Roberto García H.. 16 marzo

Definitivamente, el fútbol no escapa a la crisis de valores que afecta a nuestra sociedad. Cada semana se presentan situaciones extra-cancha que ocupan espacios en los medios y atizan polémicas a la postre estériles, tras las que todos perdemos, tanto los involucrados como el tejido social que nos hace palpitar y justifica la dinámica de nuestro planeta-fútbol.

No es posible que la controversia entre una gloriosa institución y un futbolista salga a la luz pública y cobre ribetes de dramatismo, cuando todo se pudo haber resuelto a lo interno, “lavando los trapos en casa”. Me refiero, claro está, al sainete entre Liga Deportiva Alajuelense y el guardameta Esteban Alvarado. Un asunto tan sencillo como que el golero se dejó decir en la televisión que la Liga no es un equipo grande, provocó una conflagración en los predios del Morera Soto, a tal punto que ardió Troya y la representación eriza reaccionó con la misma insensatez.

La cuestión afloró a raíz de una bendita norma en el contrato de trabajo entre el atleta y el club. Insólitamente, esta insinuaba la titularidad de Alvarado en el marco rojinegro, inciso fuera de lugar, puesto que todos sabemos que la titularidad y el protagonismo se ganan por méritos, no por cláusulas.

Además, como apuntó mi colega Amado Hidalgo en esta misma tribuna, el miércoles, el novelón se puso de lo lindo, a tal grado que mientras el jugador ocupó cámaras de un canal presuntamente adversario del que posee los derechos de transmisión de la Liga, la entidad respondió, con similar virulencia, en el correspondiente. Así las cosas, vimos la tragicomedia en las secciones deportivas de los dos medios televisivos más importantes del país. Escuchábamos una versión en un canal y, de seguido, sintonizábamos el otro para atender la réplica. De ahí el meme que circuló en las redes sociales, de que, por primera vez en la historia, una telenovela transmite un capítulo crucial en un canal y el siguiente, emocionantísimo, en otro. ¡Válgame Dios!

El fútbol no da para tanto. No podemos darnos el lujo de que una gran institución arriesgue su prestigio, ni deberíamos permitir que el valioso concurso de un guardameta, con los pergaminos de Alvarado, se pierda por semejantes minucias.