Antonio Alfaro.   23 diciembre, 2018
Jafet Soto, expulsado por el árbitro Pedro Navarro, apenas a los diez minutos del juego final en el estadio Saprissa. Fotos de Diana Méndez

Hace apenas tres semanas destaqué la actitud de Jafet Soto, alejado de la polémica, sin frases incendiarias, indiferente ante cualquier anzuelo lanzado por la prensa. Parecía concentrado en la estrategia, en ese Herediano sólido, en franco ascenso, amenazante después de una primera fase deficitaria. Me embarqué. Y la culpa es sola mía; ni siquiera de Jafet.

Justo ese día, Soto arremetió contra el programa Zona Técnica, donde, como panelista, soy testigo de los recientes esfuerzos por ofrecer una mezcla de argumentos, datos, análisis y opinión. Justo ese día, la quiniela del programa deparó cuatro votos contra dos en favor de Herediano sobre la Liga, como cierre de una hora cargada de elogios hacia Leo Moreira, Allan Cruz, José Guillermo Ortiz y compañeros.

En todo caso, aunque Alajuelense hubiese figurado como el favorito nuestro, nada justificaba aquel desplante en conferencia de prensa, la actitud intimidatoria ante un joven periodista, colaborador en las redes sociales del programa, libre de pecado ante el criterio de quienes aparecemos frente a las cámaras.

Tan solo una semana después, Jafet Soto se encargó de remachar la desazón con las ya mundialmente famosas frases “me caés mal” y “sos un mala leche”, como respuesta a una pregunta común y corriente en conferencia de prensa.

La pregunta no fue el detonante, claro está. Detrás de aquello —según entiendo— hay desencuentros y desacuerdos entre el periodista y el técnico. Sin embargo, aunque el comunicador se hubiese declarado antiherediano —no me consta—, declaratoria que sería de mal gusto, nadie tiene el derecho de convertir la conferencia de prensa en un espacio para sacadas de clavos o careos personales. Es un irrespeto al aficionado, una bofetada al profesionalismo.

Al menos, la Unafut cambiará los reglamentos para sancionar semejantes desplantes contra periodistas.

No creo que eso sosiegue al hoy técnico de Herediano, a quien nadie puede calificar de hipócrita. Dice lo que piensa sin censura ni diplomacia, con una franqueza que sería admirable si no fuese acompañada de irrespeto.

El propio temperamento lo derrota muchas veces y así como contagia coraje a sus jugadores también los deja abandonados con una expulsión apenas a los diez minutos de juego, como sucedió este domingo en la final.

Con igual franqueza a la suya, debo decirle a Soto que lamento su regreso a los desmanes, no solo por mi estropeada columna anterior, sino porque empaña la labor de uno de los hombres de fútbol más brillantes del país, conocedor, astuto, trabajador incansable, así de gerente como de técnico, gestor del título Herediano contra todos los pronósticos, en una Cueva que tenía al Saprissa invicto.

Cualquier club desearía tener un Jafet Soto, en versión respetuosa.

El técnico herediano logró vivir los minutos finales en los línderos de la cancha. Ahí giró algunas instrucciones. Foto: Rafael Pacheco
Jafet Soto, gestor del título florense gerente y como técnico, festeja su primer título como timonel. Foto: Rafael Pacheco

P.d. Esta columna de opinió fue publicada en el periódico impreso de este domingo y actualizada para la web recién concluida la final frente a Saprissa.