Amado Hidalgo. Hace 2 días

Me gusta la gente idealista, que rema contra corriente y cree en sus sueños. Pero un entrenador de fútbol no puede vivir de sus ideales, pues hay mucha gente alrededor que tiene los suyos, ligados casi siempre a los trofeos.

El Wálter Centeno de los sueños hace rato que está en una encrucijada. Ya no puede seguir defendiendo sus ideas ante los micrófonos, si no es capaz de hacerlo en la cancha. “Montar baile”, “hacer más de 500 pases por juego”, “salir jugando como obligación”, ahora son simples frases de colección.

Pero tampoco puede poner su ideario en la pizarra, si en el aula está su gerente deportivo, su asistente y su presidente, todos frunciendo el ceño. Como lo han hecho también algunos de los jugadores de más recorrido, sacudidos por la realidad de los resultados.

Poco a poco, cual Quijote contra los molinos de viento, el romántico e idealista técnico fue perdiendo las batallas. La posesión de la pelota apenas le alcanzaba para dar baile ante rivales de poco fuste o mal plantados en el Ricardo Saprissa. La presión sobre sus defensas o los equipos echados atrás en procura del contragolpe, resultaron pesadilla para los sueños de Centeno.

Los debates en el camerino llegaron a los dirigentes. Un hombre con mano dura en la gerencia deportiva, Cordero, y un asistente que le ayudara a parar defensivamente al equipo, Herrera, sin música y lirismo, fueron las decisiones impuestas, para salvarlo del naufragio.

Le alcanzó para muy poco. Un trofeo en Centroamérica de poca estatura, con una final en donde, por primera vez, el Saprissa de Centeno tuvo como protagonistas estelares a sus defensas y no a los hombres ofensivos.

Aquella noche en Honduras, la S fue mucho de lo que su técnico no quería que fuera. Reventó la pelota sin sonrojo, perdió tiempo, peloteó y cuando pudo, solo cuando pudo, se amigó con el esférico para hacer correr al rival.

Cuando tuvo luz verde para el juego lindo, no encontró la rima para conjugar verbo y sustantivo. Ataque vistoso y con gol, pero defensa expuesta y sin respaldo. No hubo resultados. Al final de esta campaña, obligado a renunciar a parte de su propuesta, el equipo se vio mejor en el fondo, pero perdió fuelle en la ofensiva.

El “Rey Paté” tendrá que acoger en su corazón una sola verdad. O se aferra a sus sueños y libra una batalla con su dirigencia, que puede serle mortal, o renuncia a la pureza de su filosofía, y acepta aprender y adoptar en su pizarra lo que para él es la parte oscura del fútbol.