Roberto García H..   6 abril

Guardo un gran respeto por mis colegas del periodismo deportivo, hombres y mujeres que cubren el fútbol y otros deportes, con dominio del tema y hábil uso de la tecnología, razón por la que me anima un espíritu constructivo al criticar el modo de hablar tan extraño que ha adoptado el gremio últimamente, con vocablos sacados de quién sabe dónde y que, por esnobismo, se utilizan hasta la saciedad. Empecemos con el término de “pie educado”. Por más vueltas que le doy, no imagino a un pie sentado en un pupitre, como para que se pueda decir de un futbolista habilidoso que hace gala de “un pie educado”.

Sigamos con el “gesto técnico”. Si un jugador, con o sin el balón en sus pies, realiza con sobriedad una acción, ahora le llaman gesto técnico a lo que antes conocíamos como virtuosismo o habilidad. Continúo con “en cancha”, sin el artículo “la”. Esta es una modalidad proveniente de América del Sur. ¿Será que si un periodista nacional dice “en cancha”, en lugar de “en la cancha”, aumenta su conocimiento en táctica y estrategia?

Soy asiduo consumidor de radio, televisión y prensa escrita. Sintonizo los programas deportivos mientras lavo los trastos, tiendo la cama, sacudo los muebles, paso el “palo e’piso”, saco el perrito a pasear, localizo al gato y cumplo con todo el oficio que mi esposa Marita (de armas tomar) me encarga desde que estoy jubilado. De manera que al exponer estos apuntes, lo hago consciente de que no es fácil hablar bien ante un micrófono, por ejemplo. Cada vez que mi amigo y colega Miguel Cortés me presta el churuco en su programa Oro y Grana, me veo a palitos para salir airoso, y ni les cuento de la angustia al empezar a escribir ante la pantalla o página en blanco. Precisamente, porque sufro por parecidas limitaciones, insto a mis colegas a hacer un buen uso del idioma. Hay que esforzarse al elegir las palabras, piezas de nuestro ajedrez, y conocer el sentido de los refranes, que no siempre se aplican con propiedad. Los comunicadores estamos obligados a buscar la excelencia, pues nos debemos al público. Parodiando una frase famosa relacionada con el balón de fútbol, pero aplicándola al lenguaje, yo diría que “el idioma no se mancha”.