Esteban Valverde. 12 mayo
Wálter Centeno estuvo inquieto durante los 90 minutos. El Paté no se sentó y caminó de izquierda a derecha durante todo el juego. Fotografía: Rafael Pacheco.
Wálter Centeno estuvo inquieto durante los 90 minutos. El Paté no se sentó y caminó de izquierda a derecha durante todo el juego. Fotografía: Rafael Pacheco.

La locura de Wálter Paté Centeno, su ambición y esa hambre por ganar siempre es lo que sostienen la esperanza de Saprissa para ganar la final de la segunda ronda y mandar el Clausura 2019 a una gran final nacional.

Saprissa empató 1 a 1 con San Carlos en la ida y ahora tendrá que jugarse todo en el Carlos Ugalde, debido a que el gol de visitante hace que los norteños con el 0 a 0 se coronen monarcas del torneo nacional.

Cuando el Paté va perdiendo, su caminar de izquierda a derecha en su área técnica es más rápido, sus tacos blancos ya lucían cafés por el barro, constantemente las manos van a sus bolsillos, luego a su cabeza y terminan con una instrucción en el campo. También conversa con él mismo y gesticula viendo al césped. El estratega parece no escuchar a nadie más y hace lo que su vocación le dicta: buscar el marco contrario.

Centeno, como lo hizo ante Pérez Zeledón, no esperó que el tiempo transcurriera para correr riesgos y los tomó sin temor, eso sí, siempre con la misma fórmula: Rubilio Castillo al campo.

Antes del minuto 60 el hondureño ya estaba en el terreno y afuera el volante contención, Juan Gabriel Guzmán; poco importó que la zona medular se quedara sin su candado, lo que valía era anotar.

Rubilio es garantía completa de peligro, desde que entró le cambió por completo la cara al Saprissa, pero ante esto también hay que dejar claro que el ‘tiqui-taca’ de Paté quedó de lado; lo trascendental fue ahogar al rival sin importar cómo.

Así, los pelotazos iban directos al pívot saprissista, el '9′ ganó las cinco bolas que disputó para crearse opciones o quedar de cara a gol. Su premio cayó en el 63′, después de un tiro de esquina de Marvin Angulo que él con una técnica de cabeceo envidiable envió al fondo de la red.

El artillero, quien con Wálter no ha logrado ser titular, salvó a Saprissa en la ida para buscar la serie de visita; además pidió a gritos ser de la partida en el cotejo del miércoles.

Lo de Castillo es mucho más destacable cuando se analiza que en el primer tiempo el cuadro saprissista fue totalmente controlado por San Carlos, un equipo que llegó a buscar un gol para sentenciar en su casa.

El conjunto dirigido por Luis Marín presionó en campo contrario, al punto que su diana nació de una recuperación en esos lares. En el cierre de la etapa inicial, José David Guzmán anticipó a Christian Bolaños, lo dejó en el césped y sirvió a Álvaro Saborío, el delantero sostuvo el balón entre dos hombres y en un afán de rechazar Juan Gabriel Guzmán la sirvió atrás, donde el norteño Marcos Mena robó la pelota para anotar.

Los de Luis Marín sacaron provecho de la velocidad de Mena y Diego Madrigal; también controlaron el juego de posesión morada con una férrea aplicación en la marca de Christian Martínez y Carlos Acosta. Ambos anularon la creatividad de Mariano Torres y Marvin Angulo.

El control de los Toros fue total hasta el 54′, cuando Centeno enloqueció tácticamente, con atrevidos movimientos en clara respuesta a lo que el campo le dictaba.

San Carlos no se achicó ante nada, ni el Monstruo de mil cabezas del Estadio Ricardo Saprissa lo pudo amedrentar, pese a que la afición metió ganas a los suyos todo el partido pese al retraso del duelo, de dos horas, por la lluvia.

A sabiendas de que el gol en contra dejaba más comprometido al Monstruo que a los norteños, porque los obliga a marcar de visitante, Wálter continuó sin importarle mucho la retaguardia y mandó a Aubrey David al banco para meter a un extremo como Suhander Zúñiga y terminó el encuentro con dos puntas natos: Jairo Arrieta y Rubilio.

Saprissa en el complemento fue un huracán que asedió a más no poder, pero no contó con la efectividad para amarrar la ventaja. Por su parte, los Toros del Norte demostraron en la Cueva ser de lidia para no achicarse ante el escenario, así cuidar el gol de visitante que los tiene a 90 minutos de escribir la página más dorada en su historia.