Daniel Jiménez. 3 marzo

Wálter Centeno vive el partido de manera intensa. Tras la línea de cal es un entrenador exigente, tiene autoridad y va a muerte con su idea. Posee tres palabras clave: “control”, “pase” y "presión”.

La zona técnica parece quedársele corta. Es como si Paté quisiera meterse a la cancha, tal y como sucedió este domingo en el triunfo por la mínima ante Carmelita en el estadio Rafael Bolaños.

Wálter Centeno se mostró intenso y exigente en el banquillo morado en el juego frente a Carmelita. Foto; José Cordero
Wálter Centeno se mostró intenso y exigente en el banquillo morado en el juego frente a Carmelita. Foto; José Cordero

Wálter le da indicaciones a sus jugadores como si viera el partido una jugada adelante a la que realmente está pasando. “Golobio vaya al cierre” y la pelota la tenía el equipo en ataque... por ejemplo.

El estratega repitió la palabra “control” en 25 oportunidades. Es su favorita. Si Michael Barrantes tiene el balón: “¡control!”. Si Juan Bustos Golobio tiene la redonda: “¡control!”. Así sucesivamente cuando el esférico estaba en los pies de Mariano Torres o Marvin Angulo, como si quisiera ganarle la partida a la impaciencia, como si fuese inmune a los minutos que pasaban y pasaban con el 0 a 0 en el marcador, sin muchas opciones claras de gol, durante casi una hora de partido.

Y así fue el partido: la S estuvo a su gusto frente a su rival de turno. El equipo llevó el juego justo donde Paté quería. Eso sí, el juego directo de los carmelos con Olman Vargas amenazaba, pero sin daño al fin.

Cuando los dirigidos por Fernando Palomeque le hacían presión alta a sus centrales, Centeno le giraba indicaciones a Barrantes: “Hey, posesión larga”. Refiriéndose a un pase largo con intención a algún espacio para Johan Venegas o Rubilio Castillo.

Es decir, el “pelotazo” con intención sí está permitido, aunque tampoco engolosinarse. “Hey, llevamos tres ya, ya no más. Control. Tranquilos”, dijo Wálter poco después.

Quizás a los jugadores que tiene más cerca es con los que trabaja de manera más insistente. Le sucedió a Ricardo Blanco y a Christian Bolaños en el primer tiempo y a Johan Venegas en el segundo.

Comencemos con Blanco. Centeno utilizó frases como: “Vaya Richy, ya le llega Bolaños”. “Bolaños, llegue ahí. Acompáñelo”.

A Bolaños: “Bola quédate allá con Palomeque”. Refiriéndose a que lo quería abierto en el costado derecho, frente al nuevo técnico de la barriada, gestor de un Carmelita con menos fantasía y más orden, compacto, de cerrar espacios a como dé lugar.

En el segundo tiempo fue algo similar con Johan Venegas mientras le tenía la mano en su espalda: “Venegas vení acá. Quedate parado aquí, no corrás, quedate parado”.

Wálter Centeno, entrenador de Saprissa, le da indicaciones a Johan Venegas. Fotografía José Cordero
Wálter Centeno, entrenador de Saprissa, le da indicaciones a Johan Venegas. Fotografía José Cordero

En conclusión: Paté quiere a sus volantes como extremos “bien abiertos”, jugando al límite del terreno de juego para que busquen espacios “abriendo” la cancha. El estratega desea que la pelota sea la que gire y gire.

Esto sucedía mientras el juego seguía cerrado: la S con la redonda de aquí para allá. De allá para acá. Eso sí, siempre atrás, en zona baja. También mientras se daban un par de abucheos en las gradas ante pases de volantes morados hacia atrás para Barrantes y otro a Aubrey David. Algún sector de la afición quería vértigo y un juego más directo, con mayor profundidad.

Luego del control. Sigue el pase, pero cuando se pierde la pelota da pie para una exigencia clara: “¡Presión!”. Esta es su tercera palabra predilecta. Cuando no tiene la bola la repite hasta el cansancio y sin parar... “presión, presión, presión, presión, presión”.

Presión cuando Rubilio marcaba en la salida a Bryan Orue. Presión cuando Blanco marcaba a Nextaly. Presión cuando Barrantes intentaba robarle el balón a Vargas.

También el timonel desea que siempre haya un creativo sin marca para que ayude como comodín: para crear o para evitar un contragolpe en el que su equipo quede mal parado en la zaga.

"Alguno al centro: Golobio vaya usted”. Le decía al mediocampista cuando Mariano tenía la pelota y Angulo estaba por otro extremo. O cuando era hora de replegarse.

En los saques de puerta del rival quiere a su equipo bien junto. “Cierra. Venegas, cierra”. Con esta indicación lo que deseaba era que su extremo se fuera más hacia el centro del campo mientras el portero Kevin Chamorro realizaba su saque.

Para los hombres del banquillo también había palabras aunque no estuvieran en el juego.

“Si está de espalda, no lo toque porque si lo toca, es falta”. Les dijo luego de una jugada entre Mariano Torres y Nextaly Rodríguez.

Minutos más tarde, en una acción entre Bolaños y Bryan Orue, explicó: “Ahí usted hace que va a a correr, pero se queda y genera un espacio”.

Otro aspecto es que al técnico no le gusta que sus jugadores le reclamen al árbitro, como lo hizo con Venegas. “A jugar Johan, vamos a jugar”.

La anotación del Saprissa llegó a los 57 minutos tras una jugada de Blanco y Angulo. El creativo recepcionó con pierna derecha y mientras el balón estaba en el aire, brindó un fuerte disparo al ángulo. Imposible para Chamorro. Un golazo.

Marvin Angulo casi que no celebra sus goles. Los festeja en silencio junto a sus compañeros. Foto: José Cordero
Marvin Angulo casi que no celebra sus goles. Los festeja en silencio junto a sus compañeros. Foto: José Cordero

Con el tanto, Centeno chocó su mano con su asistente Andrés Arias. Luego aplaudió. Luego se le acercaron Barrantes y Golobio.

Tras el gol, Paté quería más. “Vamos, vamos Saprissa, a hacer otro”. “Vamos Saprissa, quiero más, quiero más”.

En el campo habían opciones: John Jairo Ruiz tuvo un cabezazo. Mariano dos remates de zurda. Un desborde de Bolaños por derecha ante una buena salida de Chamorro.

Mientras se daba el minuto de hidratación, Wálter brindó un mensaje corto: “Vamos a buscar el partido. Vamos a liquidar esto buscando otro gol, pero ojo... con mucha cabeza y sapiencia”.

Quizás la opción más clara de anotar del equipo local se dio tras un fallo en salida del volante Rándall Leal, quien no cumplió la premisa de servir el balón a un compañero y le robaron la pelota.

Ahí Paté se hizo sentir. Le mostró a Leal que su idea de juego va primero y que desea un fútbol de toque, máxime que su club iba en salida.