Amado Hidalgo. 24 abril

En un campeonato al rojo vivo, las emociones pueden llevar al engaño... Al punto de creer que vivimos un gran torneo.

San Carlos y Pérez Zeledón pueden ufanarse. Para ellos sí hay aplausos y aún sin el brillo que podría suponer sus posiciones en la tabla, se han metido allí por méritos propios.

Pero, pregunto: ¿Qué sería de ellos si La Liga, Herediano y Saprissa honraran el sitial histórico que sus planillas demandan? Al menos uno de ellos estaría alistando el televisor para ver la segunda ronda.

Si norteños y sureños ganan su ultimo cotejo, llegarán a 39 puntos, alejados a nueve unidades de lo hecho por Alajuelense y Saprissa en el torneo anterior, donde decidieron el primer lugar por gol diferencia. Los morados, sumando de tres el domingo, tendrán un déficit de una decena de puntos respecto a ese campeonato.

Los manudos, grandes damnificados de su invernal centenario, están a 19 unidades de su actuación anterior. Todo un mundo. Pero, ojo, con solo un triunfo en cualquiera de los tres juegos anteriores, aun estaría peleando su acceso a la ronda siguiente.

No es demeritar el trabajo de los no tradicionales. Con sus armas cumplen con el mejor papel que la exigencia les puede demandar. Pero son ganadores en un río revuelto de peces desinflados que, pese a ser carroñeros, han perdido el respeto de los que solían temerles.

Los números son contundentes. Los lideres actuales tienen un rendimiento del 57 por ciento. Cualquier niño de escuela se quedaría con menos de un seis en su nota. Por eso, no vale que algunos agiten pañuelos y tañan campanas, anunciando un fútbol competitivo y el advenimiento de nuevos grandes adversarios.

Lo ideal sería que la pelea a muerte tuviera como origen un gran momento de los aspirantes y no, como ocurre, la irregularidad de los obligados a clasificar. Pérez y San Carlos; sin embargo, merecen el respeto de todos porque hacen lo suyo, con menos insumos que los equipos tradicionales.

Esa versión caricaturesca de un campeonato sin jerarquías provoca que, como ocurrió en el torneo anterior, el que llega de “panzazo” pueda ponerse la corona. O que un equipo que arrastró sus piernas durante toda una segunda vuelta, Grecia, esté aun con aspiraciones a pelear el título.

Luego viene la Concacaf y revela las miserias de nuestro campeonatito. Un dulce aquí, para endulzarnos, y un par de nalgadas en México o Estados Unidos, para despertarnos. Nos damos cuenta de que mientras los demás juegan al FIFA 2019, nosotros apenas nos iniciamos en el Atari, con futbolistas a ritmo de tortuga.