Roberto García H.. 20 julio
Jimmy Marín controla una pelota en el duelo de vuelta entre el Beer Sheva y el Laci. Fotografía: Facebook del Hapoel Beer Sheva.
Jimmy Marín controla una pelota en el duelo de vuelta entre el Beer Sheva y el Laci. Fotografía: Facebook del Hapoel Beer Sheva.

No conozco personalmente al futbolista Jimmy Marín Vílchez. Apenas lo he visto jugar, ni siquiera en algún estadio, únicamente a través de la televisión. Sin embargo, hace pocos días el muchacho motivó en mí una profunda emoción cuando, al recibir su primer pago en Israel, donde se incorporó al Hapoel Be’er Sheva, canceló la deuda por la casa de su familia y liberó a su padre de trabajar para que la presencia del progenitor garantice la atención, la estabilidad y la unión en el hogar.

Como se sabe, Jimmy, de un origen muy humilde, abandonó la Selección Nacional días antes de la Copa Oro, toda vez que la oportunidad profesional y económica en Israel era única y no podía dejarla escapar. A raíz de su intempestivo viaje al exterior, el técnico Gustavo Matosas decidió “golpear la mesa” y está pendiente una fuerte sanción de la Fedefútbol contra el nuevo legionario, eventual castigo que, según entiendo, continúa en estudio. No voy a entrar entonces en esas consideraciones disciplinarias, propias del rigor que, según parece, impera en el Proyecto Gol, donde no hacen excepciones. Ahí, por lo visto, no se admite que quienes sean llamados a defender a la Tricolor, declinen semejante “obligación patriótica”.

Para mi regocijo espiritual, me quedo con el maravilloso ejemplo de un carajillo que cumple a cabalidad con el precepto del cuarto Mandamiento: Honrarás a tu padre y a tu madre. Es un sentimiento de gratitud que además le extiendo por restaurar en la opinión pública la fe en la juventud costarricense, tan venida a menos, tras un mes de desaciertos y crisis de identidad de parte de chiquitos dejados de la mano por sus papás, a tal grado que un grupúsculo de imberbes, “líderes” en protestas estudiantiles contra lo que sea, ya no saben quiénes son ni adónde van.

Afortunadamente, Jimmy Marín y miles de jóvenes como él, conforman legiones de muchachos y muchachas que saben honrar a sus padres y al país con los emblemas del estudio, el trabajo, el esfuerzo y la dignidad.

Muchas gracias, Jimmy, por ayudar con sus ideales a que se nos pase el trago amargo de las últimas semanas, en las que hemos sido testigos del acelerado deterioro de nuestra pobre Costa Rica de las barricadas.

Archivo: Nación Deportiva: ¿Quién tiene la razón Jimmy Marín o Gustavo Matosas?