Amado Hidalgo. 18 septiembre

Medio entiendo que la ambición por ganar títulos, y no el impago de un mes o más de salario, pueda empujar a Wanchope hacia la puerta de salida del Cartaginés. Y que, de una vez, tome camino hasta Heredia para cambiarse la camiseta.

Pero no comprendo cómo abandonó un proyecto en el que muchos creyeron, sobre todo sus jugadores, sin un asomo de duda. Sin un adiós para los muchachos, confesando en la sala de prensa herediana que “la decisión futbolística fue muy sencilla” y que “lo de Cartago ya es pasado”.

Cartaginés le dio la oportunidad de volver al banquillo. Con la conocida crisis económica y deportiva del equipo, nadie podría decir que Wanchope llegó engañado al Fello Meza. Si es por dinero, no habría puesto un pie en él. Llegó para reencontrarse con su yo entrenador, a asumir un reto durísimo, pero tentadoramente desafiante.

Su Cartago merecía mejores resultados, ante una propuesta de buen juego. En el aire estaba esa sensación de que pronto iba a rendir en la tabla tanto como en la grama. El equipo se veía convencido y su gente esperanzada.

Hay ocasiones, como esta, donde el profesionalismo pasa por honrar los retos, mas allá de las dificultades, de si hay dinero o no. Suena chocante que un técnico llegue a otro banquillo confesando su buen ánimo porque ahora sí tiene el material idóneo para trabajar. Porque horas antes, seguramente, estaba tratando de convencer a sus expupilos del valor individual y colectivo de cada uno y del equipo blanquiazul.

Pero más reprochable aún es la jugada del Herediano -institución-. Esa misma tarde, Aquil Ali se jactó de haber dado un nuevo golpe mediático, porque “así somos nosotros”. ¡La oferta y demanda en su máxima expresión, el fútbol como un simple negocio!

Lo cierto es que Cartago no tenía dinero para competir contra Heredia en la puja, amparada por una cláusula de liberación. Con el agua al cuello, sus directivos no podía negarse y su papel quedó relegado a sacar lo máximo posible de “la negociación”.

La dirigencia que estaba “llorando” días atrás porque Jairo Arrieta se fue a Saprissa, después de quedar libre, y no a un equipo chico como les hubiese gustado, ahora ve normal la contratación de Paulo Cesar. El jugador fue liberado, pero a Chope lo arrebataron a un equipo que lucha, desde hace varios torneos, por sobrevivir a una crisis y honrar su historia en el fútbol local.

Apenas a 10 fechas de iniciado el torneo, apostando a la billetera, valiéndose de la miseria de Cartago, ejecutando un acto del más puro egoísmo, puesto que Heredia tiene dinero para contratar a cualquier entrenador en el área. Aunque esto sea un negocio, no me acostumbro a esas patadas contra el fair play.