Roberto García H.. 15 septiembre
Jaime de la Pava salió del Club Sport Herediano esta semana. Foto: José Cordero
Jaime de la Pava salió del Club Sport Herediano esta semana. Foto: José Cordero

Hay un común denominador entre los equipos de fútbol de la Primera División cada vez que prescinden de los servicios del director técnico. Emiten un comunicado de prensa en el que dan a conocer que llegaron a un acuerdo con Perico de los Palotes, para que no sea más el timonel e, invariablemente, cierran la nota agradeciendo “la seriedad y el profesionalismo del señor De Los Palotes”. Entonces, ¿por qué lo despiden?

Revisen ustedes, amables lectores (as), los archivos periodísticos y comprobarán lo que afirmo, o busquen en informaciones de los últimos días el comunicado emitido por Herediano, a raíz de la destitución de su estratega, Jaime de la Pava. En realidad era difícil que el cafetero se pudiera sostener, a pesar de que el señor sabe de la materia. Sin embargo, no se le dieron los resultados y la paliza que sufrió el Team ante la Liga, fue la gota que colmó el vaso. No había más remedio, el hombre tenía que dar el paso al costado.

El problema radica en que, como hemos escrito en distintas ocasiones, el hilo se rompe por lo más delgado y el razonamiento que prima entre los dirigentes es que es más fácil echar a uno, que a todos. Se ha incubado la idea de que quitar a un técnico y poner a otro funciona como la pomada canaria. Y, de verdad, a veces da resultado. Quitan al titular, asume el asistente, o quien sea, y como por arte de magia, o por aquello de que toda escoba nueva, barre bien, se ganan uno o dos juegos, pero después… “sigue Petra con calentura”.

Quitar a uno y poner a otro da el margen para paliar, momentáneamente, la frustración de la hinchada. No obstante, la medida de facto no alcanza para extirpar los males. Quiere decir, entonces, que los dirigentes deberían abandonar la táctica de tomar decisiones radicales, solo para complacer a la grada. En general, el entrenador de un plantel en crisis es la punta del iceberg, o sea, la parte visible de problemas con mar de fondo. Una política sana tendría que ser aquella que, antes de decapitar al timonel, revise la estructura del club y siente responsabilidades a nivel de jugadores, de dirigentes y, claro está, del cuerpo técnico. De lo contrario, quitan y ponen; la “escoba nueva” se jala un par de chiripas y después… “sigue Petra con calentura”.