Jacques Sagot. 26 agosto

Más grave que nuestro pésimo desempeño en Rusia 2018. Las declaraciones filtradas de Erick Lonis son una indignidad, una apoteosis de la vulgaridad, un monumento a la pachuquería en lo que esta tiene de más primario, obsceno e incivilizado. Cada una de las agresiones verbales que le espeta a su víctima, equivale a una agresión física: bofetadas, patadas, escupitajos… todo ello transpuesto al registro de la oralidad, pero igualmente violento y contusivo.

Siento un respeto profundo por don Erick Lonis. Como persona, deportista y directivo. Pero execro el acto que cometió, cubriendo de baba viscosa a su víctima. El florilegio de insultos que le obsequió es indigno de él. Y al decir esto, dejo en claro la alta imagen que de él tengo, pues si lo tuviese por un pachuco cualquiera su reacción no me hubiera en lo absoluto sorprendido.

“Doctor Jekyll y Mr. Hyde”: hay una faceta de Erick Lonis que ha quedado expuesta. ¿Corresponde esta al verdadero, al genuino, al químicamente puro Lonis? No lo creo. Más me inclino a pensar en un momento de ofuscación. Eso sí, no nos salga con que lo que usted hizo le “sucede a cualquiera”. Usted abrió un tanque séptico y nos dio a oler a todos su contenido. No, eso no le “sucede a cualquiera”. Hay que tener muy bajo control sobre la ira para hacer una cosa así. Su error consistió simplemente en haber abierto la boca, cuando masticaba usted su rabia.

Lo he dicho anteriormente y vuelvo sobre mis palabras. Un ídolo deportivo pierde el derecho a toda conducta ruin. Hay niños y jóvenes que lo tienen por modelo, por héroe, por ejemplo a emular. Lo quiera usted o no, se convierte en un educador ad hoc.

El diluvio de palabrotas e inmundicias que dejó usted caer sobre su víctima lo descalifica como pedagogo, como directivo, como líder, como personaje mediático y como hombre de bien. Enjuáguese la boca con Listerine, y pida una enorme disculpa a este país que lo ha seguido y respetado por tantos años.