacidad es suficiente para ganarle una nueva batalla a su verdadero rival en la portería: Florentino Pérez.

Un milagro o un accidente. Eso es lo que requiere el tico para mantener la custodia del marco blanco. Algo tan insólito como el fax tardío que lo bajó del avión con rumbo a Manchester e impidió que De Gea abordara otro con destino madrileño.

Aquel retraso de 32 minutos fue una bofetada para Florentino. Keylor terminó de cachetearlo con sus actuaciones y, sobre todo, con los títulos que lo catapultan a la cima entre los guardametas del Madrid. Nadie ganó más que él en la historia de los cancerberos madridistas.

Casi como un ángel, para alargar ese cuento de príncipe encantado que ha vivido, llegó Zidane a la vida de Navas. Sin él, posiblemente sus días en el Bernabéu hubiesen terminado hace rato, o no tendrían el color de esas memorables noches abrazado al trofeo más preciado de Europa.

El francés no aguantó las imposiciones del tiránico presidente y lo dejó hablando solo. Ronaldo hizo lo mismo, cansado no de la rivalidad con Messi, sino de esa lucha de egos con el único rival a quien no podía derrotar con goles: Florentino.

Pérez sucumbió ante los delirios del poder. Se cree más grande que el Real Madrid. Ese egocentrismo enfermizo ha roto el camerino de un gran equipo que estaba para seguir conquistando Europa. Jactarse de tener el destino de Ronaldo o Zidane en sus manos, de empujarlos por la puerta de salida, gratifica más su alma de dictadorcillo sin escrúpulos.

Si ha hecho eso con las joyas más preciadas del madridismo, ¿qué no hará con un tico que lo desafió sin palabras, puso en su contra a la mayoría de la grada y terminó por conquistar un camerino que seguramente lo miraba también con escepticismo?

El Real Madrid no necesitaba a Courtois. Requería de un delantero que al menos intentara aportar una porción de los muchos goles que se fueron con Cristiano. Pero Florentino si necesitaba al portero belga. Con su contratación, al menos podía patearle el trasero a uno de los mimados de la afición. Dos de los otros, Ronaldo y Zidane, se lo patearon a él, aunque, en su megalomanía, crea que fue al revés.

Por lo mismo, el destino de Navas no está en sus manos. Salvo una debacle de Tibaut, o quizás una lesión, su lugar en el Madrid será de segundón. Porque no lo compraron para que compita con el tico. Florentino lo llevó como una demostración más de su omnipotencia.

El representante y su entorno han aconsejado mal a Keylor. Con la salida de Ronaldo y Zidane, era el momento para irse, dejando esa estela de grandeza que ni Courtois ni otro portero podrá igualar, en un Real Madrid en llamas. En peligro de sucumbir ante los actos incendiarios de un presidente que se aferra a su silla para contemplar, cual Nerón moderno, su despótica obra.

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