Amado Hidalgo. 3 abril

Para funcionar bien, un equipo de fútbol necesita de ciertos valores que no le hagan perder su rumbo. El más importante: la solidaridad. Apechugar el error del otro, compartir el acierto de uno, llorar juntos las derrotas y celebrar el triunfo colectivo, por encima de cualquier logro individual.

No van a ningún lado los futbolistas, entrenadores o dirigentes que se lavan las manos, y señalan al de a la par, como responsable de las derrotas.

Peligrosamente, esa práctica está de moda en el fútbol local. Para salvarme yo, enlodo al compañero, al pupilo, al árbitro o hasta al periodista, con el fin de no ser evaluado en mi rendimiento, muchas veces desafortunado.

Wálter Centeno, por ejemplo, habla de “educar” a sus jugadores, como la vía necesaria para que Saprissa camine. Mientras ellos -los futbolistas- no “se eduquen” y entiendan la filosofía y el teje y maneje del fútbol preciosista, el equipo no podrá caminar.

O sea, no falla el instructor ni el método. Falla el alumno, lento o reacio para aprender. Pero, además, Paté de alguna manera los exhibe, pues al contestar que si tiene un once ideal, contesta que cuenta con 14 jugadores, porque a algunos los rota.

¿Y los restantes futbolistas de la planilla? Muchos, que hicieron campeón y subcampeón al cuadro morado, seguramente se sienten incómodos con su técnico. No parece sensato que, en plena lucha por el título, y en los días en que figuraba como líder, la cabeza deportiva del Saprissa cuestionara la aptitud de sus jugadores, como lo acaba de hacer con John Jairo Ruiz.

Tiempo atrás, en medio de la crisis manuda, el presidente -Fernando Ocampo- cuestionó el compromiso y entrega de los jugadores, argumentando que si era necesario depuraría la planilla. En lugar de “lavar los trapos en la casa”, los exhibió, señalando a los futbolistas, sin hacer un mea culpa colectivo, entre un mar de desaciertos en la casa rojinegra.

El gerente deportivo de Grecia, acaba de mandarse con una joyita: “Nos equivocamos contratando a Allan Alemán, no está preparado”. Lo dijo cuando el equipo marchaba aún en el cuarto lugar. ¿Con que ánimo llega el técnico al otro día a dirigir? ¿Cuál respeto y credibilidad puede generar a un futbolista su entrenador, descalificado de esa manera?

Con Jafet Soto ya sabemos su estrategia. Siempre la culpa es del árbitro, de la comisión que los nombra o del periodista que habla mal del Team, o no lo quiere a él. Si Herediano pierde algún partido, de fijo saldrá un agente externo en media conferencia.

No es extraño entonces que, si la Selección no camina bien, sea porque los nuevos no pasaron el examen, el cambio generacional requiere tiempo, o “los muchachos tienen que agarrar la idea”.

Salvar el pellejo a toda costa, es el verdadero deporte en el fútbol casero.

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