Antonio Alfaro.   17 febrero

Respetado don Wálter:

Le escribe el “escéptico” del otro día, como usted le llamó a este servidor, medio en broma medio en serio, cuando nos topamos en Teletica después de Zona Técnica. Iba en carreras para La Nación, pero me habría gustado conversar un buen rato de fútbol; con usted es interesante, retador y, por ratos, muy divertido, sobre todo cuando defiende su idea con ademanes y entonaciones dignas de los mejores actores.

Ciertamente, no debe sumarme entre aquellos que “aceptaron el fútbol en su corazón”, como usted les llama a quienes comulgan con su estilo de juego favorito, pero tampoco me enliste entre los ateos, herejes o impíos, ni siquiera entre sus detractores.

No es que no le crea a la posesión de balón. Si no fuera por la pelota, el fútbol sería alguna rara modalidad de atletismo. La pelota es la pelota. Tan solo, don Wálter, hay varias formas (y velocidades) de llevarla al arco contrario; todas válidas si son bien ejecutadas.

¿Sabe? A veces siento que le baja el piso a cualquier estilo diferente al suyo, como si el contraataque, por ejemplo, no fuera una belleza con el estilo de Bélgica en el Mundial. Me pongo de pie si un equipo pasa de un tiro de esquina en contra a un remate a favor en tres o cuatro pases; más aún si participan unos cuatro jugadores que, a toda velocidad, en sincronía perfecta, con diagonales, movimientos de distracción y pases precisos, generalmente lanzados al espacio vacío, recorren el campo de área a área en diez segundos.

Al final de cuentas, es mucho cuestión de gustos. ¿O no? En eso, le confieso, soy medio acomodado: puedo disfrutar de un contraataque del Liverpool de Jurguen Klopp como de un pasabola de su idolatrado Manchester City de Pep Guardiola.

Me cuesta más deleitarme, lo confieso, si la posesión tarda mucho en pasar del medio campo. Tampoco me divierten demasiado los juegos con pocos ¡uy! en las porterías, así se sumen 500 pases y sirvan, como usted bien dice, para defenderse con la pelota. Funciona, lo sé: si el rival la tiene poco, Saprissa disimula que su zaga es la zona más débil. Si la primera vez que su rival tiene más la pelota, le meten dos goles, casi tres, como lo hizo Grecia, le entiendo que usted prefiera tenerla.

Por cierto… Fue valiente y pretensioso eso de postear en su página de facebook un video de Saprissa junto a otro del City, como si se tratara de una prueba irrefutable de “el fútbol como Dios manda”: ‘Lo que para algunos en este país es aburrido y lento, en Europa le llaman fútbol moderno. Sé que aún nos falta mucho trabajo, pero lo intentaremos (…)”.

Usted perdone, don Wálter: aunque los dos videos rebosan pases, de esos que van para un lado, para el otro, para adelante, para atrás y para el otro lado, encontré algunas pequeñas, pequeñísimas, diferencias. El City hace un pase cada dos segundos; Saprissa, tarda casi cuatro segundos en dar uno. El City llega al último cuarto de cancha en menos de 20 segundos; Saprissa tarda unos 40.

Tampoco me crea ingrato. Fue usted quien nos puso a comparar. Yo entiendo que no puedo pretender el mismo toque, casi de primera intención. Es más: reconozco su buen propósito, la virtud de tener un estilo y defenderlo, algo que no sobra en esta vida, sin importar de qué profesión hablemos.

No pretendo un pasabola como el del City y ni siquiera el “pegué baile” ante el Tigres de México, un equipo con más recursos que los nacionales para presionar arriba. Si la Liga y Grecia lograron incomodarle la salida, me temo que el cuadro mexicano eleva el riesgo a la pretensión de salir siempre jugando. A estas alturas, le voy a ser franco, me bastaría con que Saprissa no quede mal parado.

Perdone si soné un poco negativo. No fue mi intención.

Con todo respeto, este escéptico.

P.d. Le comparto algunas fotos del juego ante Grecia.

El Grecia de Allan Alemán logró quitarle la pelota a un Saprissa sin buena parte de sus titulares. Por primera vez sin la posesión a su favor, el cuadro del Paté recibió dos goles. Foto: Rafael Pacheco
Aarón Cruz, con un gran achique, evita que Grecia logre el 3 a 3 en los minutos finales del juego. Foto: Rafael Pacheco
Cuando Saprissa parecía estar bajo amenaza, el hondureño Rubilio Castillo puso fin a la zozobra con el 4 a 2. Foto: Rafael Pacheco