Fiorella Masís. 27 noviembre, 2020

El repunte de Saprissa tiene varios factores, internos e incluso externos. Lo más evidente ha sido la llegada de las anotaciones; sin ellas se estaría contando otra historia.

Mariano Torres y Michael Barrantes celebran la anotación del segundo ante Guadalupe, el pasado 15 de noviembre. Foto: John Durán
Mariano Torres y Michael Barrantes celebran la anotación del segundo ante Guadalupe, el pasado 15 de noviembre. Foto: John Durán

El conjunto tibaseño concretó 16 goles en sus últimos cincos partidos, mientras en los 11 anteriores apenas había hecho 14.

También apareció la figura de un goleador, que tanta falta le hacía al trabajo del equipo morado. Johan Venegas se apuntó siete dianas (cuatro en Concacaf, tres del torneo local).

Pero esa generación de oportunidades, mayor claridad e incluso sincronía —sin que esto signifique que vemos su mejor versión—, también tiene una explicación en tres futbolistas que se convierten en elementales para el juego al que aspira la S.

Mariano Torres, Marvin Angulo y Michael Barrantes forman parte de una columna vertebral necesaria, aunque por momentos para Wálter Centeno fue un lío encontrarla.

Sobre todo le costó hallarle un campo a Barrantes, pero cuando este entraba, le resolvía problemas de manejo de balón y participaba directamente en las ocasiones de gol.

Finalmente, el experimentado volante se ganó la estelaridad, justo cuando su club empezó a mejorar. Desde el duelo contra el Municipal de Guatemala hasta ahora.

Él mismo reconoce sentirse en buen nivel en este momento del certamen: “Estoy con mucha confianza, contento, motivado y con ganas de seguir aportando”.

En ese partido ante los chapines empezó el repunte morado y desde entonces muestra otra cara.

Mariano y Angulo también se volvieron más participativos al momento de ir al ataque, de intervenir de una u otra manera. Su presencia en cancha no varía, pero sí su influencia, si bien desde el inicio han sido indiscutibles: el argentino es el tercer jugador con más minutos (1157) y Marvin el cuarto (1042).

Junto a Barrantes los tres dan dos aportes: equilibrio y al mismo tiempo ofensiva.

Cuando participan activamente, Saprissa tiene una mejor cara, porque ya no se trata solo de poseer el balón, cuidarlo y pasearlo, sino de generar peligro. Ese es el cambio más importante.

Tomando en cuenta los partidos posclásico: Municipal, Pérez Zeledón, Guadalupe, Santos y Herediano, también hay números que coinciden en lo visto sobre la gramilla.

De los 16 goles, ellos tres han intervenido en 10 (solamente tomando en cuenta goles o asistencias).

El mismo Mariano y Barrantes se encargaron de acabar con la “maldición” de Saprissa sin poder anotar en pelota quieta con dos tantos de tiro libre.

Y si no es asistiendo o concretando, participan en el pase previo, como ante Herediano. Barrantes abrió la cancha hacia Ricardo Blanco y este centró a David Guzmán. Después, el penal concretado por Johan Venegas vino de una falta sobre Angulo.

Incluso cuando están ausentes hay situaciones que reflejan su necesidad. Así lo hacía notar Paté ante Santos cuando pedía incansablemente que la pelota fuera a Mariano en el intento por romper el bloque impuesto por los caribeños.

Ese día el rival logró frenar el ímpetu de días atrás, recuperado después ante el Team. Aunque algo sí demostró ese juego: para Saprissa resulta mucho más difícil penetrar un equipo que apuesta a esperarlo.

Marathón (el próximo martes), Grecia y el rival en semifinales dictarán si esa sintonía, hasta ahora determinante, podrá mantenerse.