Fútbol Nacional

Opinión: Malos ganadores y pésimos perdedores

¿Es más fácil aprender a ganar o a perder? La respuesta en este país no presenta dudas: No sabemos ni lo uno ni lo otro.

Nos remontamos en el ayer y tropezamos con un técnico de fútbol quien dijo, tras perder un campeonato, que tenía tiempo de no ver a un vencido tan superior al vencedor.

Pudo haber quedado como una simple rabieta de Centeno. Pero no. Después vendrían otros perdedores para quienes el fracaso no está en su diccionario futbolero.

Ni siquiera sinónimos encontraron para dar la cara en la rueda de prensa. “Objetivo no cumplido”. Todo un eufemismo para bajar un poco de rubor al “colorazo” del año, protagonizado por el catalán Rudé.

No faltó quien atribuyó la pérdida del título al “injusto hecho” de jugar dos encuentros más que su verdugo. A Mariano Torres le parecía más legítimo llevarse el trofeo a casa gracias a una sola buena noche de su equipo, a pesar de que en los seis episodios que enfrentó al Club Sport Herediano perdió cinco batallas.

¡Ser buen ganador! Parece más sencillo, pero no. Basta con recordar el festejo por la 30 manuda. En una oda al autobombo se convirtió el documental para festejar la esperada corona. En resumen: todo pasó gracias a la épica y titánica labor de Agustín Lleida, una especie de Quijote del fútbol moderno, quien llegó a pelear contra los molinos de la incomprensión y el “serrucho” tico.

Cuatro largos episodios para hacer “justicia” al hombre clave de la gesta manuda, elevado a la máxima potencia de la genialidad. No solo restó mérito a los tantos artífices de la ansiada corona, sino que nubló el camino que, según el mismo Lleida, llevaría a su Liga por la senda de sucesivos éxitos.

Pero está la otra cara del festejo. La que casi es un hábito en el Club Sport Herediano. La celebración enconosa, revanchista, victimista, con que los dirigentes matizan sus mejores momentos.

Siempre con dedicatoria: “A este porque dijo que no teníamos nada”. “Al otro porque es de los muchos enemigos”. ”A los que dicen que lo nuestro es un gallinero, pero seguro es por los huevos que aquí sobran”. “A los que no nos quieren”.

La hora de júbilo se convierte en la hora del ajuste de cuentas. Más que saborear el éxito, aquello parece un resumen del viacrusis que han debido transitar para ascender a la gloria.

Aceptar la derrota, reconocer y honrar al ganador. Disfrutar el éxito, ser humilde en la grandeza y magnánimo con todos los adversarios. La “master class” que todos en el fútbol seguimos reprobando.

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