Esteban Valverde. 15 mayo
Marcos Mena fue un dolor de cabeza para la defensiva saprissista en ambos juegos, en el Carlos Ugalde se pulió para frenar la salida morada. Fotografía: José Cordero.
Marcos Mena fue un dolor de cabeza para la defensiva saprissista en ambos juegos, en el Carlos Ugalde se pulió para frenar la salida morada. Fotografía: José Cordero.

San Carlos jugó con todo para dejarse el cetro, hasta con su nerviosismo. El cuadro norteño dejó a sus aficionados sin uñas, contra la malla de la gradería oeste del Estadio Carlos Ugalde los seguidores se mordían los labios, se jalaban el cabello y abrazan entre ellos con cada acción defensiva exitosa, al final eso no importó porque alzaron la copa.

El cuadro norteño empató 0 a 0 con el Saprissa en un duelo de dientes apretados, pocas acciones ofensivas y mucha tensión en el campo. El nerviosismo sobre la gramilla sintética del Carlos Ugalde era notorio al punto que Wálter Centeno constantemente golpeó el banquillo, mientras Luis Marín se comió el borde del cuello de su suéter que vestía.

Gran festejo en Ciudad Quesada tras el campeonato de San Carlos

Posted by nacion.com on Wednesday, May 15, 2019

La igualdad del cotejo de ida que terminó 1 a 1 favoreció a los Toros del Norte, quienes cuidaron ese tesoro que se robaron del Ricardo Saprissa, lo defendieron a muerte y a la postre ese tanto les permitió la consagración con bravura y orgullo.

El último juego del Clausura 2019 no fue vistoso, de hecho San Carlos lucía tímido con la pelota, fue un equipo impreciso, sin ideas ofensivas; empero en defensiva recordó las mejores versiones de las escuadras de Jorge Luis Pinto y Óscar Ramírez: orden y aplicación fueron los elementos para evitar contratiempos.

En defensiva, San Carlos con ocho hombres frenó los intentos morados de penetración, la zona media fue saprissista; ahí Rándall Leal, Mariano Torres y Christian Bolaños transitaron con normalidad, empero cuando el balón debía conectar con la ofensiva se toparon con piernas, pechos, cabezas y hasta espaldas que funcionaron como murallas.

El Paté Centeno pidió calma con sus manos, pero él mismo entró en el juego psicológico de que él tiempo pasaba y la claridad no aparecía, en un minuto gritó por tranquilidad en la elaboración, pero en el siguiente minuto aplaudió y pidió que metieran intensidad porque el partido se le escapaba.

Luis Marín a escasos cinco metros a la izquierda de su colega tampoco sabía conservar la paciencia. El excapitán de la Selección Nacional no encontró la calma que sí tuvo en el juego de ida, en el estadio norteño, el estratega explotó constantemente contra el arbitraje para solicitar fluidez y también le insistió con llamadas fuertes de atención: ‘Fuerteees en la marca, carajo’.

El primer tiempo no contó con emociones en los marcos, sin embargo tampoco permitió la relajación. El silencio incómodo con pequeños murmullos se apoderó de las graderías y de vez en cuando la afición de San Carlos explotó con el 'oéeeeee, oéeee, oéeee, Toros'.

La guerra contra el reloj fue de Saprissa, así San Carlos con comodidad administraba los tiempos atrincherado en su área pero sin sufrir.

El complemento mantuvo la misma tónica, los rojos se replegaron ya no con ocho sino con 10 toros en su corral, el único que luchó en ofensiva fue Álvaro Saborío, el atacante chocó con todos, no se arrugó e intentó ganar entre tres o cuatro, algunas veces lo logró en la mayoría no.

Centeno, contrario a otros duelos, tardó en enloquecer por atacar. En la ida ante San Carlos, también en los juegos frente a Pérez Zeledón en el segundo tiempo ya jugaba con tres delanteros, pero en el partido que se jugaba la vida no se atrevió a buscar el todo por el todo tan rápido... Lo hizo hasta el 80'.

El técnico tibaseño sacó a su mejor hombre de área Rubilio Castillo para incluir a Marvin Angulo, también colocó a Jairo Arrieta en vez de Luis José Hernández y por último puso a John Jairo Ruiz por Alexander Robinson, no obstante la desesperación por intentar meter el balón al área fue tal que todas las acciones disputadas terminaron en falta a favor de los norteños.

En el cierre, Álvaro Saborío estuvo a punto de lograr el gol de la victoria, pero Alejandro Gómez lo frenó dos veces en detrimento de una S que no encontró la claridad.

Al final la locura invadió el Carlos Ugalde, más de 1000 aficionados invadieron el terreno de juego, Saborío se fue contra la banca saprissista y se encaró con Paté Centeno, como quien se sacaba la espina clavada desde febrero de 2017 cuando le echó la afición morada con silbidos e insultos, Luis Marín lloró junto a Harold Wallace y San Carlos alzó la copa un año después de ascender de la Primera División. ¡Este toro no tiene montador que lo dome! ¡Oleeee!... Los Toros sellan la mejor faena de su historia.