Antonio Alfaro. 8 diciembre, 2018

No dice frases polémicas, no atiza en contra del rival, no arremete en demasía contra el arbitraje. Incluso dejó de lado las constantes insinuaciones sobre la ‘posible’ contratación del lateral liguista Orlando Galo.

Este Jafet Soto, el de las últimas semanas, el de la final de la segunda fase, el de la ventaja de 2 a 1 sobre Alajuelense, algo se trae entre manos.

A lo mejor los años le enseñaron a concentrarse más en el fútbol que en la maña.

Comercial: a veces la maña es al fútbol como la sal a la comida: si no se tiene, hace falta; en exceso, la echa a perder.

Su único disparate, si acaso se le puede llamar así, más bien una incongruencia, asomó ante la pregunta de nuestro compañero José Pablo Alfaro: “¿A su criterio cuál es el mejor técnico del fútbol nacional?” Jafet Soto no dudó en responder que, aparte de Hernán Medford, uno de los mejores es Paulo Wanchope. ¿En serio?

Siempre he considerado a Wanchope uno de los mejores profesionales del fútbol costarricense, así en su etapa de jugador, como gerente o director técnico, muy a pesar de los resultados pendientes en el banquillo. Tan solo no entiendo a Soto, el gerente deportivo del club que despojó a Cartaginés de su técnico para despedirlo mes y medio después.

La respuesta está en los resultados, me dirá más de uno, esas cuatro derrotas acompañadas de un empate y cuatro victorias. Quizás. Pero si usted cree tener al mejor técnico nacional después de Medford, corresponde darle tiempo, dejarlo armar equipo y respaldarlo en por lo menos un torneo completo. Tan solo me parece incongruente su respuesta con lo sucedido en el Rosabal.

Por lo demás, Jafet Soto se ha mostrado casi impecable en sus declaraciones y planteamientos. La serie ante la Liga habría quedado prácticamente liquidada en el primer juego, de no ser por el error individual de Keyner Brown, de esos que le pasan a cualquiera.

Desde su llegada, los resultados empezaron a favorecer al cuadro rojiamarillo, que desde un 56% de rendimiento entre lo dirigido por De la Pava y Wanchope escaló hasta un 73% bajo su mando.

Herediano, sin ser deslumbrante, se muestra equilibrado, permite pocos remates en contra, corta el juego rival con buena marca y más faltas que Alajuelense, pero sin mayores consecuencias. Sabe hacerlo.

Aunque no adivino si el segundo juego le quitará la ventaja y la compostura a Jafet Soto, es justo reconocerle que llegó hasta al Morera comedido, controlado, dominador de sus palabras y planteamientos.