Por: Antonio Alfaro 13 enero

Bendita suerte, manoseada suerte, mentada suerte, traicionera suerte. Invocada en exceso, se había vuelto excusa en Alajuelense. “No hemos tenido suerte”, decía Farinha. “Nos ha faltado suerte”, decía Benito Floro.

Si un día se depende de la suerte y al siguiente también, quizás el problema no está en la indomable fuerza del azar, por más que los técnicos no destaparan el tema de fondo.

Confesado así mi recelo cuando todo se suele atribuir a la fortuna, debo decir que, esta vez, Alajuelense la necesita para pelearle el título a Saprissa y Herediano.

11 contra 11 no hay grandes diferencias. Ahora que los dirigentes rojinegros entendieron que la gramilla híbrida y las mascotas remozadas no ganan cetros, reforzaron la oncena manuda con inteligencia, sin despilfarros ni desequilibrios.

Un defensa (el panameño Roberto Chen), dos volantes de marca (José Miguel Cubero y el hondureño Garrido), un creativo (el también catracho Alex López), un compañero en ataque para McDonald (el hondureño Róger Rojas), más la aparente recuperación de Allen Guevara (nada desequilibrante en los últimos tiempos) y unos fichajes pendientes hacen de la alineación manuda una propuesta respetable.

Aclaración: no olvidé al volante creativo Freddy Álvarez, pero siendo blando escribiré “sin comentarios” ante un fichaje con algunas libras de más, justo para un torneo que no da tiempo de tomar impulso (se inició hace una semana y ya vamos por la tercera fecha).

Mientras aparece el repatriado de Perú, la Liga ya muestra un equipo competitivo con tan solo un pequeño inconveniente: sus estelares no tienen derecho ni a un mal resfrío.

Conformen asomen las lesiones, los amonestados y el cansancio propio del trajín domingo-miércoles-domingo, Saprissa y Herediano tendrán más recursos a disposición. Alajuelense, en cambio, necesita un ángel de la guarda que libre de todo mal a su dupla McDonald-Rojas y demás estelares, entre los que ya no figuran Pemberton y Chen, por lesión.

Necesita suerte, no hay duda, pero al menos ya no depende solo de ella, de aquella manoseada y barata suerte.