Danilo Jiménez. 15 marzo

Esteban Alvarado eligió para sí un presente de polémica, cuando en realidad podría estar parado bajo un marco dándole de comer a su leyenda, en Alajuelense o en donde se le antojara.

El guante de oro al mejor portero del Mundial Juvenil Egipto 2009 y arquero del año con el AZ Alkmar holandés en 2010, devino estos días en un profesional de dudosa ralea, al traicionarse a sí mismo en un arrebato de esa malsana insensatez que lo envuelve con cierta frecuencia.

Con casi 30 años sobre el lomo -los cumplirá el 28 de abril próximo- es un proyecto de algo bueno que no termina de cuajar, bien porque se pelea con un técnico, un compañero, un dirigente o un imposible.

¿Por qué alguien que tiene todo para consagrarse vuelve a errar el tiro y arma un lío al faltar al profesionalismo y ampararse en una ambigua cláusula para justificar que dejó tirado el trabajo y que encima quiere comprensión y trato de héroe?

¿No era mejor entrenarse con todo, pelearle el puesto a Patrick Pemberton y redondear el estado ideal para que el destino siguiera el curso de los acontecimientos y lo pusiera en el lugar que le corresponde?

Esta semana Esteban televisó “su verdad”, pero en realidad lo que hizo fue sacar a la luz que planeaba alzarse con el puesto por una supuesta ventaja escrita en un contrato que le reconocía el rol de figura que, en realidad, no tiene.

Y carece de él porque cuando debe pelear de igual a igual por algo recula y se ausenta ¿Ah no? Ya olvidaron aquella vez con Jorge Luis Pinto, en noviembre de 2011, cuando en otro acceso de estrellitis se autoexcluyó de los amistosos ante Panamá y España.

La Fedefútbol lo castigó con una sanción de cinco meses alejado de la Sele. Parece que a Alvarado no le gusta que el DT deba escoger entre él y otro porque da el paso al costado.

Esteban tenía en Alajuelense una oportunidad dorada para redimirse, un techo para cobijar la promesa de días mejores, una divisa y una hinchada para dejarse querer y disipar dudas.

Pero salió de la peor manera, enemistado, peleado con todos, sin un ápice de profesionalismo y confirmando que esos que lo señalaron en otros pasajes por sus actitudes, no estaban equivocados.

Este es el final de su historia aquí pues nadie con un gramo de sensatez le daría otra oportunidad.

También se esfuma su posibilidad de hacer carrera en la Sele, con un proceso en ciernes, un entrenador que ya tuvo su probadita con él y una duda creciente acerca de lo que Esteban realmente quiere hacer con su carrera. Una pena y una lástima.