Jacques Sagot. 18 enero

Un portero de la jerarquía histórica de Marco Rojas. Este puesto viene flaqueando en el equipo desde hace muchos años, y la directiva no ha podido subsanarlo.

Un número 9, un hombre para los últimos 5 metros del terreno, que esté metido en el área rival, jugando en las barbas del portero, recogiendo rebotes en los palos y rechazos del arquero. Ninguno de los actuales delanteros ofrece este perfil.

Un líder, el hombre que le dé salida al equipo con zancada larga y balón pegado al pie. Un líbero, sí. En el momento actual, cada vez que el equipo intenta salir con balón controlado, todos nos quedamos con el corazón suspendido entre sístole y diástole: siempre hay alguien que lo pierde, y ahí va medio gol en contra. La salida de Saprissa es un vía crucis, un martirio como el de Sísifo.

Lo mejorcito del equipo es su cintura, con jugadores talentosos como Mariano Torres, Marvin Angulo y Michael Barrantes. Pero es una pena ver a estas piezas creativas, a estos pasadores de toque preciso y pulcro, desperdiciados en funciones de marcaje y recuperación de balones. Hacen falta volantes de contención: hombres recios, murallas humanas, que cuando disputan un balón dividido metan la pierna o la cabeza como auténticos gladiadores.

Un buen puntero derecho. Colindres hace lo que puede por la izquierda, pero eso produce la impresión de un equipo asimétrico, “renco”: no tiene juego de desborde por la derecha.

Saprissa necesita renovar toda su inepta, comatosa línea defensiva. Y por favor: no encajar más goles a balón parado. Para esas jugadas ensayadas hay soluciones defensivas: ¡úsenlas!

Señor Rojas: ya le ha prestado el equipo dos años a un muchacho que lo que hace es probar, y probar, y probar, y se divierte viviendo la fantasía de ser Rinus Michels. No necesitamos a un técnico que revolucione la práctica del fútbol en Costa Rica, sino simplemente a alguien que nos devuelva la alegría y el honor de ser saprissistas.