José Pablo Alfaro Rojas. 22 abril

La cámara de televisión enfocó a Luis Garrido en el banco. Su rostro de frustración fue un presagio de lo que vendría después de su salida. En su lugar ingresó José Luis Cordero, y Luis Sequeira retrocedió unos metros para asumir las funciones del catracho.

Todo cambió para la Liga. La coordinación, tan influyente en el buen ver del club, se quebró con el nuevo rompecabezas. Cordero no sustuvo la pelota, la Liga entregó la iniciativa demasiado temprano, se perdió el equilibrio que daba Garrido y Sequeira, vital en el ida y vuelta, no pesó igual cuando se colocó como volante recuperador.

El liguista Luis Garrido marca a Johan Venegas. El catracho era punto alto, pero el técnico manudo lo sacó de variante y ahí vino la debacle liguista. Fotografía José Cordero
El liguista Luis Garrido marca a Johan Venegas. El catracho era punto alto, pero el técnico manudo lo sacó de variante y ahí vino la debacle liguista. Fotografía José Cordero

La Liga tampoco encontró la cohesión necesaria para hacer contragolpes efectivos que le permitieran poner en aprietos a la zaga morada. Por el contrario, la salida de Róger Rojas en lugar de Pablo Gabas le quitó una preocupación adicional a la retaguardia tibaseña.

A Jonathan McDonald no le daban las piernas para correr de un lado a otro y apretar la salida. Tampoco tenía el acompañamiento necesario para sostener y conducir.

Alajuelense perdió la coordinación de la 'yunta' Garrido-Cubero en la recuperación y el complemento ideal que daba Sequeira, tan sacrificado como efectivo para aportar en ataque con el esquema inicial plasmado por Nicolás dos Santos.

Cordero fue una fantasma y la Liga pasó de una goleada de 3 por 0 sobre el archirrival, a a un empate amargo de 3 por 3 en casa, en el primer duelo de la cuadrangular.

"Hubo un poco de descoordinación, hubo movimientos que nos desacomodaron. Es un golpe en lo emocional, pero hay que levantarse", reconoció Sequeira.

Saprissa no lo desaprovechó. Penetró por el centro con la conducción de Mariano Torres, mucho más suelto, y un eje de ataque sobrepoblado, a razón de una marcada realidad de la que se dieron cuenta: Estaban quedando huecos y había que aprovecharlos.

El timonel manudo Nicolas dos Santos giró instrucciones una y otra vez en busca de respuestas, pero ya el daño estaba hecho. El equipo nunca se volvió a acomodar con las variantes, principalmente con la primera, ante el fallido ingreso de Cordero.

Dos Santos se lamenta después del empate morado. José Cordero.
Dos Santos se lamenta después del empate morado. José Cordero.

Dos Santos dice que se tomará un tiempo para analizar si se equivocó o no con los cambios. Cuando se le consultó por la salida de Garrido, dijo que había metido a Pablo Gabas porque aportaba en el juego áereo; sin embargo, Gabas no ingresó por el hondureño, sino que lo hizo por Róger Rojas, cuando ya el partido estaba cuesta arriba.

Además de la negativa influencia táctica que trajo consigo sacar a Garrido, la realidad es que Cordero no pesó con el balón ni tampoco en la marca, lo que limitó en demasía a una Liga que solo tenía que sostener, pues ganaba por tres goles.

Saprissa, en cambio, atinó con sus variantes. El ingreso de David Ramírez y Ariel Rodríguez vino a fortalecer el engranaje ofensivo. Los morados centralizaron sus embates al encontrar los espacios y al final empataron el duelo en la recta final.

En el segundo gol, Christopher Meneses y Patrick Pemberton chocan al ir en busca de la pelota, después de un pase filtrado hacia David Ramírez. Esto le permite a Ariel Rodríguez llegar solo para anotar el tanto del descuento.

Un pase al área que fue desviado por Henrique Moura terminó por abombar las redes nuevamente, esta vez con la complicidad de Pemberton, que pudo haber hecho más.

La Liga lo paga muy caro. Empata en su casa y al final se deja llevar por las emociones. Jonathan McDonald y José Salvatierra, dos pilares del equipo, salieron expulsados.