Amado Hidalgo. 13 marzo

Hace un tiempo escribí aquí que era sano para el fútbol, y más para Heredia, que hubiese absoluta claridad acerca de la fuente de ingresos del club. Porque si llegaba a descubrirse algo irregular, la institución podría quedar en el limbo.

La reacción de Jafet Soto fue virulenta. Cuestionó mis intenciones, a partir de unos supuestos colores deportivos e igual intentó poner en duda mi integridad como periodista, una profesión que si bien ya no ejerzo, nunca he olvidado las buenas clases de cómo hacerlo apegado a la ética.

Ahora, como en aquel entonces, Jafet atacó al mensajero y exigió, para dar declaraciones, el retiro del micrófono de Canal 7, tras el pasado cotejo frente a Grecia. Una censura imperdonable. Además, una triste evidencia de que el entrenador y gerente deportivo es incondicional a sus patronos, lo cual tiene algunos riegos.

Esos peligros son los que, hace tiempo, quise advertir. No porque me interese atacar al Herediano o defender otras banderías, sino porque me inquieta que un equipo con ese abolengo esté en manos de unos aparecidos, sin saber de ellos más que lo que nos han querido enseñar, por medio de la imagen bonachona de David Patey.

Ahora, que Canal 7 saca a la luz las investigaciones de la Fiscalía en contra de Patey y quien parece ser el mecenas del club, Scott Brannon, no es un buen mensaje que Jafet quiera matar de nuevo al mensajero, sin dar cabida al menos a una pequeña duda en relación con quienes le pagan su salario.

No estoy condenando a nadie. Admiro el “heredianismo” de Soto y sé que ama la camiseta que lleva puesta. También es posible que la investigación de la Fiscalía termine en que no hay delito que perseguir. ¡Ojalá por Jafet y todos los seguidores del Team!

Pero el DT y gerente florense debe entender dos cosas. La primera: No puede arremeter contra los demás, cada vez que ocurre algo que afecte los intereses del club o sus personeros. Porque así como declara un día non grato a un árbitro, a un periodista o a un medio de comunicación, le tocará hacerlo con la mismísima Emilia Navas. ¡Dios guarde se le ocurra un día visitar el Rosabal!

La otra es que, aun cuando los mecenas de su club no estén dedicados a nada delictivo, la gente tiene derecho a dudar y a cuestionar, ante esas inocentes y evasivas explicaciones del buen momento financiero y deportivo desde la llegada de Fuerza Herediana. Repetir que su planilla no es la más cara del país, que las taquillas y patrocinios son suficientes para pagarla y cosas por el estilo, solo hacen que se avive el fuego de ese morbo justificado entre quienes suman y suman y no dan con las cuentas.

Es mejor la verdad. Si Heredia subsiste con las apuestas organizadas por Brannon, que no son ilegales aquí, y a nadie en la institución le parece reprochable el origen de los dineros que alimentan esa maquinaria del azar… Pues listo. Pero que no vendan historietas para niños.