Pablo Gabas. 17 julio

Luego de muchos años de fútbol, haciendo siempre lo que más me gusta, me tocó ser parte de un programa familiar llamado Conexión Fútbol, proyecto en el que desde hace mucho tiempo me invitaba su director y conductor Pablo Guzmán. Al final, se hizo efectivo una vez que me alejé de las canchas.

En una reunión antes de iniciar mi participación en el programa, me comentó sobre los panelistas que iban a estar y uno de ellos era Alonso Solís. ¡Uff! Alonso Solís, rival de muchos años, el de la acera de enfrente, en mi más acérrimo rival.

Hoy los dos vivimos desde afuera lo que ocurre adentro de la cancha, al punto de que antes de un clásico nacional llegamos a apostar grandes cantidades de dinero en comidas y terminan ganando los compañeros del programa, que disfrutan comiendo sin apostar ni un cinco. Cada uno defiende sus colores incluso en los juegos realizados en el programa: el tenis fútbol, 3 contra 3 y el fútbol amarrado son competencias que se vuelven intensas y en las que nadie quiere perder, al punto de que aunque es un juego lo hacemos sin pensar que hay mañana, porque entre los televidentes estarán los morados y manudos; por consecuencia nosotros los terminamos representando.

Luego de que finalizan, nos saludamos y cada uno se irá para la casa, uno con la sonrisa y el otro con la bronca, pero todo llegará hasta ahí.

Con esto traigo a colación los saludos de aniversario de las instituciones. Primero fue el Deportivo Saprissa cuando el equipo Centenario cumplió días atrás y, en los pasados, fue de Liga Deportiva Alajuelense hacia el equipo morado.

Años atrás era distinto, las felicitaciones pasaban de largo, se tomaban poco en cuenta, pero hoy las redes hacen que esto se acorte y termine siendo una obligación de la institución dar la felicitación por lo acontecido.

Digamos que es lo políticamente correcto porque los dos se necesitan para sus mercadeos; muchas marcas buscan compartir sus presupuestos anuales divididos en los dos equipos más importantes del país y hasta sus emociones.

Eso sí, y con esto finalizo, una cosa es afuera y otra bien adentro. Ahí no hay más allá, no hay aniversario, no hay compasión, no hay sonrisas ni abrazos de amigos de toda la vida, ahí es uno o el otro. No me vendan el que es solo un resultado, porque al final del día uno se irá sonriendo y el otro solo tendrá que conformarse con que habrá otra oportunidad.

Y si me encuentro a Solís, intentaré que se vaya triste a casa y sé que él buscará lo mismo. Nadie querrá perder.