Antonio Alfaro.   21 julio

El fútbol está lleno de mentiras, repetidas a conveniencia como verdades absolutas. Algunas son tan buenas que en ocasiones parecen verdades, como aquella de “ya no hay equipo pequeño”.

De autor desconocido, sin duda la inventó un técnico en deuda con su papel de favorito, corolario de una derrota, un empate o una victoria sin convencer ante un cuadro de menores atestados. La tesis, usada una y otra vez por cientos de técnicos, incluido Gustavo Matosas en Copa Oro, no tardará en aparecer en el nuevo campeonato nacional.

Si ya no hay equipo pequeño, ¿podemos pedirle a la Sele que le pase por encima a Brasil? Probablemente, no: la frase aplica solo si a Costa Rica le cuesta derrotar a Bermudas. Si ya no hay equipo pequeño, ¿los ticos tienen todo para frenar la supremacía de los mexicanos en el torneo de la Concacaf? Probablemente, no: la frase aplica solo si un equipo de Nicaragua da dolores de cabeza. Si ya no hay equipo pequeño, ¿La U, Jicaral y Limón son candidatos al título? Probablemente, no: la frase aplica si alguno de los llamados grandes pierde puntos ante los de abajo.

Dirán que San Carlos es la prueba irrefutable, cuando en realidad se trata de la excepción, un club pequeño, con planilla de mediano y sueños de grande.

Su título, el de un Pérez Zeledón estable con José Giacone o las clasificaciones de un Santos que gestó un verdadero proceso, ahora diezmado por la partida de jugadores, muy a pesar de la capacidad de Johnny Chaves, engrandece sus méritos, pero no elimina las diferencias con los favoritos.

Si ya no hubiese equipo pequeño, producto de una igualdad de de fuerzas desde no sé cuándo hasta la fecha, Saprissa, Alajuelense y Herediano no habrían acaparado 26 títulos de los últimos 30.

San Carlos no tiene seis extranjeros como Alajuelense, ni la planilla de Herediano o Saprissa.

Bien dirigido, sin penurias económicas, favorecido por una Fedefútbol que despreció a Luis Marín, inspirado y con el apoyo de una ferviente afición, pelea otra vez contra pronósticos. Dará golpes como el de anoche ante un Saprissa si ensamblar y aprovechará la mínima oportunidad que le dejen los llamados grandes.

Son ellos, los llamados a ganar, por planilla y recursos. Mientras tanto, los pequeños existen y existirán, empezando por los favoritos que echen mano a la gran mentira. Esos también son pequeños.